Identikit

La cueva del tesoro

¿Puede un tejido salvarnos de nuestra última pobreza?
domingo, 19 de enero de 2020 · 00:09

Texto y foto Alfonso Gumucio Dagron

 Esta es una historia de curiosidad científica y amor por el arte que empezó en 1985 cuando los antropólogos chilenos Verónica Cereceda y Gabriel Martínez, y el etnólogo boliviano Ramiro Molina  recorrieron comunidades indígenas de Chuquisaca en busca de las mujeres que habían sido capaces de producir tejidos maravillosos que desde hace años enriquecían colecciones internacionales.

Lo que encontraron fue una enorme pobreza, desorganización social y desánimo en las comunidades, cuyos pobladores fueron despojados poco a poco de lo más valioso que tenían: los tejidos heredados de padres y abuelos, vendidos por cuatro pesos para mantener una precaria sobrevivencia. 

Los nuevos tejidos ya no eran ni tan finos ni tan creativos. Las figuras se habían simplificado y no mostraban la variedad y complejidad que alguna vez tuvieron. La tradición se estaba perdiendo y el tráfico de los textiles hacia el extranjero iba a dejar a las comunidades en la última pobreza: aquella en la que se ha perdido incluso la identidad. 

De esa constatación nace ASUR (Antropólogos del Surandino) y Cereceda se convierte en su principal impulsora, con una entrega total. Nada podía augurar la recuperación de la tradición, pero la apuesta fue el compromiso con las comunidades. En solo tres décadas el resultado maravilla a propios y ajenos. Las obras actuales son incluso mejores, más ricas en su diseño, que las que se hacían antiguamente. 
 

 

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