OLLA COMÚN

La marcha silenciosa: los primeros veintiún días

Todos tienen una historia que contar sobre aquellos días entre octubre y noviembre de 2019. Esta es la experiencia de los jóvenes que rodearon la Plaza Murillo en La Paz. ¿Qué pasó cuando se quitaron las máscaras?
domingo, 19 de enero de 2020 · 00:12

José Luis Durán Paredes

08/11/2019, 20:40, La Paz

Alrededor de unas ciento cincuenta personas caminan por la calle Colón en ascenso a la Ballivián, en absoluto silencio. ¿Cuándo es mejor callar:   cuando todo está a punto de empeorar o cuando algo ya ha empeorado y no hay vuelta atrás? Por favor, silencio, ¡la cabeza dirige! Estaba claro que nadie se andaba con rodeos. Las respiraciones nerviosas de los caminantes, la mayoría por ansiedad, se perciben aún con la máscara antigás ocultando sus facciones. Las órdenes de estar calmados, de no apresurar el paso, de no hacer bulla eran tácitas y repetidas por los anónimos en la vanguardia. Si alguien hablaba más fuerte, todos se encargaban de chitarle. 

La marcha continúa. Las banderas bolivianas se elevan entre la multitud; la mayoría de las personas cargan cascos negros y amarillos; gruesos protectores abrazaban sus hombros y rodillas. Los rostros se cubren con gruesas máscaras o barbijos blancos Los pasos suenan como el arrastre de prendas sobre el pavimento. Algunos avanzan agarrados de la mano de sus parejas, otros elevan sus tricolores. Los cascos brillan por los postes de luz de aquella estrecha calle.

De fondo, explotan petardos y se escuchan cánticos de “¡motín policial!”. Cuando la marcha llega a la Ballivián, muy cerca de la plaza Murillo, todos se detienen y esperan nuevas instrucciones. La incertidumbre nos hace dar ganas de salir huyendo. Nadie sabe lo que va pasar en las próximas horas. 

08/11/2019, 19:30, La Paz

Los jóvenes lo coreaban todo el tiempo, como una súplica con pocas esperanzas que al final se cumplió: los policías, con una tricolor ondeando en la mano, comienzan a amotinarse en Cochabamba. La noticia es recibida con esa emoción que solo nace de la previa aceptación de que no sucediera. La gente de La Paz está atenta a las redes sociales en sus celulares o a los noticieros. La resistencia civil tendría que prepararse para un posible motín paceño. La lluvia cae menuda en la ciudad. No hace frío, la emoción acelera el corazón y la sangre te hierve.

31/10/2019, 21:15, La Paz

Mierda, ¿eso fue una dinamita? Sí, una más, me responde Mateo. Explotan a cada minuto y en el momento que menos se las espera. La calle Loayza es empinada y detrás de las cortinas de humo, que se quedan en el aire por el gas de la policía y las elevadas columnas de fogatas que arden en cada esquina del centro paceño, se puede notar a hombres corriendo y escondiéndose de las piedras que les lanzan jóvenes ubicados al pie de la calle en una barricada hecha de calaminas y escudos caseros. Se posicionan como espartanos protegiéndose de saetas persas y cuando pueden disparan hacia arriba algún petardo. De repente, una de esas figuras sale de su escondite y lanza algo que se percibe como una pequeña chispa de fuego. Ver caer el pequeño resplandor, muy cerca, y saber que hay que taparse los oídos y estrechar el cuerpo a la pared de la calle más cercana, y no levantarse hasta que explote. Todos hacen lo mismo. Los cachorros de dinamita hacen temblar el pavimento y la onda expansiva afecta nuestros oídos quitándonos equilibrio o dejándonos en shock. Explota, algunos retroceden y otros restablecen la barricada humana, incluyendo mi amigo Mateo, que después de la cuarta o quinta explosión me enseñó aquellos consejos para que el siguiente cachorro no volviera a hacerme temblar.

¡¿Quién se cansa?! Varios jóvenes de quienes nunca pude ver sus rostros soportan con más escudos las barricadas y el avance que intenta ascender la Loayza. ¡Nadie se cansa! Los escudos son redondos o rectangulares, tienen el diseño de la tricolor boliviana y al centro con letras negras está escrito el departamento de su portador: CHUQUISACA, COCHABAMBA, LA PAZ. Alguien grita ¡Cubranse! A los pocos segundos explota otro cachorro de dinamita a dos pasos de nosotros. Una voz con acento camba dice “No se rindan, sin miedo, sigan avanzando”. Se escucha el corte del aire por los gases de la policía y todos corren por su lado. Algunos con mejor equipo  se quedan a esperar la llegada de alguna granada para desviarla. 

24/10/2019, 22:00, La Paz

El martes pasado la represión comenzó a las 22:00. Igual que el miércoles. A esta hora los jóvenes que protestamos comenzamos a impacientarnos y botellas o piedras se lanzan desde las filas de atrás. Es muy probable que el gas afecte a los de adelante y que lleguen casi desmayados a una esquina “segura”. Es un riesgo que estamos dispuestos a correr. La mayoría tiene máscaras caseras. Los cascos tienen un precio relativamente barato, entre 15 a 40 bolivianos. Otras personas llevan sus cascos de motociclistas o de ciclistas. 

Es la hora, hay silbidos y petardos explotando por lo bajo. Se espera que los policías ubicados alrededor de la plaza Abaroa pronto hagan volar granadas de gases sobre nosotros. Lo sabemos.

08/11/2019, 23:00, La Paz

La incertidumbre es obvia. Muchos dejan sus escudos en el suelo y se sientan en las aceras. Unos dicen “estamos aquí por si la UTOP decide amotinarse, debemos cuidarlos”. Otros están preparados para escapar ante el motín porque creen que los militares saldrán a reprimir. “Daniel ¿qué hacemos?” “Nada, bro, esperar el motín policial y rodear la UTOP. Pasen la voz. Mantengan silencio, no queremos alertar a nadie indeseado. Protejan las calles aledañas y armen fogatas, supuestamente hay ‘vándalos’ reunidos en la plaza Riosinho y en alguna parte de Villa Fátima. Pasaremos la noche aquí”. 

09/11/2019, 02:00, La Paz

La madrugada paceña es cruel y seca. El frío es intolerable. No duerman, nos dice alguien con un casco amarillo y el barbijo tapándole la boca. Parece que hay ‘vándalos’ viniendo a desarticularnos y molestarnos por Villa Fátima. Un joven se levanta de la acera junto con dos amigos, alzan unos escudos que les llegan del hombro a la canilla y que tienen escrito  “Cochabamba”. Acomodan sus canilleras, ajustan sus hombreras, y deciden empezar a golpearse con sus palos entre ellos a modo de calentar. Incluso se dan fuertes cabezazos de casco a casco. 

Esperamos media hora. Al parecer, nadie vendrá por nosotros. 

09/11/2019, 09:00, La Paz

Los policías ordenan a los miembros de la resistencia que se encuentra cerca de las líneas de seguridad que cuiden las entradas de la plaza Murillo. Las fuerzas del orden se repliegan hacia la UTOP. Alguien grita que ayudemos a cercar las entradas. Al parecer, nosotros cuidaremos el kilómetro 0. Hay desorden y observo a muchas personas correr por todas partes con ladrillos y largas maderas. Con dos personas, que nunca pude reconocer por estar con máscaras, traslado calaminas a la esquina más cercana. La plaza Murillo empieza a estar totalmente cercada con dos líneas de protección a la rotonda. 

Los policías en La Paz deciden amotinarse. Muchos jóvenes celebran saltando y gritando en las calles. Otros continúan llevando objetos para el cerco. Puedo ver que algunos se quitan las máscaras y lloran de emoción. Mierda, sí es emocionante. Las banderas tricolores se elevan, algunos policías aceptan llevar las tricolor que les ofrecen. ¡Motín policial! ¡Motín policial! Ustedes, grita alguien con el barbijo puesto, por favor, lleven a su grupo de amigos a la esquina de la Ballivián y Colón y armen otro cerco ahí. El grupo obedece y comenzamos a armar más fogatas. ¡Policía, amigo, el pueblo está contigo!

05/11/2019, 21:33, La Paz

¡No tenemos miedo, c…! Un grupo se prepara para apoyar a la vanguardia que resiste los gases lacrimógenos en la avenida Camacho. Avanzan por la Loayza pero antes de llegar a la esquina de la avenida, una multitud empieza a correr y varias granadas de gas nos caen cerca. Al fondo se ve el grueso chorro de agua de un Neptuno que venía avanzando a paso lento desde la Ayacucho. El disparo de agua no es fuerte y da oportunidad a algunas personas, con el cuerpo mojado, de desviar los gases lejos de la marcha. 

En una semana de ser gasificado e intentar continuar con la resistencia, el oído tiende a adaptarse. Ya es fácil distinguir la explosión de un petardo del de una matasuegra o del sonido de un disparo de arma de gas. Este último no deja mucho eco y es cortante con la corriente de aire, es seco, y cuando se escucha su disparo se sabe que el gas llegará de arriba. Lo que se hace es cubrir la nuca y empezar a correr. El sonido de la llegada del gas es otro tema, suenan como si piedras gruesas o latas de cerveza llenas fueran lanzadas a las paredes y postes cercanos, desde un lugar que no se consigue percibir. Del cielo solo aparecen con un silbido grueso por el aire. A veces nos rozan el cuello, con un frío cortante en la piel. El gas tiene un efecto químico en el cuerpo que genera cansancio en los músculos y resaca al día siguiente. 

Una vez que termina la gasificación, no queda más que armar otra fogata y continuar resistiendo. Así fueron los anteriores días y así se espera que sean los siguientes.

24/10/2019, 22:00, La Paz

“José, ¡levántate!” El gas llega desde la plaza Abaroa y cruza por la calle Ecuador y la Sánchez Lima. Imposible escapar a su efecto, no hay ninguna zona segura. Estoy medio desmayado y otras personas a mi lado sufren el mismo destino. No sé quién gritó mi nombre. 

05/11/2019, 23:00, La Paz

“Lucy, ¡levántate!” Mi amiga se tira al piso y presiona con fuerza sus manos contra el pavimento. Estamos cruzando el Prado. Ella no para de toser y forzar arcadas desde su garganta; a ratos se lleva su trapo lleno de vinagre al rostro y vuelve a toser. El olor del vinagre es muy fuerte. Lagrimea sin parar. Alguien le dice que no se lleve las manos a la cara porque le arderá a piel. Cierto. Se levanta y la ayudo a caminar. A pocos pasos, una señora de unos 40 años está siendo atendida por un equipo de paramédicos. 

10/11/2019, 13:50, La Paz

Ver imágenes tan remotas a tu posición genera una impotencia desfavorable. Desfavorable, porque es muy difícil controlar la ira y guardar esa bronca para una próxima acción ciega. Ciega, porque es muy probable causar daño injustificado a otra persona, algo muy sencillo en un contexto violento. Las imágenes compartidas mostraban a mineros, en su viaje de Potosí a La Paz para apoyar la resistencia civil, siendo disparados en la carretera, pidiendo la ayuda de las Fuerzas Armadas. Veíamos en videos a los mineros con el pecho en tierra, con sus pesados cascos colocados, agachando las cabezas y el sonido cortante de disparos a su alrededor. Solo se podía apretar los dientes ante tanta injusticia, nada podíamos hacer. 

10/11/2019, 16:50, La Paz

Minutos antes, un policía nos pidió a mí y a mis amigos ayudarlo a cortar una calle para que camionetas pudieran salir. Gracias, compañeros, ya falta poco, nos dijo. Al comenzar a subir la Ballivián, nos encontramos con algunos policías y personas aglutinadas en una churrasquería. No lo podíamos creer, Evo Morales estaba renunciando. Todos detuvieron sus cánticos, paralizados por la renuncia. Cuando acabó el mensaje, comenzó el griterío: ¡Renunció! ¡Renunció! Por primera vez en tres semanas pude ver el rostro de algunos jóvenes con quienes luché. El miedo se había ido junto con las máscaras que cargamos tantos días. Todos teníamos la misma edad, veintitantos. Saltamos, gritamos, lloramos con desconsuelo y nos abrazamos. 

Después de aquel festejo, después del minuto de silencio por los fallecidos, después del canto del himno nacional, después de tres semanas nos iríamos sin preguntar quiénes éramos o cómo nos llamábamos. Faltaba mucho más y lo sabíamos. Se iban de a poco, muchos estaban ahí sin permiso de sus familias. Algunos solo querían descansar. Ya no volveríamos a vernos. No nos dimos un último apretón de manos. La primera etapa se había cumplido… y sí, aún faltaba mucho. 
 

 

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