MÚSICA

Aniversarios mayores del rock progresivo

El 2019 fue un año de grandes aniversarios. Antes de empezar otra década, un recordatorio de los grandes que marcaron su época y aun marcan la nuestra.
domingo, 05 de enero de 2020 · 00:09

Jeremías P. de Plomo

En la resaca del año viejo, dos aniversarios imprescindibles. Porque nunca es tarde para recordarlos.

The Wall, cuarenta (y un) años sin acabar nuestra carne

Es el día del  maestro y en el colegio Ave Maria un grupo de estudiantes dedica una canción a aquellos profesores que están impacientes por entrar a sus respectivos salones. No deja de ser un día del maestro común, algunos estudiantes llevan flores y tarjetas. Sin embargo, ese grupo, cuya performance no recuerdo, pone de fondo el mítico Another brick in the Wall pt.2. Así conocí esa canción y tiempo después The Wall, el álbum que hace poco –el año pasado– cumplió 40 años. 

Años después entendí dos cosas: que mítico significa que, por una cualidad sobresaliente, entra en lo que la gente llama Historia y que, por otra parte, los dj’s,  a la hora de armar sus playlist de “jueves de clásicos”, sólo conocen esa canción. 

The Wall marca un antes y un después en la banda británica, no solo porque a partir de este álbum comenzaría el desplome de los lazos entre sus integrantes, sino también por la entrega de una propuesta más atrevida y enérgica que sacudió el viaje lisérgico que The Dark Side of the Moon iba dando desde el 73. 

Claro, habrá quien diga que en Animals (1977) ya empieza a darse lo que podría llamarse “un Pink Floyd más social”, y es cierto, pero no hay que olvidar que este trabajo es la interpretación de Rebelión en la granja de George Orwell, cosa que en The Wall se produce de una manera más íntima: a través de un creador –Roger Waters– y su propia historia de rebelión. El bajista –que había perdido a su padre en la Segunda Guerra Mundial y que tuvo una madre sobreprotectora– sería el encargado de la producción y dirección de casi todas las canciones, aunque nadie puede negar los solos de guitarra de Gilmour en Confortably Numb o en Young Lust, ni negar a  los más de 20 niños del colegio cercano al estudio de grabación que hacían los coros en Another Brick in the Wall pt.2. Sí, es una obra de un solo autor, pero ésta no sería lo que es para todos los fanáticos si no fuera por el soporte y genialidad del resto de la banda, que luego entraría en proceso de derribo.

Tras cuarenta años, está por demás resaltar la vigencia que Pink Floyd ha alcanzado con este álbum. La recomendación es obligatoria, y hay que escucharlo entero, de principio a fin, ignorar por completo al que te ofrezca el remix de rock ochentero y desechar la idea de poner su más conocido tema como canción de tu promoción, sin ubicar todo el contexto. The Wall es más que una pieza, es un concepto y como tal requiere toda tu atención, sino… “¿cómo esperas comer tu pudín sin acabarte la carne?”

Palabras y señores mayores: In the court of the Crimson King

Es el año 2018, estoy en el Teatro 16 de Julio en La Paz, deben ser las diez de la noche y el concierto Stick Men + David Cross está a punto de acabar. Antes de escuchar la última pieza pienso, como en toda la noche, ¿cómo es posible que Tony Levin, el bajista, sea tan viejo y siga siendo tan virtuoso? Termina el show y los músicos se despiden con la posibilidad de volver con “toda la banda” al año siguiente (2019). Esa banda es King Crimson.

Efectivamente, programaron una gira por Latinoamérica celebrando los 50 años del álbum In the court of the Crimson King, primer trabajo de la banda pilar del rock progresivo. Sin embargo  Bolivia no fue parte de la gira. Decidí ir a Buenos Aires, a verlos al Luna Park.

¿Qué es King Crimson? A principios de los 70 se daría un boom en el rock que en lo particular considero su mejor década: Pink Floyd, Yes, Spinetta, Vox Dei, Wara y, por supuesto, King Crimson, que en 1969, con el guitarrista Robert Fripp y Greg Lake (Emerson, Lake & Palmer), nos regalaron no solo uno de los mejores álbumes de rock progresivo sino también  un imprescindible para todo amante de la música: In the court of the Crimson King.

21 Century Schizoid Man es la primera de las cinco canciones que componen el original, y vaya forma de empezar con el hard rock y el jazz en una combinación vertiginosa. Luego viene I talk to the Wind para bajar la tensión a fuerza de flautas, perfecta como puente a Epitaph, una pieza en extremo oscura. Un salto a la historia de una niña lunar y el encanto de la naturaleza nos ofrece Moonchild y luego todos de pie porque es hora de asistir a la corte del Rey Carmín con The Court of the Crimson King: una sinfonía perfecta para cerrar un álbum perfecto.

Un dato curioso es que la portada –diseñada por el artista Barry Godber– se hizo antes de que él supiera siquiera de qué iba a tratarse el álbum. De hecho, se dice que estando en proceso de grabación, Barry llevó su propuesta para saber la opinión del grupo y éstos inmediatamente se decidieron por lo que hoy es una de las portadas más importantes de la historia del rock. ¿Qué más se le puede pedir a esta obra?

Ver en vivo lo que hoy es King Crimson (ocho músicos, tres de ellos bateristas) interpretando todo el primer álbum luego de 50 años me hizo responder la pregunta que me hacía sobre el bajista ese día en el Teatro 16 de Julio: uno puede tener 70 años y seguir siendo virtuoso sólo cuando hay una causa que lo justifique. In the court of the Crimson King es esa causa.
 

 

 

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