Editorial

Los huérfanos

domingo, 05 de enero de 2020 · 00:04

Les recomiendo mucho leer particularmente la parte 22 de la crónica central de este número. Allí se mira a un hombre de pocas palabras que se apoya en el marco de una puerta y mira hacia el horizonte lleno de cerros y de sombras en la puerta y en el horizonte. Es huérfano. El cronista también. “Todos somos huérfanos”, dice el hombre negro. Es don Julio Pinedo, el rey afroboliviano, y mira a las montañas de Mururata, en los Yungas paceños. 

No es casual que comencemos el año hablando de los huérfanos. Hay orfandades que valen la pena. Sobre todo  cuando de reyes se trata. Aunque, atención, no hay que equivocarse. La orfandad de la que habla don Julio Pinedo no es la de un padre, no es la de rey alguno, mucho menos la de un Presidente ido, aquel con aires de monarca. La suya es orfandad de origen. De tierra y ancestros. “La tierra que te pertenece es la tierra de tus muertos”, dice él.  Pero don Julio no es huérfano de historia ni de memoria.

Resulta pues una paradoja reivindicar a un rey afroboliviano recordando al mismo tiempo la abolición de la esclavitud en Bolivia (1825 con el nacimiento mismo de la República y 1851 en el gobierno de Manuel Isidoro Belzu). Por fortuna, eso de los reinados a don Julio Pinedo poco le importa. “Los reyes viven en palacios. Yo solo soy un agricultor. No tengo nada de lo que se supone debe tener un rey. Mi vida es siempre la misma: cosechar cada día. Eso es lo único real”. Por eso, mejor es celebrar el derribo de las monarquías y el surgimiento del concepto de ciudadanos con derechos. Y mejor aún será no sólo recordar sino llevar a la práctica aquellos derechos. Para ello, es bueno repasar los caminos que siguieron, por ejemplo, los antepasados de don Julio Pinedo.

Bienvenidos a Rascacielos, ciudadanos de Bolivia y del mundo. Nuevamente están invitados, este año que comienza, a compartir sus historias en estas páginas. 
 

Cecilia Lanza Lobo
 

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