Diseño / Purgatorio divino

Barbijos: indumentaria en tiempos de crisis

Una nueva prenda de vestir, y de mayor importancia que todas las demás, ha tomado nuestras vidas los últimos meses: el barbijo. Pero, ¿qué significados ha tomado a nivel textil, comercial y, sobre todo, cultural?
domingo, 18 de octubre de 2020 · 00:02

Voces, prácticas y usos culturales de la indumentaria en tiempos de crisis: el barbijo

Mary Carmen Molina Ergueta

 

Los rostros y sus máscaras

Hoy, domingo de elecciones presidenciales en pandemia, existe la probabilidad de que un jurado de tu mesa electoral pida que te saques el barbijo para comprobar tu identidad. La forma y la imagen de nuestros rostros –corporalidades y medios fundamentales para la comunicación, la individuación y la diferencia de las identidades en sociedad– han sido transformadas por un nuevo accesorio de indumentaria, cuyo uso se ha consolidado con la llegada y la propagación del COVID-19 en Bolivia. La indumentaria –como conjunto articulado de materialidades que diseñan nuestros cuerpos y sus imágenes en la cotidianeidad–, con el añadido de nuevos elementos requeridos para la prevención del contagio de la enfermedad, transfigura las maneras en las que los cuerpos sostienen cada día sus prácticas, las relaciones con el otro, sus amplias y complejas maneras.

La forma y la imagen de nuestros rostros han sido transformadas por un nuevo accesorio de indumentaria, cuyo uso se ha consolidado con la llegada y la propagación del COVID-19 en Bolivia.

Con la experiencia del confinamiento durante la cuarentena y el vuelco radical de casi todas las interacciones sociales hacia los medios y soportes digitales/virtuales, nuestros cuerpos, y las prácticas que día a día sostenemos con/en ellos, también cambiaron. Una sala de Zoom, espacio privilegiado para la “nueva normalidad”, se convirtió en uno de los pocos lugares donde se puede ver rostros sin barbijos. Sin embargo, como sucede en la calle hoy en día, algo hay que marca la diferencia con los rostros que veíamos antes y con las relaciones con los otros que estos rostros abrían: la voz. Es otra. Sea el barbijo –quirúrgico, desechable, simple, doble, de tres, cuatro, cinco capas, blanco, negro, de colores, desgastado, sucio, limpio, nuevo– o la conexión a internet –lenta, intermitente, más o menos buena, casi inexistente, un privilegio–, la voz es un signo emergente de nuestros rostros que ha sido intervenido por una materialidad poderosa y fuera de nuestro control.

El barbijo es parte de nuestra vestimenta cotidiana desde el inicio de la pandemia / fotografía de Mary Carmen Molina

...hoy en día algo hay que marca la diferencia con los rostros que veíamos antes y con las relaciones con los otros que estos rostros abrían: la voz. Es otra.

La deformación de nuestra voz se articula con la de nuestros rostros. Y, según casos, la faz es un sector más en la adaptación del cuerpo entero a esta (nueva) (a)normalidad: trajes de bioseguridad de una o dos piezas, guantes, gorros, forros para zapatos, paraguas con cortinas de plástico. Con este incremento de capas y de operaciones para proteger nuestros cuerpos y disminuir su vulnerabilidad, durante siete meses crecieron también las estrategias del mercado y las estrategias individuales y colectivas para adaptar a la situación gran parte de las funciones de la vestimenta vinculadas a la identidad. La ropa es un medio para distinguirnos del otro, un medio para expresar el carácter, el humor, las emociones, las convicciones, los vínculos, nuestras elecciones más contingentes, como también las más profundas. Por eso, no todos los barbijos son blancos o negros, por eso todas las tiendas o puestos tienen más de color o un modelo de traje impermeable. Pero, ¿alcanza? Con todas las bioseguridades impuestas y autoimpuestas hoy, ¿seremos capaces de reconocer al vecino, al amigo, al que me cae mal, al pitita, al masista, al político?

Tal vez esas caras nunca las vimos, ni las veremos.

Barbijos parlantes

“La tele miente, prende tu mente”. “Desobediencia, por tu culpa voy a ser feliz”. “No nos callarán la boca”. “No te quedes callada, conéctate con tus aliadas”. “Quédate en casa no es igual a cállate en casa”. Estos son algunos de los mensajes que se pueden leer en los “bozales para humanos”, los barbijos creados y fabricados por el colectivo feminista Mujeres Creando en La Paz. Celebrando un pensamiento crítico ante los medios, reivindicando las luchas de las mujeres contra el machismo, poniendo los puntos sobre las íes contra la romantización de la cuarentena y señalando esta como una estrategia que sirve al sistema patriarcal para (en)cerrar más a las mujeres dentro de los roles de la estructura hegemónica, los cubrebocas feministas buscan otro tipo de transformación en las voces y los rostros de quienes los portan y de quienes, al verlos, les dan cuerpo en su propio decir.

Los barbijos feministas de Mujeres Creando buscan otro tipo de transformación en las voces y rostros / fotografía Mary Carmen Molina

Un efecto de las transformaciones del rostro a través de la indumentaria en tiempos de pandemia es la agudización de un rasgo de la mirada: la búsqueda de la gestualidad del otro, en particular de los gestos de su faz. Con atención y curiosidad, y en articulación con una actitud de resguardo y cuidado de los movimientos de nuestros cuerpos y los de los otros, miramos las caras tratando de escudriñar identidades, despejando en la mente las capas o articulando estas con los otros elementos y materialidades que componen la imagen del otro. Tal vez más que nunca, decimos, caminamos, hablamos y escuchamos con los ojos. Y las cosas que nos dicen los otros, con sus barbijos y sus ojos, muchas veces, disparan las miradas y desbordan las bocas.

Los barbijos feministas celebran un pensamiento crítico ante los medios, reivindicando las luchas de las mujeres contra el machismo, poniendo los puntos sobre las íes contra la romantización de la cuarentena y señalando esta como una estrategia que sirve al sistema patriarcal para (en)cerrar más a las mujeres dentro de los roles de la estructura hegemónica...

Con mensajes directos los barbijos se convierten también en parte de la lucha feminista.

En muchos casos, estos mensajes no son escritos con palabras sino con materialidades, diseños, motivos y texturas. Desde los primeros meses de la cuarentena en Bolivia, cuando la oferta de barbijos reutilizables comenzaba y se diversificaba rápidamente en las calles de La Paz, aparecieron los cubre bocas confeccionados con textiles bolivianos. Elaborados en talleres textiles de El Alto y La Paz, estos barbijos continúan un complejo y relativamente reciente debate alrededor del uso de textiles andinos, entre la apropiación cultural y la reivindicación social. Gran parte de estos cubre bocas son confeccionados con textil industrial, es decir, géneros que no se producen con las técnicas andinas ancestrales –y que articulan una rica relación entre los cuerpos y las materialidades que los protegen, los adornan, les dan identidad–. La producción de aguayo industrial está ligada, entre otros aspectos, a la demanda del mercado del turismo y a la producción de indumentaria en el marco de tendencias de la moda global, como el ethnic chic. Son varias las marcas de moda boliviana o los emprendimientos de economía informal que incorporan a sus productos, hace al menos diez años, textiles tradicionales indígenas o réplicas de los mismos. No todas estas marcas o diseñadores tienen el mismo propósito comercial y existen matices en cuanto al acercamiento y a la re-figuración de las estéticas y las prácticas textiles ancestrales. En breve: no entran en un mismo saco, pero sí en el mismo espacio de discusión: las blusas de seda estampada con diseño de aguayo –elaboradas por marca boliviana de diseño de autor, Narcisa, y presentadas en el evento Bolivia Moda (BOMO) en 2017–, los pañuelos o pañoletas de aguayo sintético que se venden entre 10 y 15 bolivianos en la Feria 16 de julio de El Alto hace al menos un par de años, o la variedad de prendas con motivos de textiles bolivianos estampados o detalles de textil industrial producidas por la marca de moda casual urbana Khuyana Coolture (Cochabamba).

El awayu, como textil identitario, también ha sido utilizado en los barbijos de cada día / Fotografía de Alexandr Fernández

Elaborados en talleres textiles de El Alto y La Paz, estos barbijos continúan un complejo y relativamente reciente debate alrededor del uso de textiles andinos, entre la apropiación cultural y la reivindicación social.

Sin embargo, una variable entró en este terreno de discusión durante las últimas décadas en Bolivia: la reivindicación de la diversidad cultural y las herramientas y operaciones puestas en obra para esta. Con sucesos como la quema de la wiphala en noviembre de 2019, los usos de las materialidades que representan la diversidad cultural ocupan el espacio público y los cuerpos de los bolivianos de otra manera. Los barbijos de aguayo sintético o de textil industrial son usados de forma cotidiana, se consiguen fácilmente en el mercado y cargan modos de producción diversos: cocidos a mano, a máquina, en pequeños o medianos talleres, ¿importados?, su utilización habla de las maneras en las que los bolivianos asumimos y reivindicamos identidades culturales diversas y abigarradas.

Con sucesos como la quema de la wiphala en noviembre de 2019, los usos de las materialidades que representan la diversidad cultural ocupan el espacio público y los cuerpos de los bolivianos de otra manera.

Por otra parte, siguiendo la ontología del textil andino y su relación con el tiempo y las condiciones de la pandemia, el uso del barbijo en comunidades y zonas urbanas de La Paz se articula con las prácticas de elaboración de textiles ancestrales y de vestimenta en las culturas andinas. En un conversatorio virtual organizado por la Red de Geografías y Epistemologías Feministas del Sur Global, la antropóloga boliviana Gabriela Behoteguy compartió una propuesta innovadora desde este espacio de reflexión. “Si bien el barbijo no tiene las técnicas textiles ancestrales que le otorgan la energía vital o kamasa, estos también van a construir interpretaciones propias de nuestras sociedades andinas. Al igual que los textiles andinos ancestrales, el barbijo también es utilizado para prevenir la enfermedad, en este caso, el coronavirus”.

Barbijo ZAFAR, diseñadora Naira Sandóval / fotografía Facebook Zafar.

Energía vital, prácticas diarias y privilegios

Entre la diversidad de barbijos que llenaron las calles de La Paz, especialmente de abril a agosto, es posible encontrar, de manera amplia, esta energía vital del elemento del barbijo a través de los motivos iconográficos, las formas de producción y comercialización, y las propuestas de diseño detrás de algunos de ellos. Por ejemplo, los barbijos bordados elaborados por la asociación de artesanas y artesanos Iskanwayatex, del municipio de Ayata, provincia Muñecas del departamento de La Paz. Confeccionados con bayeta de la tierra y bordados con motivos que aluden a la vida en la comunidad muñequeña, los cubre bocas de Ayata cuentan las vivencias y las experiencias de las mujeres y su sociedad a través de una práctica textil ancestral y transmitida de generación en generación. La comercialización de estos barbijos sigue procesos de comercio justo, al beneficiar directamente a las artesanas. Por otra parte, estas prendas sí incluyen dos o tres capas de textil para cumplir con el objetivo de protección y prevención de la enfermedad, además de ser lavables y resistentes. Puede haber recelo en el público ante este barbijo, porque no resultaría tan garantizado como el quirúrgico. Lo cierto es que el mercado de barbijos médicos fue objeto de una especulación reprochable e innecesaria en los primeros meses de la pandemia: ¿cómo explicar por qué un KN95 llegó a costar 65 Bs. y ahora se encuentra hasta en 5 Bs.? Pero, sobre todo: ¿cómo sostener la economía, ya en crisis, desechando entre 1 a 14 barbijos por semana, según el tipo y el tiempo recomendado de uso para las máscaras quirúrgicas desechables más convencionales en el mercado?

Ana Alicia Layme, artesana de la asociación Iskanwayatex / fotografía Facebook Iskanwayatex.

En el ámbito de la economía y de los emprendimientos locales de indumentaria y moda, trabajadores textiles, comerciantes, costureras, artesanas y diseñadoras de moda recondujeron sus propuestas hacia la elaboración y venta de barbijos reutilizables. A la fecha, la oferta es amplia en las ciudades de La Paz, Santa Cruz, Cochabamba, y hay iniciativas llamativas desde Oruro (los barbijos inspirados en la danza de la Diablada, elaborados por Creaciones y Bordados Supay, artesanos cuyo trabajo se concentra sobre todo en las fiestas del Carnaval de Oruro) y Tarija (la marca Diabla, que realizó una campaña de donación de barbijos para sectores sociales vulnerables). En La Paz, algunas marcas que trabajan con técnicas de reciclaje y upcycling (Zafar, ZEF, Kusilla) confeccionaron barbijos de forma artesanal, innovando en técnica y diseño para la inclusión de capas protectoras y elementos para optimizar el calce y el uso. Más de 30 marcas pequeñas de diseño de moda e indumentaria ofertaron barbijos, además de industrias nacionales como Calzart (calzados y marroquinería) y Textilon (calcetines y ropa interior). A esta lista se suma otra, más difícil de medir e identificar, de trabajadores textiles, costureras y sastres que elaboraron cubrebocas en cantidades menores o al por mayor. Muchos elaboraron sus propios barbijos, reutilizando telas y materiales que tenían a mano. Muchos otros, modificaron y arreglaron cubre bocas ya comprados, para adaptarlos a la forma de su rostro o para seguir utilizándolos. Es probable que esta última práctica de costura se incremente y nos ocupe mucho más tiempo. El barbijo es una elección de uso y práctica indumentaria cotidiana. Para muchos bolivianos, sin embargo, tener uno es casi imposible. La consciencia y la crítica de nuestros privilegios entonces, también debiera ser diaria.

 

  • Mary Carmen Molina Ergueta es investigadora y editora en literatura y cine. Gestora y productora de proyectos para la circulación y difusión del audiovisual boliviano; es parte del Festival de Cine Radical. Tiene investigaciones y publicaciones sobre poesía boliviana y sobre literatura escritas por mujeres. Desde 2017 escribe y reflexiona sobre moda e indumentaria, prácticas de vestimenta vinculadas con identidades e imágenes.

 

 


   

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