Música

Janis Joplin. Blues al infinito y más allá

Cuatro discos bastaron para que la intérprete norteamericana se convirtiera en leyenda. Murió hace medio siglo exactamente, a sus 27 años, como ocurrió con otros grandes de su generación: Hendrix y Morrison. Las malas lenguas la asocian con excesos de alcohol y drogas, episodios depresivos, soledad... ¿qué de cierto hay en esto y cuánto pesó en su calidad musical?
domingo, 4 de octubre de 2020 · 00:09

Vadik Barrón

 

Los últimos años nos ha tocado hacer tripa para despedir a toda una generación que marcó el rumbo musical, discursivo, estético y contracultural del rock. Una pléyade de septuagenarios va dejando un legado palpable en todo un universo musical que, hoy mismo, se halla congelado en la confortable categoría de “clásico”. Y la mayor parte de ellos viven vidas retiradas y apacibles, lejos ya de las luces de escenario. Pero conocemos perfectamente acerca de la existencia de algunos pioneros hiperbólicos, popularmente tenidos como mártires rayanos en la mitología, embutidos de ángel y bestia (como dice Nicanor Parra) que dejaron este mundo demasiado pronto para las meteóricas carreras que apuntalaban su talento y carisma, y que, en un curioso fenómeno digno de estudio, han fallecido en circunstancias no esclarecidas, producto de vidas excesivas y a la sustanciosa edad de los 27 años. Entre otros casos, hablo de esa suerte de santa trinidad de la segunda gran era del rock americano, la triple jota: Jimi Hendrix, Jim Morrison y Janis Joplin.

De esta última artista, la cantante del San Francisco Sound y del Flower Power por excelencia, nos ocupamos hoy, breve, pero sentidamente, a cincuenta años de su deceso, no exento de elucubraciones y enigmas, propios del “folklore” del rock.

Hendrix, Morrison y Joplin se convirtieron en figuras icónicas, incluso para generaciones posteriores.

...hablo de esa suerte de santa trinidad de la segunda gran era del rock americano, la triple jota: Jimi Hendrix, Jim Morrison y Janis Joplin.

Summertime

Escribo esto mientras suena la desgarradora versión de Janis del famoso standard de jazz, Summertime, que en manos de la Big Brother & Holding Company es llevado a un plano delirante y enrarecido, consonante con la experimentación lisérgica y el halo colgado de la escena de la costa Oeste de Estados Unidos de finales de los sesenta. Los fraseos expresivos de la guitarra de James Gurley en contrapunto a esa voz rasposa y punzante, a la par que sensibilísima y angustiada, esa intensidad, densa y creciente, y esa modulación final a mayor, como si un arcoíris naciera del corazón mismo de una alcantarilla, son algo impresionante. Y uno no puede más que imaginar lo que fue escuchar aquello en vivo, justo en ese tiempo y ese espacio que hoy perviven como una suerte de postal eternizada en estampilla de ácido.  Algo urge y araña en esa voz y es imposible quedar indiferente. Tal vez por eso la audiencia abrazó a la nueva artista y la colocó en el centro de la tolvanera de la fama. Y la condición de estrella es algo que la Joplin nunca supo manejar.

Su interpretación de este clásico la elevó a rango de leyenda.

Algo urge y araña en esa voz y es imposible quedar indiferente. Tal vez por eso la audiencia abrazó a la nueva artista y la colocó en el centro de la tolvanera de la fama. Y la condición de estrella es algo que la Joplin nunca supo manejar.

Kozmic Blues

Pocas expresiones más hippies que “blues cósmico” para significar ese estilo anclado fuertemente en la tradición (norte)americana del blues rock y, a la vez, desafiante y expansivo en cuanto a las búsquedas de nuevas experiencias sensoriales para la música de esa época. Joplin sería precisamente un referente de la rebeldía crítica del movimiento hippie, en ocasiones una portavoz involuntaria (en entrevistas, apariciones públicas y conciertos) que encontraba cierta sintonía con el discurso y figuras de los movimientos por los derechos civiles, la oposición a la guerra en Vietnam y el feminismo, aunque “exhibía un feminismo más vital que ideológico” (Carmen Ordoñez); pero, sobre todo, fue un ícono de esa música y su contexto estético y cultural irrepetibles. Las filmaciones de época nos la muestran emocional, reidora, divertida. Su círculo íntimo –y el chisme carroñero– la quieren también depresiva, ebria, insegura, solitaria. ¿Se puede saber realmente cómo es una persona?

Joplin solo llegó a grabar cuatro discos.

...fue un ícono de esa música y su contexto estético y cultural irrepetibles. Las filmaciones de época nos la muestran emocional, reidora, divertida. Su círculo íntimo –y el chisme carroñero– la quieren también depresiva, ebria, insegura, solitaria.

Monterey

En términos históricos hay un antes y un después del Festival de Pop de Monterey (1967), adonde llegó como cantante de la Big Brother & Holding Company y donde entregó uno de los performances más notables y significativos en la carrera de un artista. Un parteaguas que representó para Janis un posterior y exitoso (en términos de ventas) camino en solitario (literalmente), el conflicto con la fama, la convivencia con el estrellato que nunca asumió de una manera sana, si eso es posible. Ya en 1968 eran evidentes los efectos del alcohol y otras drogas en la cantante, dentro y fuera del escenario. 

Ya en 1968 eran evidentes los efectos del alcohol y otras drogas en la cantante, dentro y fuera del escenario. 

 

Cancionero Popular

Piece of my heart, emblemática canción de su repertorio (escrita por Jerry Ragovoy y Bert Berns, y originalmente grabada por Erma Franklin en 1967), testimonia, por dar un ejemplo, el respeto y arraigo que Janis Joplin establece ante el legado de la música de raíz afroamericana. No olvidemos, sin desmerecer ni un poquito su influencia y trascendencia, que Janis fue ante todo una intérprete, eso sí, con un particular gusto en la elección de repertorio y un singular tratamiento en el sonido que imprimía a sus versiones con la Big Brother & Holding Co. primero y, más tarde, junto a la Kozmic Blues Band y la Full Tilt Boogien Band, con la que encaró su segundo y último disco como solista.

No olvidemos, sin desmerecer ni un poquito su influencia y trascendencia, que Janis fue ante todo una intérprete, eso sí, con un particular gusto en la elección de repertorio...

Cheap Thrills

Después de este álbum, Joplin inició su carrera como solista.

El rotundo a cappella de Mercedes Benz, la intensa Me and Bobbie McGee (escrita por Fred Forster y Kris Kristofferson), el set en Woodstock (1969) y la profusión de biopics y biografías nos ponen ante la ingrata tarea de no solo extrañar lo que fue, sino de añorar lo que pudo haber sido. Acaso esa perla que dejó de brillar tempranamente en el Hotel Hollywood, aquel 4 de octubre de 1970, destella aún en esos valiosos, pero –tristemente– escasos, registros de una vida y obra breves que nos quedan resonando en un recóndito y especial pedazo del corazón.

 

  • Vadik Barrón es cantautor y escritor.

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