Diseño / Purgatorio divino

Nuestro jardín, nuestras prendas de cada día

¿Cómo construye Isabel Álvarez sus diseños desde el concepto mismo? Un viaje por las experiencias transformadoras de la vida y la muerte desde la cosmovisión andina con prácticas sustentables y éticas de producción y circulación de moda en Bolivia.
domingo, 4 de octubre de 2020 · 00:04

Nuestro jardín, nuestras prendas de cada día

A propósito de la colección 2020 de Folk de los pueblos

 

Mary Carmen Molina Ergueta

 

“Aprender a habitar el camino, el proceso, respirarlo. Esa es la vida.” Para Isabel Álvarez, diseñadora y creadora de la marca Folk de los pueblos, el proceso de investigación, diseño y elaboración de sus prendas y la trilogía que conforman sus últimas tres colecciones se ha dibujado como un recorrido, en el que diferentes formas de ver el mundo se encuentran y dialogan. A través del diseño de moda e indumentaria, en tanto lenguaje y dispositivo de comunicación, y desde la construcción de una narrativa de la exploración, en 2018 Folk comenzó un viaje, marcado por la búsqueda por entender y vivir la transformación, a partir de la muerte y la pérdida, y a través de los senderos que se abren al recorrer y vivir estas experiencias e ideas desde la cosmovisión andina.

Un viaje

La trilogía de las colecciones de Folk resignifica el conjunto de recorridos y articulaciones entre los tres mundos que, en la cultura andina, representan el orden cósmico y la relación de los seres con la Pacha, tierra, unidad de espacio-tiempo sagrada. La primera exploración de este proyecto de diseño de largo aliento fue Inframundo estelar (2018), colección a través de la que Álvarez representó el viaje hacia el mundo de abajo, un caminar por adentro entre luces y sombras. La segunda colección de la trilogía, Sirena morena (2019), buscó representar el viaje desde el mundo de abajo o Ukhu Pacha hasta el mundo del ahora o Akha Pacha, a través del lago Titicaca como ojo que conecta a los dos ámbitos. El camino desde el mundo de la conciencia y la realidad hacia el supra espacio-tiempo, el Alax Pacha, es el proceso al que la nueva colección de Folk, Nuestro jardín (2020), da cuerpo y materialidad, cerrando así el viaje creativo iniciado hace tres años.

La conceptualización y creación de las tres colecciones busca figurar y comunicar una narrativa de la exploración y el recorrido, a través de tipologías y motivos, siluetas, materiales y texturas, trabajadas en indumentaria y accesorios y mediante la puesta en obra de prácticas sustentables y éticas de producción y circulación de moda en el contexto boliviano. En Nuestro jardín, todos estos elementos montan un relato de correspondencias y resonancias de camino, en el que el andar es posible prestando el cuerpo, los ojos y los oídos a un secreto: “lo que une el mundo del ahora con el Alax Pacha es la montaña. Llegar al mundo de arriba es un proceso y a veces los procesos son difíciles, se dan como crisis. Aceptar la crisis –ahora, para nosotros incluso como un proceso coyuntural– es aprender a habitar un caos y buscar una claridad interior. Subir la montaña implica entender sus propios códigos y lógicas, sus caprichos. Hay que parar y observar cuál es el sendero que te muestra la montaña, caminarlo, dejarte llevar por él”, explica la diseñadora, sintetizando su propio proceso de trabajo para esta colección, iniciado antes de la cuarentena por la pandemia del COVID19 y finalmente concluido este septiembre, cuando la realidad social del país vive aún una crisis que desborda la de la emergencia sanitaria. El proyecto contó con el apoyo del Fondo Concursable Municipal de Promoción al Desarrollo, Salvaguarda y Difusión de las Culturas y las Artes (FOCUART), del gobierno municipal de La Paz.

La unidad desde la dualidad y las capas

Los procesos de investigación que desarrolló Isabel Álvarez para la creación de sus colecciones y, en particular, de la más reciente, buscaron estrategias para figurar, a través de la materialidad y los motivos de las piezas, una narrativa del viaje anclada en el encuentro de las diferencias. “En la lengua aymara, el número uno está representado por el cóndor, en tanto sus dos alas se juntan y de esa forma se hace una unidad.” La diseñadora explica así algunos motivos de diseño en indumentaria y accesorios de Nuestro jardín: telas livianas con caída, texturas llanas, siluetas amplias y abiertas, detalles de volados, piezas, prendas y accesorios largos y longitudinales. Estos motivos articulan una correspondencia con otro conjunto de elementos, contrastante y complementaria: telas y textiles más gruesos y con una caída más pesada, texturas con volúmenes y formas, estilización por capas de piezas o prendas con funciones protectoras, por ejemplo, del clima y la intemperie. En tanto tecnología que permite llevar el cuerpo a través del espacio y el tiempo, las prendas y sus prácticas de uso han modelado siluetas o tipologías específicas de acuerdo a cada contexto. A través de materiales, formas y motivos, la combinación de dos modalidades de la gravedad de las formas, la liviandad y la pesadez, el relato de Nuestro jardín propone una dualidad que, más que un equilibrio cerrado o exacto, dialoga con el contexto local, y las prácticas de vestir y producir vestimenta que se dan en éste.

“En la lengua aymara, el número uno está representado por el cóndor, en tanto sus dos alas se juntan y de esa forma se hace una unidad”. La diseñadora explica así algunos motivos de diseño en indumentaria y accesorios de Nuestro jardín...

Muestra de ello son algunas prendas en particular que, desde una forma de mirar que privilegia la exploración vivencial de las culturas en la zona andina de Bolivia, recogen y reinterpretan las maneras de vestirse en La Paz. Chompas y mantillas marcadamente largas, ponchos abiertos y con mangas, chalecos, son algunas de las piezas que, a través de sus formas, de su materia prima local (baby alpaca) y de sus técnicas de elaboración proponen la vestimenta como un medio para comunicar una forma de mirar y poner en valor la particularidad de la indumentaria cotidiana en la ciudad andina. A esto se suma la estilización con algunas piezas en la producción fotográfica de la colección: llevar la mantilla envuelta desde el tronco y hacia la parte inferior del cuerpo, usar ojotas con medias gruesas, llevar una prenda sobre otra y esta debajo de otra, ponerse capuchas, gorros, chullus u otro tipo de accesorios para la cabeza, en fin: vestirse en capas, una estrategia que todo habitante de La Paz practica cada día.

(...) llevar la mantilla envuelta desde el tronco y hacia la parte inferior del cuerpo, usar ojotas con medias gruesas, llevar una prenda sobre otra y ésta debajo de otra (...), en fin: vestirse en capas, una estrategia que todo habitante de La Paz practica cada día.

Estéticas intermedias

Folk cumple 10 años este 2020. En el primer periodo de la marca, esta fue una de las primeras en incorporar tejidos tradicionales bolivianos en sus diseños de indumentaria y accesorios. En los últimos años, Isabel Álvarez comenzó a explorar con otro tipo de materiales textiles, continuando su búsqueda por construir estéticas que recojan las culturas e identidades bolivianas y las rearticulen a través de una propuesta autoral de diseño de moda. Desde 2018, la marca trabaja con terciopelo, una tela comúnmente utilizada en polleras de chola, que en la nueva colección 2020 se usa para blusas y conjuntos de ajuste amplio. Este aspecto se vincula con una propuesta, cada vez más fuerte en la marca, por realizar prendas gender fluid y sin talla, elección de diseño que se sustenta en la visión inclusiva de la marca y, a la vez, entabla un diálogo con tendencias mundiales de la moda. Otra vinculación de la propuesta de diseño que le toma la temperatura a motivos de la indumentaria global, puede verse en la confección de pantalones, que privilegian cortes de cadera alta –muy versátiles para diferentes tipos de cuerpos– y de cortes rectos o acampanados, anchos y holgados. En algunas piezas se percibe una reminiscencia y reinterpretación de modelos asiáticos, como el hakama o falda pantalón japonés, cuya expansión de re-figuración se encuentra como una tendencia recurrente hace al menos dos años en el mundo de la moda.

La incorporación de, sobre todo, materiales nuevos responde a la búsqueda por afinar y complejizar las exploraciones de la marca con relación a las formas de producción de indumentaria y accesorios. En muchos casos, explica Álvarez, “trabajamos con materiales que tienen una cadena de valor transparente y ético, desde su producción hasta su uso. Por esto decidí, para esta colección, utilizar tejidos en macramé, que se hacen en Sucre, para hacer bolsos y otros accesorios, o invitar a una artista local para que realice las ilustraciones para las pañoletas. Está en la misma línea la incorporación de la wiskhas –soga o cuerda trenzada de lana de llama y teñida con tintes naturales, que se usa cotidianamente en los Andes–, con la intención de rescatar una técnica y aplicarla a algo concreto, en este caso, como cordón de carteras. La intención es ir generando una sinergia de localidad que comunique algo”.

Desde esta misma intención, Folk trabaja desde hace varios años con un modelo sustentable de diseño con varios talleres de artesanas y artesanos, para la elaboración de diferentes piezas. La articulación de la producción de cada pieza de sus colecciones responde a sostener el trabajo colaborativo con estos talleres, que implica la creación de una garantía de rotación más amplia para algunas prendas y accesorios. “Llamo a estas piezas ‘prendas certeza’, ya que a través de su producción contínua y algunas reelaboraciones concretas de diseño, permiten que diferentes espacios de trabajo puedan tener un ingreso seguro a través del trabajo con Folk”.

 

Créditos de la producción fotográfica

Dirección y fotografía: Ja Gonzales

Maquillaje: Yanira Hussein

Peinado: Cecilia Revollo

Modelos: Andrea Asturizaga y Daniel Pacheco

 

  • Mary Carmen Molina Ergueta es investigadora y editora en literatura y cine. Gestora y productora de proyectos para la circulación y difusión del audiovisual boliviano; es parte del Festival de Cine Radical. Tiene investigaciones y publicaciones sobre poesía boliviana y sobre literatura escritas por mujeres. Desde 2017 escribe y reflexiona sobre moda e indumentaria, prácticas de vestimenta vinculadas con identidades e imágenes.

 

 


   

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