Debatir es cosa seria

Una charla casual / ESPECIAL

Prefiero el aborto antes que traer un niño no deseado a este mundo, dijo una. Todo niño tiene derecho a la vida, replicó la otra. Luego, una de ellas se quedó pensando en las razones discutidas hasta el día de hoy.
domingo, 4 de octubre de 2020 · 00:08
Este texto es resultado de la invitación a nuestros lectores "Debatir es cosa seria".

No quiero traer hijos a este mundo

Una charla casual

 

Cinthya Castro R.

Aquel inicio de verano del 2009, como todas las tardes, me dispuse a salir del instituto siempre acompañada de mi entrañable amiga Elizabeth. Aquella tarde, además, nos acompañó una amiga suya, Daniela.

Daniela y yo no teníamos mucha relación de amistad y hablábamos muy poco; la plática entre mis acompañantes se daba natural, mientras yo andaba sumergida en mis pensamientos y las seguía en silencio. Llegábamos a nuestro destino cerca de una parada de buses y no recuerdo cómo dieron inicio al tema de los embarazos no planificados.

Daniela argumentó que jamás tendría un hijo no planificado, que preferiría el aborto antes que traer al mundo un niño que sufriría el hecho de no ser deseado.

Inmediatamente mi mente dejó a un lado cualquier otra cosa y sin pensarlo dije: “Eso no es correcto, todo niño tiene derecho a la vida”.

Daniela me miró y extrañada dijo: “Es peor que venga a este mundo a sufrir, además también existen los embarazos producto de violaciones, ¡imagínate cómo crecería ese niño! Es algo egoísta”.

Daniela argumentó que jamás tendría un hijo no planificado, que preferiría el aborto antes que traer al mundo un niño que sufriría el hecho de no haber sido deseado.

Era un buen argumento, pero yo no cambiaría de opinión, “una vida es una vida” contesté. “Además, se debería dar oportunidad a ese niño de nacer y formar su propio destino; no digo que lo tengas que criar tú, podrías darlo en adopción”, acoté.

“¿Y como saber que estará bien? ¿Y si las personas que lo adoptan lo maltratan? ¿No vivirías pensando en eso?”. Daniela empezó a atacar mi razonamiento con un sinfín de preguntas.

Tenía razón, ¿cómo vivir tranquila sin saber cómo se encontraba ese niño o niña? Yo no tenía argumentos para esas interrogantes. De pronto pensé y repliqué que si le preocupaba tanto el bienestar del niño era porque existía amor y conciencia por él. “¿Podrías vivir bien sabiendo que asesinaste a un niño indefenso? Sea cual sea el origen de ese niño, es el menos culpable de la situación”, repliqué.

Creí que la charla terminaría ahí, pero Daniela volvió al ataque. “Es poco humano traer a un niño a pasar quién sabe por qué situaciones”.

El aborto es un tema complejo que se debate hasta el día de hoy en nuestro país.

“Tal vez, pero matar a un bebé no te hace más humana”. Eso fue lo último que dije.

No convencí a mi compañera, ella tampoco a mí. Terminamos esa plática y nos despedimos gracias a que mi transporte apareció. Mientras el bus recorría las calles de mi ciudad rumbo a mi casa, me quedé pensando. Algo tenía de cierto lo que dijo Daniela: no se puede traer un niño por egoísmo, solo por querer o por ser irresponsables en nuestra vida sexual.

En cuanto a las violaciones, no es por leyes a favor del aborto por las que hay que luchar, sino por leyes estrictas en contra de las violaciones; un aborto no quita el hecho que hayan cometido un acto despreciable contra tu persona.

“¿Y cómo saber que estará bien? ¿Y si las personas que lo adoptan lo maltratan? ¿No vivirías pensando en eso?”. Daniela empezó a atacar mi razonamiento con un sinfín de preguntas.

Aquella conversación me dejó pensando hasta el día de hoy. Es preocupante salir a las calles y ver niños que sufren un mundo lleno de injusticias. Mi opinión acerca del aborto no cambió, y esto seguirá siendo tema de debate en las calles, en la prensa, en los altos estrados de justicia.

 

  • Cinthya Pamela Castro R. es tarijeña. Contadora general y actualmente consultora en contabilidad impositiva. Es escritora en su tiempo libre.

 

 


   

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