Crítica

Las niñas rebeldes de la tele

Chicas muy jóvenes aparecen en los protagónicos de las series de moda. Pero esto no es nuevo, las adolescentes rebeldes siempre han estado en nuestras pantallas. ¿Será que en este recorrido están tus series preferidas?
domingo, 15 de noviembre de 2020 · 00:05

Lucía Camerati

Este año, las chicas de la tele ganaron torneos de ajedrez, escribieron en el periódico de la escuela, se escaparon de sus maridos para estudiar música y se volvieron detectives. Si no sabes de quiénes estoy hablando, pues no estás preparado para esta conversación. 

Hay cualquier cantidad de quejas señalando que el empoderamiento de las niñas rebeldes en la televisión es la nueva moda y que se trata de un feminismo forzado. Lo único que nos demuestra esa postura es que nunca estuvieron atentos a las adolescentes de la tele y se lo vamos a demostrar con ejemplos más que clásicos y modernos. 

Les refresco un poco la memoria, sobre todo a las que crecimos viendo los mismos capítulos una y otra vez y haciendo la tarea.

Esa carrera de caballos

Nos ubicamos en Walnut Grove y estamos presenciando la carrera de caballos de Hero Township. De pronto pasa la malvada Nellie Olson con su pura sangre, después pasa nuestra querida e inolvidable Laura Ingalls capitaneando a su amado caballo Bunny. Para esta competencia, a nuestra querida niña de las trenzas le pasó de todo: salvó a Bunny de un injusto sacrificio, descubrió la mentira horrorosa de Nellie inválida e hizo que recibiera un justo castigo en el barro (el mejor capítulo ever), recuperó al caballo, se esforzó un montón en los entrenamientos y compró las nuevas herraduras con lo que podía. 

Así era Laura, una niña fuera de lo común, alguien que se obsesionaba con competencias, con buscar oro e insectos, con montar caballos, con vivir aventuras en la pradera y, sobre todo, con enfrentar el bullying permanente que le hacía el maldito Willie Olson –y otro niño cuyo nombre no me acuerdo, pero que odié con todas mis fuerzas–. Vestido, trenzas y pecas, toda una rebelde, algo se le metía en la cabeza y lo lograba. Cuando ella corría abriendo los brazos, en los créditos de la serie, nos decía qué tipo de chica era: una niña libre.     

Así era Laura, vestido, trenzas y pecas, toda una rebelde, algo se le metía en la cabeza y lo lograba.

La rosa de Versalles

Si hubo alguien que me hizo entender la Revolución Francesa, fue otra adolescente. Estoy hablando de Oscar Francois de Jarjayes, más conocida por el público de animé como Lady Oscar. Al cumplir los 14 años se convierte en la Capitana de la Guardia Imperial y protectora de la princesa María Antonieta. Toda una novela para nuestra adolescencia, qué manera de sufrir cuando Oscar tiene que vestirse de mujer para ir a la fiesta de disfraces y bailar con su chequeo y amor prohibido, Fersen. En la historia todos creen que es un hombre, porque así la educó su padre, a espadazo limpio, metiéndole en su vida el estilo varonil; sin embargo, a pesar de ocultar su cuerpo con el uniforme militar, ella resulta ser toda una chica, con los mismos conflictos de su jefa, la reina, a quien posteriormente traiciona. 

Con ella, mujer a caballo y espada en mano, vivimos la épica del amor y la historia. Queda en el recuerdo cuando encontré la serie completa en casettes VHS en la calle Tiquina (La Paz). Fue mágico, tan mágico como el descubrir los últimos capítulos y su destino junto a su amigo André tomando La Bastilla. 

Queda en el recuerdo cuando encontré la serie completa en casettes VHS en la calle Tiquina (La Paz). Fue mágico, tan mágico como el descubrir los últimos capítulos y su destino junto a su amigo André tomando La Bastilla.

Anne of Green Gables

Daba en el canal 2, Tele Sistema Boliviano. Mi prima, quien amaba la serie, terminó de engancharme a plan de discusiones sobre qué cosa ver en la tele. Por supuesto, me agarró porque la huérfana pelirroja y recién adoptada Anne Shirley era la más habladora del mundo mundial. La princesa Cordelia, personaje que inventó Anne, hizo lo suyo en la escuela, destacando en los estudios, con ambiciones literarias muy claras y suspirando por la poesía, era toda una waskiri, vivía por el conocimiento, por las competencias y discusiones con Gilbert Blythe, ese chico, tres años mayor, que osó hacerle una broma por el color naranja de su pelo y enamorarla con el tiempo. 

Anne, con la cabeza de zanahoria, nos atrapó a todas las chicas en los 90. Soñaba diferente, miraba la vida con un optimismo que nos contagiaba las ganas de ser unas intelectuales como ella, cargando aventuras ridículas, pero al mismo tiempo viviendo intensamente en su burbuja literaria, feminista y terca, rebelde hasta el último pelo, pero al mismo tiempo tierna y loca. Loca como una cabra. 

Anne, con la cabeza de zanahoria, nos atrapó a todas las chicas en los 90. Soñaba diferente, miraba la vida con un optimismo que nos contagiaba las ganas de ser unas intelectuales como ella.

No sé qué ocurrió exactamente en la tele, pero la descontinuaron. La cosa es que, ya en los años 2000, también encontré la serie completa en la Tiquina (¡bendita Tiquina!). Los dvds de no sé cuántas temporadas estaban en el área de series y películas raras, cuando la vi, me vino un ataque surtido y vi que podía ser el mejor regalo de navidad para mi prima. Antes de envolver el paquete navideño, me la comí en tres días, comprendí por qué amaba la serie, volví a crecer, y volví a suspirar fuerte y furioso por Gilbert Blythe. Nunca mi prima había reído y llorado tanto con un regalo mío. Solo las chicas que crecimos con esa  serie lo comprenderían.  

Anne with an E

Estas historias que enganchan a niñas generalmente tienen un origen en común: un libro escrito por una mujer. Es como si Jane Austen hubiera dejado un legado profundo y sellado en las manos de aquellas que nos cuentan historias de mujeres y niñas diferentes. “Historias para chicas”, dirán aquellos que no salen de sus cómics y superhéroes y se duermen con la primera película de época donde una adolescente es protagonista. Lo cierto es que novelas como Mujercitas, Orgullo y Prejuicio o Anne of Green Gabbles llegan a formar parte del estante de cualquier adolescente que se engancha con esos libros.  

Con Netflix, en la actualidad, el fanatismo crece, como todo en la adolescencia. Se han creado grupos gigantes en las redes sociales para que la serie Anne with an E (la nueva versión de Anne of Green Gabbles) no se cancele. Por alguna extraña y tonta razón, se canceló en su momento más exitoso. Un absoluto desastre. Cuando vi el tráiler, allá por el año 2018, no podía creer que iban a hacer una nueva versión de mi serie favorita, nadie podía meterse con mi pelirroja, pero me emocioné tanto que la comencé a ver.  No me enganchó tanto como lo hizo en la cuarentena de este año 20. Me di el tiempo de verla y compararla, y volverme a enamorar de la nueva princesa Cordelia, de su maestra, de la amada Marilla y de sus amigas. Poco a poco, las chicas de mi época volvieron también a caer, y con ellas sus hijas o amigas más jovencitas. Somos legión. Todas amamos a Anne. ¡Qué cursi que escribe esta Lucía Camerati!, dirán con hastío; pero es algo inexplicable, es como que nos entra una diarrea afectiva y no podemos parar de hablar y hablar y hablar para acordarnos de cuán importante es la educación y cómo lo valoran las mujeres en esta serie, cuán lindo sería ser eternamente soltera y buscar otras maneras de ser una chica, linda e inteligente. Locas como una cabra, por siempre. 

Se han creado grupos gigantes en las redes sociales para que la serie Anne with an E (la nueva versión de Anne of Green Gabbles)  no se cancele.

Una presa del matrimonio

Después del amor y las verborreas de mi amada Cordelia en confinamiento, llegó la magnífica Esty (Shira Haas) a mi tablet. Cabello muy corto, adolescente infelizmente casada debido a su religión, pero con un hambre de escaparse y rebelarse única. Estoy hablando de la miniserie Poco Ortodoxa, que causó furor este año por muchísimas razones. Una crítica muy dura al casamenterío de la religión, al matrimonio sin amor, a la prisión del matrimonio, y a la vez, una carta muy tierna a las aspiraciones, sueños y talentos que una pueda tener.  

Esty, pese a su frágil apariencia, es una mujer decidida y fuerte.

Salirse de la casa, salirse del país, salirse de la vida es radical, radical y demasiado arriesgado. Esta chica nos enseñó en su viaje el autodescubrimiento, el entenderse, el madurar, el saber elegir. Al principio parecía que iba a ser demasiado trágica, pero no. Todo cabal y generoso, inocente hasta las últimas consecuencias, revolucionario a más no poder. Otra chica, haciendo historia en nuestras retinas. 

La hermana del detective

Ya con Eleven en Stranger Things, Millie Bobby Brown nos tenía abrazados a su rareza. Pero este año se nos apareció haciéndole frente a Sherlock Holmes con la película Enola Holmes. Estito queremos ver, hemos dicho muchísimas al ver el tráiler, sabíamos a qué género nos íbamos a enfrentar, chica sola, inteligente, “alone” al revés. Muchos amantes de Sherlock la odiaron, pero la aborrecieron a mal nivel, escribieron insultos en todo lado, ellos querían ver a Sherlock digno y se desgarraron las vestiduras en sus muros. Los herederos del creador del detective más famoso de la literatura pensaron llegar incluso a juicios. “¡Cómo es posible que le hagan eso a Conan Doyle! Esta película no tiene nada de misterio, ni la inteligencia de Holmes, ¡parece una película para nenas!”.

Milly Bobby Brown interpreta a la rebelde Enola, hermana menor de Sherlock Holmes.

Lo que no tomaron en cuenta o desconocieron es que la película es la adaptación de una colección de libros cuyo personaje, recientemente inventado, es Enola Holmes, y cuyas aventuras detectivescas están dirigidas al público juvenil y adolescente, o sea, para nenas. Nancy Springer, la escritora de esta colección, se encargó de crear un universo que nos lleva a recorrer las historias del Caso del Marqués Desaparecido, el caso de la Dama Zurda, o el caso del Enigma de las flores. Por cierto toda una colección digna para un regalo de navidad. Un pretexto más para llenar la estantería de nuevas lectoras y lograr que una adolescente se vuelva fanática de un libro. Con eso deberíamos cantar victoria, porque después colecciona otros libros, los consigue haciendo todo tipo de sacrificios, desmenuza las historias paralelas, busca novelas parecidas, sigue a la escritora y, tarde o temprano, termina, como detective, en los brazos de Jane Austen. Un círculo perfecto. 

...es Enola Holmes, y cuyas aventuras detectivescas están dirigidas al público juvenil y adolescente, o sea, para nenas.

El jaque mate de una chica

Cuando era niña, tenía problemas con las matemáticas y la división. Tanto que mi padre me inscribió a clases personales con un profesor. Cada sábado, el encuentro matemático tenía un toque especial, ya que el profe no solo se entusiasmó con la aritmética, sino que de alguna manera me introdujo al mundo del ajedrez. Tener siete años y descubrir a la reina y sus múltiples poderes fue la gloria del momento. Las obsesiones de una niña tienen ese calibre, son parecidas a los poderes de la ficha con mayor movimiento en el juego más bello de la historia. 

Amaba mis sábados de división y de jaque al rey. Sacar las fichas, ordenarlas en el tablero, dominar sus posiciones y comenzar siempre con el simple peón ya era una aventura en la vida, enfrentar a un hombre que sabía dividir ya eran ligas mayores. Era entender la guerra de la manera más limpia y elegante. No tuve el tiempo de aprender jugadas concretas, las clases se terminaron y yo quedé como una simple aficionada a la reina y sus poderes. Setenta en matemáticas, pero me quedó el desenfreno que querer matar al que se meta en mi tablero, matar a toda costa, jugaba como una pésima jugadora de canchitas, todo con tal de que no me maten a mi reina; muerta la reina, para mí era la peor de las derrotas. 

En el ajedrez, la principal pieza es una dama.

Con todos estos antecedentes y tras haberme enamorado por ahí de un gran jugador y amante de Bobby Fischer, ya podrán imaginarse mi alma al disfrutar el banquete de The Queen’s Gambit. Es la serie del momento, es la serie que quiere ponernos en campaña a todos, todas y todes, a ponernos en las filas de una torre y los peones, es la serie que te hace pensar en todo, en las anticipaciones, en las drogas, en los vestidos, en las madres, en los ajedrecistas que han sobrevivido ante la tecnología, en los rusos y su amor al juego en los años 60, en la adolescencia obstinada de querer conseguir la gloria. “Denle todos los Emmys”, gritaba un amigo en su muro; “vamos a jugar ajedrez a la Abaroa”, decía otro, “voy a cambiar todo mi ropero”, decía otra entusiasmada. La serie es una caja de pastillas verdes, te vuelve adicta en dos días. Beth Harmmon, adolescente ajedrecista, nos hizo la jugada más elegante de todos los tiempos y eso nos fascina, nos hace llorar, porque sigue estando esa presencia pequeña y gigante, que con un movimiento pudo mover el mundo entero. 

...jugaba como una pésima jugadora de canchitas, todo con tal de que no me maten a mi reina; muerta la reina, para mí era la peor de las derrotas.

En fin, son los hermosos manifiestos escritos con crayón, envueltos en trenza y vestidos con fuerza. Me alegra ver la efervescencia por estas historias donde la protagonista es una chica, muchas veces solita, con una mochila de sueños y gigantes retos, estratega y con un plan bien claro: conquistar el mundo a caballo y con el movimiento de las reinas.

 

  • Lucía Camerati es confundida de rostro cada vez, pero sabe esconderse bajo el pretexto de homenajear a Pessoa. Cada que puede hace dietas ayurvedas. El año pasado aprendió a nadar. Le encanta husmear en las bibliotecas de las personas.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos https://www.paginasiete.bo/contacto/

21