Crónica

La Bolivia gringa

¿Dos Bolivia? Sí, es real. ¿A qué se debe que un pequeño pueblo de Carolina del Norte haya adoptado el nombre de nuestra patria? Tratemos de descubrirlo y conocer esa otra Bolivia, llena de gringos.
domingo, 8 de noviembre de 2020 · 00:06

Diego Mattos

Willy Camacho

Antes de ingresar al área de Bolivia hay una pequeña agencia bancaria. “BB&T 24 Hour Banking”, indica, en letras blancas con fondo rojo, un enorme letrero al borde de la Old Ocean Highway. Ya dentro de Bolivia, a los costados se divisa la primera calle, la Cox St., que parece conducir al monte, por describirlo de una manera coloquial. Es que se podría decir, a modo de comparación, que la Bolivia gringa es un pueblito carretero, o sea, que su avenida principal es una carretera. En cosa de mil metros, se concentra toda la actividad comercial y administrativa de este lugar. Avanzando por la Old Highway, encontramos construcciones muy espaciadas entre sí, todo indica que no hay muchos habitantes. El tráfico es moderado, pero, al tratarse de una carretera, podemos inferir que los automóviles solo pasan por Bolivia, que su destino es otro.

...la Bolivia gringa es un pueblito carretero, o sea, que su avenida principal es una carretera. En cosa de mil metros, se concentra toda la actividad comercial y administrativa de este lugar.

Future home of Bolivia Volunteer Fire Dpt.”, se lee en un cartel, ubicado también al borde de la carretera, en un terreno grande, frente a lo que parece ser una empresa de manejo de residuos biológicos, quizá el negocio más grande del lugar. Este letrero lo pusieron poco antes de la navidad de 2016, y hoy, en noviembre de 2020, ignoro si ese cuerpo de bomberos voluntario ya tiene casa propia. Ojalá que sí, y que allá no estén a merced de los incendios como ocurre en nuestra Bolivia.

Pasando la esquina de la Green Lewis Road, hay una pequeña iglesia, o quizá es un pequeño salón velatorio. En todo caso, es evidente que se trata de un pueblo de gente muy religiosa, porque, aparte de este posible templo, hay dos más, uno de ellos de respetable tamaño: es la Iglesia Metodista. En su sendero de ingreso hay un letrero verde, que eventualmente impide el paso, donde se lee: “Dios bendiga a los que pasan por aquí”. Al borde de la carretera, en un letrero más grande, donde la Iglesia anuncia sus actividades (como en la iglesia de Los Simpsons), se invita a los feligreses a la ceremonia navideña: “Bethel. United Methodist Church. Christmas Eve Service at 7:30 PM. You are welcome”. El otro templo, suficientemente distanciado de su competencia, corresponde a la Iglesia Baptista.

Poco antes del templo metodista, a mano izquierda, está el edificio del correo. En su fachada clásica, adornada con columnas romanas, se lee grande: “United States Post Office. Bolivia, North Carolina”. Sí, a mí también me sorprendió, allá por 2008, que hubiese una Bolivia en Carolina del Norte. 

Ilustración de Jhon Capuma / estudiante de la Carrera de Diseño Gráfico-UCB

Me enteré por casualidad. Estaba haciendo zapping y, al pasar por History Channel, vi el avance de un programa que estaba comenzando: Monster Quest. El locutor decía, palabras más o menos, que “una bestia vampiro ha vuelto a aterrorizar a los pobladores de Bolivia…”. Me quedé clavado, creyendo que había tal monstruo en nuestro país y que Monster Quest había llegado para investigarlo. Me intrigaban muchas cosas: ¿dónde atacaba este animal?, ¿por qué no había visto nada de esto en la prensa local?, ¿por qué la gente salía de sus hogares como si no hubiera un monstruo merodeando en las calles?, y ahora… ¡quién podrá defendernos!

El locutor decía, palabras más o menos, que “una bestia vampiro ha vuelto a aterrorizar a los pobladores de Bolivia…”. Me quedé clavado, creyendo que había tal monstruo en nuestro país y que Monster Quest había llegado para investigarlo.

Al principio del programa se ve testimonios de pobladores, y no se me hicieron muy bolivianos, en el sentido étnico del término. Claro, en cuestión de minutos el misterio quedó develado, no el del monstruo, sino el de la ubicación de la Bolivia gringa. Pero, aparte de mencionar que se encontraba en Carolina del Norte, Estados Unidos, no dijeron nada más.

Ahí empezó la búsqueda, primero en Google, pero los resultados no aportaban gran información. Es que es un pueblo muy chiquito, y en esa época no había el Street View de Google Maps como para hacer el recorrido que ahora les describo.

Ilustración de Regina Gómez y Andrea Linares / estudiantes de la Carrera de Diseño Gráfico-UCB

Pasando la oficina de correo, está la iglesia metodista, y pocos metros después aparece un surtidor. Solo tiene tres bombas, aunque hay varios autos parqueados en su estacionamiento. Como es habitual en EEUU, las estaciones de servicio también tienen micromercado, de modo que debe ser la única opción para adquirir provisiones en kilómetros a la redonda. Pero es grato ver cierto brote de humanidad, aunque solo sea consumista, en este pueblo que parece abandonado.

Frente al surtidor está la Ocean Isle Beach Development Company, que por los tractores y excavadoras, probablemente se dedique al rubro de la construcción, pese a que dadas las pocas construcciones que uno puede ver al recorrer las calles de esta Bolivia, no parece que sea un negocio muy rentable, a priori. En la Bolivia sudamericana, por el contrario, hay un boom inmobiliario que sigue boyante pese a las crisis que hemos atravesado. Sin embargo, sospecho que en algún lugar escondido a las cámaras de Google se esconde un proyecto residencial ambicioso, al menos eso se infiere del anuncio de la constructora D.R. Horton, que vende casas en esta otra Bolivia, de apariencia despoblada, y la describe como “una pequeña ciudad tranquila y pacífica cerca del entretenimiento y las comodidades de la gran ciudad. Queda a un viaje rápido de numerosas playas y del centro histórico de Wilmington. En 2005, Sperling's Best Places nombró a Bolivia como uno de los mejores lugares de Estados Unidos para vivir. ¿Estás listo para instalarte en una nueva casa que tenga todo lo que necesitas? Venga y disfrute de los beneficios de comprar una casa nueva con nosotros y experimente la construcción de calidad y las comodidades de lujo que le esperan en Bolivia, Carolina del Norte”.

En la Bolivia sudamericana, hay un boom inmobiliario que sigue boyante pese a las crisis que hemos atravesado. Sin embargo, sospecho que en algún lugar escondido a las cámaras de Google se esconde un proyecto residencial ambicioso, al menos eso se infiere del anuncio de la constructora D.R. Horton, que vende casas en esta otra Bolivia, de apariencia despoblada, y la describe como “una pequeña ciudad tranquila y pacífica cerca del entretenimiento y las comodidades de la gran ciudad.

Y me quedo pensando en la asombrosa capacidad de los gringos para el marketing, cómo pueden venderle peines a un calvo, o en este caso, cómo pueden vender casas cual si estuvieran en el paraíso, cuando en realidad el lugar parece un pueblo fantasma (o casi). Y nosotros, los de esta Bolivia, apenas creamos un eslogan mediocre, “Bolivia te espera”, con la esperanza de atraer gente de otros lares para que vengan a descubrir todas las maravillas naturales y culturales que tenemos. Ahora con la pandemia, no importa si el eslogan es pegajoso, igual no viene la gente; y en la otra Bolivia, debe haber aún menos personas en las calles. Aunque tal vez no la están pasando tan mal, finalmente, es el primer mundo. La pandemia llegó a todos sin discriminar, es cierto, pero eso de que "estamos en el mismo barco" no lo es tanto. Estamos atravesando la misma tempestad, pero los gringos van en un crucero y nosotros en balsitas de totora.

Unos cien metros más adelante, aparece la zona comercial, si así se le puede llamar. Es que ahí, a mano izquierda, algunos inversores han tenido a bien construir las Bolivia Office Suites, que es una especie de hilera de oficinas, ladrillo vista, en cuyo parqueo solo hay dos autos. Al otro lado de la carretera también hay pequeñas oficinas independientes. Por lo que se puede ver en algunos letreros, hay muchos abogados para un pueblo tan despoblado.

Avanzando un poco están las casas de la gente adinerada. Su elegancia y el cuidado de sus jardines evidencian que ahí no pasan muchas dificultades. Son solo dos casas de este tipo. Ergo, la mayor parte de la gente pertenece a la clase trabajadora en la Bolivia gringa. Y en la nuestra también.

Metros más allá, está la escuela primaria (solo hay ese nivel). En el letrero dice “Bolivia Elementary School. Happy Holidays”. Cuatro buses amarillos están parqueados en la entrada (los típicos buses escolares gringos… ¡sí, como el que conduce Otto en Los Simpsons!). Solo hay escuela primaria en este pueblo, pero, eso sí, como buena escuela gringa que se respete tiene su equipo de Fútbol Americano infantil: los Bolivian Bears (Go Bears!). La mascota del equipo no luce como un jukumari, y no tendría por qué, ya que en Carolina del Norte abundan osos enormes, que se entran a casas y aterrorizan a todo el mundo (en septiembre de este año, unos guardabosques sacrificaron a un oso que hurgaba en restos humanos). Nuestros jukumaris parecen peluches al lado de esas bestias, pero son nuestros, qué diablos.

Solo hay escuela primaria en este pueblo, pero, eso sí, como buena escuela gringa que se respete tiene su equipo de Fútbol Americano infantil: los Bolivian Bears

Casi al lado de la escuela está el Bolivia Town Hall, el ayuntamiento, donde se resuelven los asuntos administrativos de este pequeño condado. En 2008 o 2009, cuando intentaba averiguar más sobre esta otra Bolivia, en Google hallé el teléfono de esta oficina, y llamé. “Good morning. How can I help you?”, me contestó una voz femenina, muy amable. Yo no sabía ni sé inglés, pero me di modos de preguntarle si hablaba español, si alguien en esa oficina lo hablaba. La señorita o señora se dio modos para entenderme y contestó muy apenada: “No. Only english. I’m sorry”. E inmediatamente recordé ese chiste opa en el que un zorro está caminando por la calle y se choca con un perro; el zorro le dice “I’m sorry” y el perro contesta “I’m Perry”. Y por no quedar como el perro del chiste, colgué. No sabía qué más decir, no estaba en mis planes que en EEUU no hubiese algún latino que me pudiese atender. De hecho, esperaba que en esa Bolivia hubiese al menos un boliviano, cochabambino con seguridad, pero debe ser el único lugar del mundo donde los bolivianos son todos gringos.

Ilustración de Belén Miranda / estudiante de la Carrera de Diseño Gráfico-UCB

Entré al precario sitio web del ayuntamiento y, en efecto, entre los apellidos de la decena de funcionarios no había ninguno latino. En esa Bolivia solo hay gringos, afroamericanos sobre todo. No pude averiguar si en su escuela al menos saben el origen del nombre del pueblo. Imagino que alguna vez alguien debió preguntarse por qué el equipo de fútbol americano se llama “Bolivian Bears”. O no. Quizá el nombre les suena tan natural como a nosotros. ¿Sabrán nuestros chicos de primaria a quién le debe nuestro país su nombre? Entre las fechas festivas definidas en Bolivia, Brunswick, no figura el 6 de Agosto; sé que el 11 de noviembre, cuando el expresidente Evo Morales llegue al Chapare, allá estarán celebrando el Día del Veterano, y dos semanas después el Día de Acción de Gracias.

El caso es que, ante mi fallida conversación directa con la boliviana gringa, comencé con las llamadas, los correos a amigos y conocidos en EEUU para que alguien, con mejor inglés que yo, pudiese investigar algo sobre este pueblo homónimo de nuestro país, pero nadie pudo o quiso hacerlo. Hasta que Diego Mattos, casi once años después de que yo me enterara de la existencia de la otra Bolivia, sí me tomó en serio y cumplió el encargo.

¿Sabrán nuestros chicos de primaria a quién le debe nuestro país su nombre? Entre las fechas festivas definidas en Bolivia, Brunswick, no figura el 6 de Agosto; sé que el 11 de noviembre, cuando el expresidente Evo Morales llegue al Chapare, allá estarán celebrando el Día del Veterano, y dos semanas después el Día de Acción de Gracias

Diego se fue hace casi tres lustros a Estados Unidos, fue a cursar un doctorado y terminó instalado con toda su familia y sin planes a corto plazo de retornar. Y desde allá se dio tiempo para investigar sobre este lugar que se llama como su patria y me mandó lo siguiente:

Bolivia

¿Qué hay en un nombre? (Julieta Capuleto)

¿Alguna vez se ha preguntado usted lo que es Bolivia? No lo que representa, sino lo que es. Es un país, sí, una nación (algunos intelectuales me debatirán esto último), es también un estado, cierto, pero ¿algo más? Creo que entre todas las posibilidades, Bolivia es, ante todo, un nombre. Tan simple y complicado como eso.

Como muchos nombres de países de Latinoamérica, Bolivia es un nombre inventado. Un nombre que no existía antes de ser pronunciado por primera vez, allá, en Charcas, en ese lejano 1825. ¿Quién fue el legislador que pronunció la palabra por primera vez? Se me escapa la referencia. Lo cierto es que “Bolivia”, como palabra, no significa nada. Es decir, hay algunos nombres más propios que otros. Brasil, por ejemplo; se dice que “brasil” es el nombre de un árbol rojo de por ahí. Paraguay viene del guaraní. Perú se supone viene de una palabra quechua, digo se supone porque hay varias versiones al respecto. El mismísimo Garcilaso en sus Comentarios Reales no está seguro. Y si él no lo tiene claro, qué esperanza queda. Ecuador viene de ecuador, punto medio. Argentina de argento, el Río de la Plata. Y así.

¿Y Bolivia? Bueno, viene de… Bolívar, pero no es. Suena como Libia, pero no es. Es solo Bo-li-via.

Entonces, cuando no hay una referencia de origen, cuando no hay un significado debajo de un significante, ¿qué queda? Tan solo el sonido queda. Entonces se puede concluir que Bolivia es, ante todo, un sonido. 

¿Y a qué viene todo esto? Bueno, como el sonido es onda, una onda física viaja, se mueve por al aire y a veces va a dar a lugares inesperados. 

...cuando no hay una referencia de origen, cuando no hay un significado debajo de un significante, ¿qué queda? Tan solo el sonido queda. Entonces se puede concluir que Bolivia es, ante todo, un sonido. 

Este es el caso de la existencia de una otra Bolivia, una que se fundó en Norteamérica a finales del Siglo XIX. Más específicamente en 1890, en el Estado de Carolina del Norte. Ahí, en ese Estado, hay un pueblo con el nombre de Bolivia. Es un pueblo perteneciente al condado (léase cantón) de New Brunswick, Carolina del Norte. Latitud 34.07 Norte, Longitud -78.148 Oeste. Elevación 43 pies. Es un pueblo pequeñísimo. En la actualidad, Siglo XXI, cuenta con aproximadamente 158 habitantes, uno se imaginará cuál era la situación en 1890.

El caso es particular porque el nombre “Bolivia” no es un nombre común, y mucho menos lo era en el Siglo XIX. Por entonces, con seguridad, se refería a una sola cosa, al país del centro de Sudamérica, actual Estado Plurinacional. Entonces, ¿qué sucedió?, ¿algún boliviano o boliviana sagaz emigró tal vez por ahí llevándose consigo la patria? ¿Fue porque existe una gran comunidad boliviana ahí? No. La comunidad boliviana más grande en los Estados Unidos está en Virginia. Y ahí no hay ningún pueblo ni barrio con el nombre de Bolivia. Según me han dicho, Virginia lleva el sobrenombre de Cochabambita. Pero, ese es otro tema.

En Bolivia, New Brunswick, muy probablemente –la verdad que no lo sé de cierto– no existe ni existió ningún boliviano. ¿Entonces qué pasó?  Bueno, según los recuentos históricos públicos del pueblo de Bolivia, fueron los habitantes mismos quienes decidieron adoptar el nombre. Y lo hicieron porque, según parece, les gustó cómo sonaba la palabra: Bo-li-via.  

¿Y cómo fue que el sonido Bolivia llegó hasta ahí? Bueno, según parece, se mandaba desde ese lugar, desde los puertos aledaños –porque está hacia la costa Este les cuento–, grandes cantidades de cajas hacia Bolivia en modo de exportación. Cajas, además, no pequeñas, sino grandes. Cajas que contenían, sobre todo, aguarrás y alquitrán –falta averiguar para qué la República de Bolivia importaba grandes cantidades de aguarrás y alquitrán de Estados Unidos en el Siglo XIX. Otro tema–. Lo que nos importa es que el nombre de destino de la carga estaba impreso en cada una de esas cajas: “Bolivia”. Y fue así, como los habitantes del lugar conocieron el nombre y se enamoraron del sonido. 

Lo que nos importa es que el nombre de destino de la carga estaba impreso en cada una de esas cajas: “Bolivia”. Y fue así, como los habitantes del lugar conocieron el nombre y se enamoraron del sonido. 

Hay un otro dato interesante de Bolivia, New Brunswick, que llama la atención. Y es la razón de la fundación del pueblo. La Bolivia gringa se fundó como un cruce menor de camino sobre la carretera principal que unía (que une) dos puertos importantes del lugar: el puerto Wilmington de Carolina del Norte y Georgetown de Carolina del Sur. Tan simple como eso. Y eso es lo que ha sido durante su historia, hasta el día de hoy, una parada menor entre dos puertos. Es decir, de alguna manera, Bolivia, New Brunswick, nació como una encrucijada. ¿Les suena familiar?

Se los pregunto porque la República de Bolivia también nació como encrucijada. Como el lugar o punto donde se cruzan dos o más posibilidades. En el caso de la República de Bolivia, por ese entonces, las posibilidades eran tres: pertenecer a Buenos Aires, a Perú o ser independientes. Tengan por seguro que si en esa época hubiera habido teléfono, Bolivia no existiría. Porque el Libertador Bolívar no quería que las provincias de la Audiencia de Charcas fueran independientes, la idea era que fueran siempre parte del Perú. Nunca pudo comunicarse con el Mariscal Sucre a tiempo para darle instrucciones. Por eso existimos, por falta de comunicación. Pero ese, como los anteriores, es otro tema. 

Bolivia, New Brunswick, como encrucijada, como tercero uniendo dos puertos, dos puntos. Bolivia, República, como encrucijada, como tercero, huyendo de dos posibilidades. Así son las cosas. 

Ilustración de Luciana Noriega / estudiante de la Carrera de Diseño Gráfico-UCB

En el caso de la República de Bolivia, por ese entonces, las posibilidades eran tres: pertenecer a Buenos Aires, a Perú o ser independientes. Tengan por seguro que si en esa época hubiera habido teléfono, Bolivia no existiría. Porque el Libertador Bolívar no quería que las provincias de la Audiencia de Charcas fueran independientes. Por eso existimos, por falta de comunicación.

Lo que me queda ahora es visitar esa Bolivia que no conozco. Bolivia, New Brunswick, Carolina del Norte. No es tan fácil. Estoy en Salem, Massachusetts, y desde aquí son catorce horas manejando. Así que me queda como tarea pendiente. Para cuando mejore el clima. Por estos días hay nieve, hielo y temperaturas frígidas. La aventura quedará para el verano, junio, julio. Es decir, mi invierno. Tarea a realizarla sin falta. Porque me ha venido la curiosidad de conocer donde un día se posó el eco del sonido del lugar de donde soy. Bo-li-via.

***

Diego aún no ha podido conocer Bolivia, New Brunswick, es que con las obligaciones académicas, laborales, familiares, la pandemia… simplemente no se pudo. Me envió su texto en enero de 2019, y lo desempolvo casi dos años después.

Ahora hay el Street View de Google Maps, y gracias a esa herramienta puedo hacer el recorrido por la Bolivia gringa. Las imágenes son de 2016, ignoro si el pueblo sigue igual, pero sospecho que nada ha cambiado. Quizá los bomberos voluntarios ya tienen su casa, pero hasta que alguien vaya y lo confirme no sabremos más.

¿Y el monstruo, la bestia vampiro? Pues no la hallaron, sigue siendo un mito. Que se queden con ella, aquí ya tenemos demasiados cucus como para preocuparnos por uno importado (aunque sea boliviano).

Todo esto me ha hecho concebir la posibilidad –cuando la situación esté mejor en el mundo, claro– de reunir un capitalcito y viajar a Bolivia, Brunswick, quizá a poner un negocio de salteñas, para que en el lugar haya algo realmente boliviano (aunque con nombre gaucho). Dicen que el clima es bueno, tierra no falta y, salvo por los osos, es un lugar agradable, sobre todo para los que amamos la falta de gente.

 

  • Diego Mattos es paceño radicado en Massachusetts, degustador acérrimo de la Ranga Ranga, y añorador eterno de las tardes ventosas de Villa Fátima.

  • Willy Camacho es paceño y boliviano. Dice ser un cholo urbandino orgulloso, por eso no se cansa de cantar esa cueca que dice: “...cholo, cholo he nacido, cholito voy a morir...”.





 

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