Confesiones

Yoko, 40 años de viuda

La que cautivó a Lennon fue una destacada artística asiática que ya tenía hits en el mundo del perfomance. Aunque muchos la odien, se ha ganado su lugar en el mundo del rock y el arte a puro pulmón. Su único pedido al mundo: traigamos la paz.
domingo, 13 de diciembre de 2020 · 00:03

Claudia Daza

Siempre voy a discutir por Yoko Ono, siempre, quizás porque desde que era muy pequeña me consideraba una viuda como ella. Sí, en algún momento de mi adolescencia me autonombré la segunda viuda de Lennon. Mi afirmación era muy seria y mis amigos o pretendientes se la tenían que bancar. Sorry. Y lo decía así porque yo había llegado tarde al mundo y no pude disfrutarlo vivo. Era una fan muy peculiar. Mientras las chicas de mi edad estaban babeando por Chayanne, rompiendo las puertas del Stadium por Montaner, por los Fantasmas del Caribe o Locomía, yo estaba enamorada de un muerto. Así de triste, silencioso y friki. Me lo habían matado a mis 3 años y yo ni enterada de Los Beatles. Amor platónico del verdadero. 

HELP

A John lo conocí en un dibujo animado. Recuerdo la presencia de los cuatro corriendo de un lado a otro lado, capaz era Yellow Submarine. Es muy posible que también haya sido Help, porque recuerdo que los muchachos corrían y se escapaban de un grupo inmenso de chicas gritando como locas. De esa manera me inicié como niña retro y me fui enterando de las histerias masivas de los fans. Ya a la música y a algunos discos los conocí formalmente al lado de la radiola de mi padre. ¡Cómo me gustaba ese grupo! Le metía como disco rayado: una y otra vez, sin entender y aprendiendo inglés. Así fueron los años 80, no sabía que le habían dado de balazos en New York. 

IMAGINE

De su muerte me enteré en los 90. Mis papás no me lo habían contado. Y Yoko apareció en mi vida a través de Imagine, aquel documental donde explican a detalle la partida del pacifista. Lo vi en la tele y en el cine 6 de Agosto. La película cierra con la viuda explicando cómo era su compañero, su mejor amigo, su amante, su esposo, el guerrero. ¡Qué lindo hablaba sobre él bajo esos términos! Allí comencé a respetarla demasiado. Su testimonio, los dibujos, las wawas, Julian y Sean. Allí John era más que las canciones sesenteras, allí estaban sus conflictos, sus pedos mentales, sus errores, ahí estaba en una cama haciendo huelga, peleándose con los periodistas, contando cómo un YES y una manzana verde le renovaron la vida, marchando y exponiendo sus ideas, él y la Estatua de la Libertad, él, sus lentes redondos y las balas de un innombrable. Y allí estaba ella, serena, sencilla contando la noche del 8 de diciembre de 1980, quedándose muda y al margen, sosteniendo una pancarta que nunca dejó de sostener: THE WAR IS OVER

La película cierra con la viuda explicando cómo era su compañero, su mejor amigo, su amante, su esposo, el guerrero. ¡Qué lindo hablaba sobre él bajo esos términos! Allí comencé a respetarla demasiado.

Paralelamente, nuestro hermano mayor en el rock, Sergio Calero, no paraba de explicar, en la Obertura del Siglo XX, los diez años de esa pérdida y la importancia del músico en nuestra historia. El año 90 era importante, creo que incluso hubo un concierto hermoso que grabé en VHS, Calero debe saber biencito cómo era y quiénes estaban. Habían pasado diez años del asesinato. Yoko, por su lado, había construido todo lo posible para que recordemos y aprendamos más sobre él. No había que hacer tanto esfuerzo, la leyenda se quedó para siempre, a través de las canciones (cualquiera) del mejor grupo del mundo mundial; pero también gracias a ella se abrieron cajas y cajas de fotografías, dibujos, videos caseros, canciones inéditas, discos que se hicieron en aquella época en la que Lennon se había distanciado de la fama. Recordemos que dejó de creer en Dios y en los mismos Beatles.  

Dejaron todo en el Imagine

Tengo guardadas con cariño dos cartas que le escribí. Ayer las busqué en mi chuspa de los recuerdos. Las leo y me río con vergüenza; pero recuerdo que las escribí llorando, ahí vuelvo a respetarme. Había escrito: “Cuando tenía 3 años te mataron y ahora que tengo 12 escucho tus canciones… tengo un casette y ahora me faltan posters… eres un ser, el primer ser artístico, sentimental y guapo…”. “¿Por qué te fuiste?, lloro todos los días porque te fuiste… yo sigo soñando contigo, la paz no está completa, la que está completa es la guerra”. Estaba loca, pero a plan de locuras se montan las esperanzas y es posible que así tuviera que ser para comprender cosas tan complejas como la guerra y el concepto de la paz. En todo caso, si yo hubiera sido inglesa y adolescente en los años 60 ya saben a qué me habría dedicado en la vida: a gritar. ¡Qué viva el chiverío de las fans!

Tengo guardadas con cariño dos cartas que le escribí. Ayer las busqué en mi chuspa de los recuerdos. Las leo y me río con vergüenza; pero recuerdo que las escribí llorando, ahí vuelvo a respetarme.

NUMBER 8

Sí, el trasero (culo, poto) de Yoko no es de una modelo, es plano como el de muchas mujeres que lo guardamos solo para la intimidad, nunca fue la musa de nadie, nadie la quiso como solo él lo hizo. Es más, la odian, y la responsabilizan de una separación de hombres y músicos que ya arrastraban sus problemas, nos reímos de su vanguardismo como si no conociéramos el vanguardismo. Sí, creo que no sabemos de arte conceptual, y no estamos preparados para esa conversación. Muestran sus performances fuera de contexto y se ríen, a carcajadas y en todos los memes posibles, ridiculizándola al extremo. A tanto ha llegado la lanzada de tomates y el resentimiento que ella misma dice en una canción Yes, I am a witch, está ahí en Spotify, junto a otros temas que grabó y susurró con su esposo.    

Pero si la metiche hubiera sido bonita y etérea, capaz otra hubiera sido nuestra consideración con ella, si hubiera sido occidental y con el rostro maquillado, otra hubiera sido la historia, todos la abrazarían. Pero no, la que cautivó a Lennon en sus últimos años fue una destacada artista asiática que ya tenía hits en el mundo del performance; vayamos a New York y preguntemos en el MOMA por la señora Ono, nos hablarán de Cut Piece, donde demuestra la violencia interpretativa aplicada sobre la mujer y sus acciones; fue una gran cuestionadora de los roles de género. Vamos a los museos de Inglaterra y nos explicarán que el feminismo de Yoko transformó completamente a su pareja en cuestión sobre quién se hace cargo de la casa y de los hijos. Lo ayudó a deconstruirse rotundamente (es momento de escuchar Starting over). Basta ver el videoclip de Beatiful boy para sacar conclusiones. Y es que a las cosas que hizo John junto a Yoko siempre hay que mirarlas con una lupa, subiendo por una escalera, leyendo la palabra "respira", mirando una manzana verde y fresca, descubriendo la palabra "yes" como cuando la conoció. Con esta lupa veremos sus desnudos con otros ojos, con esta lupa nos pondremos hippies en una cama olorosa reclamando inocentemente el fin de la guerra, con esta lupa veremos objetos que sugieren armonía, y al final, con esa lupa quizás recemos por la paz mundial. 

...la que cautivó a Lennon en sus últimos años fue una destacada artista asiática que ya tenía hits en el mundo del performance, vayamos a New York y preguntemos en el MOMA por la señora Ono, nos hablarán de Cut Piece donde demuestra la violencia interpretativa aplicada sobre la mujer y sus acciones, fue una gran cuestionadora de los roles de género.

Después de la muerte de Lennon, ella siguió haciendo lo que estaba haciendo antes de conocerlo y en muchas de sus exposiciones prohibió preguntarle sobre él. La bruja siguió haciendo sus cosas, activista, contestataria y feminista. Recientemente invitó a mujeres de todo el mundo para ser parte de una exposición, enviando la fotografía de sus ojos y contando una experiencia de violencia por ser mujeres. “Every woman has a song to sing / Every woman has a story to tell / Make no mistake about it, brothers / We women have the power to move mountains”

Yoko Ono ya era una gran artista cuando llegó a la vida de Lennon.

Recientemente me enviaron una foto de Portugal, donde se expusieron varias piezas ícono de su trayectoria. Allí estaban varios árboles jóvenes metidos y enfilados en ataúdes. No conocía ese trabajo. Me dejó aturdida, por la claridad de lo que nos está pasando como mundo. Y hace algunos años se reconoció parte de la autoría de Imagine, no por la música sino por su proyecto Grapefruit donde se desarrollan ideas para piezas ideales para la paz. En el potente libro de ese proyecto aparecen muchísimas ideas descabelladas y genuinas como: 

PIEZA DE PECES

Grabar las voces de los peces

en una noche de luna llena

Grabar hasta el amanecer. 

 

PIEZA DE RELOJ

Escuchar las campanadas del reloj. 

Hacer réplicas exactas en la mente

cuando callan.

 

PIEZA DE VIENTO

Hacer volar los sombreros de la gente por toda la ciudad.  

 

PIEZA DE AGUA

Regar. 

 

En fin, toda una serie de artefactos y palabras, el mundo lúdico de todas las situaciones posibles que se mandó como artista. Todo un universo que le hizo un click a Lennon, no solo para pensar situaciones cotidianas y contemporáneas, sino en posibles estados del mundo, la paz, la sociedad, la gente. Se puso humanitario y compuso el himno más importante del siglo XX. 

 

WALKING ON THIN ICE

Hay canciones y canciones, como el Kiss Kiss Kiss, pero ese Walking on thin ice es mi favorita dentro de las composiciones de Ono. Básicamente fue la última canción que John elogió y trabajó la noche de su muerte. Se produjo y terminó el 8 de diciembre de 1980, hace 40 años, tiene la edad de la triste despedida, tiene la edad de aquella última foto que les sacó la fotógrafa Annie Leibovitz, donde John abraza desnudo a una Yoko casi adivinando su luto. 

Cuando Tony Levin (King Crimson) vino a la ciudad de La Paz, le agradecí en silencio por haber participado en ese tema y en el último trabajo de los Lennono (Double Fantasy), disfrutar del gran Tony también fue pensar que era lo más cerca que tuve a la pareja. Con ese tema me imaginé durante años a una Yoko siempre renovada, caminando solita, fumando, mirándose desnuda, con sus lentes oscuros, con su abrigo negro, con su boina, al ritmo del tema, enfrentándose a sus fantasmas en la casa del Dakota, recorriendo el mundo, haciendo sus escándalos criticados, haciendo y deshaciendo, teniendo problemas feos con Julian, abuenándose después y velando por su wawa, el gran heredero y productor ejecutivo del legado. La cosa es que nunca se volvió a casar. Optó por la viudez eterna, optó por la terquedad y el eterno optimismo, optó por la industria de la paz y no de la guerra. 

Nos queda nomás verla hoy en silla de ruedas, sin saber muy bien de una enfermedad que la aqueja, dejándolo todo al gran Sean, y diciéndole al país donde perdió a su esposo: "Queridos amigos, cada día 100 estadounidenses son asesinados con armas de fuego. Estamos convirtiendo este bello país en una zona de guerra. Juntos, traigamos de regreso a América, la tierra verde de la paz”. 

Una pareja que nadie entendió, solo ellos, en su propio universo.

Por mi parte, también camino al ritmo de este tema y de todas las canciones de Jhon, y me acuerdo de un texto que escribió mi gran amigo Eduardo Ferreira, que, al conocer mi obsesión por la viudez, decía el año 95: Anónima Yoko de bolsillo/ te doy la bienvenida/ al club de los impuntuales/ de la historia. Una tarde de esas que hacen historia/ adoptaste su cadáver de inocente descarriado/ en un autonombramiento de viudez/ como una condecoración/ se colgó en tu pecho una utopía/ las muñecas comenzaron a sentir/ señales de vejez/ Pobre John/ llegó temprano/ a la frontera entre el presente y la gloria/ con su trágico pasaje de plomo sin explicaciones/ Y vos estabas allí/ para no verlo/ sobrevivirlo/ veinte años de soledad.

 

  • Claudia Daza es Piscis, ascendente Tauro y luna en Leo. Ha procurado durante años comprender dónde está Júpiter en el cielo y a pesar de eso le ha rendido pleitesía sin mirarlo.

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