Diseño / Purgatorio divino

La vitalidad de la vestimenta de la chola

Desde medias con talonera, transparencias, escotes y tacos altos. La moda chola ha cambiado con el tiempo, su pasarela principal: el Gran Poder. ¿Qué sigue después?
domingo, 20 de diciembre de 2020 · 00:02

Mary Carmen Molina Ergueta

A finales de los setenta se estrenó la película de la saga de James Bond El espía que me sedujo, protagonizada por Roger Moore y Barbara Bach. En el film, la actriz viste medias nylon con talonera. “Mi mamá se enamoró de esas medias. Llegaron acá y las usó. En ese entonces, las mujeres de pollera no usaban medias nylon, vestían unos calcetines colorados de seda. Sin embargo, a mi mamá se le ocurrió usar las medias nylon transparentes con talonera y hubo gente que la criticó y dijo que la chola no vestía así. Las nylon eran de ‘señorita’”. Con este ejemplo, Sayuri Loza, historiadora de arte y diseñadora de moda, hija de Remedios Loza, cuenta cómo en todas las épocas hubo detractores de las innovaciones en la vestimenta tradicional de la chola. Cuenta también que, en la misma época, cuando Remedios Loza comenzó a trabajar en la televisión, le llovieron las críticas y condenas por usar maquillaje. Sayuri relata que un famosísimo historiador y tradicionista paceño se pronunció y dijo: “‘Que Remedios Loza use maquillaje avergüenza a las mujeres de pollera”. Cuando Loza se convirtió en 1989 en la primera chola en ocupar un curul en el congreso boliviano, el historiador la criticó nuevamente porque volvió a ver a la mujer de pollera maquillada. 

En el film, la actriz viste medias nylon con talonera. “Mi mamá se enamoró de esas medias. Llegaron acá y las usó. En ese entonces, las mujeres de pollera no usaban medias nylon, vestían unos calcetines colorados de seda. Sin embargo, a mi mamá se le ocurrió usar las medias nylon transparentes con talonera y hubo gente que la criticó y dijo que la chola no vestía así. Las nylon eran de ‘señorita’”.

Hoy en día, hay algunos pocos que todavía pegan el grito al cielo al ver a una chola usando maquillaje. Pero lo cierto es que, en la actualidad, no resulta tan contrastante o, al menos, ha dejado de ser una ofensa para historiadores y, en general, para la sociedad boliviana. De alguna forma, el maquillaje fue aceptado. Pero hay una serie de otras creatividades y exploraciones que todavía raspan la herida de la tradición. Los tacones, los escotes y las transparencias usadas por mujeres de pollera, entre otros elementos, fueron y siguen siendo objeto de condena para algunas personas que consideran que hay un límite para las transformaciones que diseñadores, confeccionistas y, principalmente, las propias cholas practican y lucen diariamente en diferentes contextos en La Paz y El Alto. Al centro de este tira y afloje entre la tradición, las representaciones de la identidad, usos de imágenes y estereotipos, las mujeres de pollera viven cotidianamente su identidad a partir de su vestimenta y de lo que esta ha significado para su lucha contra la discriminación, por su libertad para construir sus cuerpos y sus voces en la sociedad boliviana. 

Sayuri junto a su mamá Remedios Loza / fotografía Sayuri Loza.

Cholas y ropas vivas 

La historia del traje de la chola es compleja y en ella se ponen en debate ideas acerca de autenticidad étnico-racial de las prendas, la apropiación y las continuas transformaciones de lo que, en la colonia, fue una imposición a las mujeres mestizas e indígenas desde el poder español. Lo cierto es que, a poco de su aparición, la vestimenta de la chola ha experimentado una serie de transfiguraciones. 

Sayuri Loza aborda la problemática cuestionando, desde la moda, las ideas de autenticidad y pureza. “La autenticidad no tiene que ver con sea algo nuevo, sino con que sea la combinación de elementos que determinen algo nuevo y particular. Porque en moda ya no hay nada nuevo. Desde los egipcios, las prendas que se han inventado son escasas. Trajes como los vestidos, las faldas, el pantalón, no se pueden cambiar para recrear nuevas prendas y estoy segura que no nos vamos a ver en un buen tiempo usando otras prendas que no hayan existido. Hasta los barbijos existieron. Pedir autenticidad exigiendo originalidad e innovaciones en prendas es un error en la moda”.

Lo cierto es que, a poco de su aparición, la vestimenta de la chola ha experimentado una serie de transfiguraciones. 

Para Yolanda Mamani, comunicadora y feminista chola, la vestimenta de la mujer de pollera no tiene límites. “Nos dicen muchas veces que qué cosa defendemos si la vestimenta de la chola es española. Pero desde entonces hasta ahora nuestro vestir ha ido transmutando un montón. Nosotras lo hemos adoptado a nuestra manera. Hay cholas importadoras, que conocen otras formas de vida en otros lugares, otras formas de vestirse. En un mundo globalizado, no puedes quedarte encerrada en tu vestimenta. Decirle a la chola que no cambie de vestimenta es ponerle límites, es como decirle que se quede sin celular, que no avance en muchas cosas”. 

Yolanda Mamani, la chola bocona.

A Yolanda le gusta vestir con algunas prendas diferentes. Cuenta que alguna vez, en el mercado la vendedora le aclaró que las toreras –sacos tejidos cortos y más ceñidos que le gusta usar– no son para cholas, sino para señoritas. Igual las compra y las usa, combinándolas con blusas que, seguramente, a la vendedora no le resultarían transgresoras, porque esas blusas “son” de chola. “Para muchos, vestida como me visto, ya dejo de ser chola. Me pregunto cómo querrán vernos a todas las cholas siempre, ¿con nuestros pullus, con abarcas? Mientras seas más así, supuestamente eres más chola en esta sociedad”. 

Nos dicen muchas veces que qué cosa defendemos si la vestimenta de la chola es española. Pero desde entonces hasta ahora nuestro vestir ha ido transmutando un montón. Nosotras lo hemos adoptado a nuestra manera.

Tanto Sayuri Loza como Yolanda Mamani concuerdan en que el contexto social de discriminación y racismo en Bolivia sitúa a las mujeres de pollera como sujetos en ciertos espacios y en otros no. “Siempre les pregunto a mis amigos de la zona sur cuántos están casados con cholas, si casarían a sus hijos con cholas. Yo pienso que no, porque todavía hay una línea diferenciadora en la que la chola es tu casera o tu empleada, todavía no es tu amiga”, dice Sayuri. “Nos quieren tener como estampilla en su ropa, pero no quieren tener a una chola de amistad o a una chola de pareja. Por eso me molesta mucho como el mercado del turismo, por ejemplo, ornamentaliza no solo nuestra vestimenta, sino también nuestros cuerpos y nuestra imagen”, explica Yolanda. 

La moda de la chola: la pasarela, las tendencias y algunas propuestas 

En varias ocasiones, la diseñadora de joyas y de ropa Ana Palza trabajó el atuendo y la joyería de guías de la danza de la morenada en fraternidades del Gran Poder. Recuerda que diseñó las joyas que acompañarían un polémico atuendo, que incluía una blusa con un gran escote, bien ceñida y con los brazos descubiertos. “Nadie sabe lo que las cholas usarán en el Gran Poder hasta ese mismo día. Incluso, esa ocasión, para diseñarles las joyas, me dieron poca información sobre los colores y una muestra de tela muy pequeña”. En la nueva tienda de Ana Palza se puede ver joyas, accesorios y prendas que aplican una transformación a las formas y estéticas tradicionales de la moda de la chola, inspirada también de la vitalidad y el movimiento de esta moda que las propias mujeres de pollera practican año a año. “El escenario para la aparición de nuevas tendencias en la moda de la chola es la fiesta, y específicamente, el Gran Poder. Allí se define la moda de todo el año y es desde esta pasarela que la ropa sale al Perú, a la Argentina, a España, con las tendencias de colores y modelos bien marcadas”, cuenta la diseñadora. Pero, desde siempre, las tendencias funcionan principalmente hacia adentro. Por ejemplo, Yolanda Mamani cuenta que iba con su prima y otras amigas, trabajadoras del hogar, a ver el Gran Poder, para ver qué manta, qué pollera se iban a imponer en ese año. “Nos comprábamos asiento y mirábamos bien. Luego nos comprábamos todas juntas prendas iguales o parecidas. Era bonito porque la moda era más colectiva en ese sentido”. 

Ana Palza, nueva tienda / Fotografía Facebook Chola boliviana internacional.

El escenario para la aparición de nuevas tendencias en la moda de la chola es la fiesta, y específicamente, el Gran Poder.

Sayuri Loza también señala el Gran Poder como la pasarela principal de la moda de la chola. Pero, ¿quién propone las tendencias? “Es una combinación de creatividades, de las propias bailarinas cholas y de diseñadoras/es y confeccionistas. Eso sí, todos se basan en la moda de las telas que llegan desde la China, que produce principalmente para el mercado de la India”, explica, remarcando que tanto las cholas como las mujeres orientales, por las características formales de sus ropas, prestan especial atención a la riqueza y al ornamento de las telas, porque se ocupan grandes cantidades de estas. 

Además de la combinación de creatividades, para la elaboración de las prendas se articulan una serie de habilidades y prácticas. La diseñadora Glenda Yañez, que trabaja principalmente en ropa de cholas para fiesta, pone en marcha una cadena de producción diferenciada para cada prenda y detalle. “Le proponemos a la clienta unos dos o tres diseños y opciones de tela para que escoja. Luego, se empieza la elaboración del conjunto. Se manda la tela de la manta al bordador, luego a la flequera. Se le indica a la pollerera cuántas vastas va a tener la pollera. Si es bordada, entonces va primero al bordador. La blusa va a la corselera. Hay un especialista para cada prenda”, explica y añade que todo este proceso puede durar entre 4 y 7 días. 

Glenda Yañez / Facebook

Yañez remarca que su propuesta de moda se dirige a mujeres de diferentes edades. “Hemos implementado moda más juvenil y eso ha hecho que las jovencitas despierten más su interés por volver a vestir la pollera, como sus mamás. Para las más jóvenes, aplicamos transparencias y más escote, hacemos capas en vez mantas y utilizamos mucho macramé, que está de moda. Nuestros conjuntos para señoras no tienen tanto escote y son de colores un poco más sobrios”. 

Ya sea a partir de la diferencia etaria, de los gustos estéticos o las funcionalidades, o desde creatividades más o menos articuladas, no podemos hablar de la vestimenta de chola como una unidad cerrada que se repite y se aplica en todos los cuerpos y en todas las mujeres de pollera. Hablar de las cholas paceñas y no de la chola paceña parece una vía necesaria e iluminadora para atender las particularidades de cada diferencia. Están quienes visten la pollera para su trabajo en la televisión, las que la visten para las fiestas patronales u ocasiones especiales, las que adoptan la pollera para acceder a un trabajo o a un cargo político, las que llevan la pollera para trabajar diariamente. Están las mujeres que dejaron de usar pollera por las mismas razones que las anteriores. Lo cierto es que todas ellas son parte de una sociedad que aun las discrimina, en la que el racismo y el machismo a veces se encuentra con el control social y la censura, a veces toma la forma del insulto, otras la de la objetualización y el mercado. Un escenario complejo en el que la frase “Jallalla las mujeres de pollera” es una reivindicación, pero también una interpelación.

 

  • Mary Carmen Molina Ergueta es investigadora y editora en literatura y cine. Gestora y productora de proyectos para la circulación y difusión del audiovisual boliviano; es parte del Festival de Cine Radical. Tiene investigaciones y publicaciones sobre poesía boliviana y sobre literatura escritas por mujeres. Desde 2017 escribe y reflexiona sobre moda e indumentaria, prácticas de vestimenta vinculadas con identidades e imágenes.

 

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