CARTELERA: 2020, una Odisea en el cine

domingo, 27 de diciembre de 2020 · 00:00

Lourdes Reynaga

1917 (Sam Mendes, 2019) llegó a la pantalla grande en Bolivia poco antes de que iniciara la cuarentena en su fase más rígida. Fue una de las últimas películas en exhibirse días antes de que cines, teatros, restaurantes, discotecas, tiendas y afines tuvieran que cerrar sus puertas al público. No parece casual que una de las últimas películas que pudimos disfrutar como se debe (en pantalla gigante, con sonido envolvente, en una sala que nos impida levantarnos e interrumpir el transcurso de la historia), haya sido justamente una que se enfocaba en la guerra. No parece, pero sí fue casual. Fue absolutamente accidental que, a través de una fotografía bien ejecutada y maravillosa, nos aproximáramos a la historia de dos jóvenes soldados que, en medio de un conflicto bélico inmenso –la Primera Guerra Mundial–, arriesgaron sus vidas buscando cumplir una misión de la que dependía la vida de sus compañeros. 

–Qué tremendos los túneles que cavaron los soldados –anunció Gri cuando salimos de la función y nos unimos a la gente que se distribuía por el patio de comidas del Multicine.

–Realmente. Las trincheras, la recreación de los ambientes ha sido excepcional.

No mencioné nada del conflicto bélico que constituía el contexto de la cinta porque, aunque nadie se tomaba aún con seriedad las medidas por la pandemia, hablar de guerras en ese momento, no parecía pertinente.

 

Quizás hubiera sido diferente si la película que acabábamos de ver hubiera sido otra, algo más del estilo de Jojo Rabbit (Taika Waititi, 2019) que si bien retoma el tema de la guerra (esta vez la Segunda Guerra Mundial) y lo hace con momentos y escenas de una brutalidad atroz, permite ciertos respiros que 1917 no permitía. Así, la figura tragicómica de un Adolf Hitler imaginario y amigo del niño protagonista de la historia, consigue que los espectadores perciban un cierto alivio a una trama que saben que no va a terminar de la mejor manera (qué guerra podría terminar bien).

No fue, sin embargo, Jojo Rabbit la cinta que vimos, y aunque 1917 no tuvo desperdicio alguno, en ese momento no podíamos imaginar que esa habría de ser la última película que veríamos en pantalla grande por mucho tiempo. No sospechábamos siquiera todo lo que se cernía sobre nosotras y sobre nuestro mundo, aquello que terminaría por cambiarnos y por alterar el rumbo habitual de la vida cotidiana. Que nos despojaría de personas queridas, que marcaría vacíos cada vez más pronunciados en nuestras listas de conocidos, que nos obligaría a tachar nombres sin permitirnos seguir los pasos marcados en el proceso más físico de la despedida; sin ese mínimo consuelo que un velorio y un funeral aportan en la superación de un duelo.

 

Quizás en aquel momento nos hubiera parecido más cercana la presión del encierro, la ansiedad por sabernos atrapadas y el aprender a lidiar con los demonios internos que acompañaron a buena parte de la población durante la parte más rígida de la cuarentena. Quizás hubiéramos preferido la película The Lighthouse (Robert Eggers, 2019), con la actuación impecable de un Robert Pattinson que todavía tiene mucho que dar y con un Willem Dafoe explotando al máximo cada uno de sus gestos en el fantástico juego de luces y sombras que da un tono impresionante a todo el film. Tal vez hubiera sido reconfortante poder seguir la historia de los dos hombres encerrados, de su paranoia (a veces justificada), para poder reírnos de nosotras mismas y encontrar un alivio –momentáneo, eso es inevitable– para la tremenda tensión que acompañó buena parte de este 2020.

 

Es curioso que las primeras tres películas mencionadas en este recuento anual, hayan sido estrenadas oficialmente el año 2019. Y no es que en 2020 no haya habido estrenos, sino que es más bien simbólico el hecho de que, por un lado, dichas cintas hayan llegado a Bolivia con retraso y, por el otro, el gran vacío de estrenos y distribución, haya representado tan bien el estupor en que la pandemia dejó sumida a prácticamente toda la población mundial.

Y si bien hubo estrenos cinematográficos en 2020, este parece haber sido más bien un año dedicado a las series. Para muestra basta un botón, Gri es fanática de Élite (Netflix, 2020), serie española que sigue a un grupo de estudiantes de una escuela exclusiva. Este año, Élite estrenó temporada, provocando gran alegría entre los fanáticos de las aventuras nada típicas de los estudiantes de Las Encinas. Más crímenes, investigaciones, drogas y personalidades problemáticas con las que fascinarse. Sin embargo, debo admitir que no comparto del todo esta preferencia y si se trata de nuevas temporadas, prefiero algo más del estilo de la ya muy conocida Rick y Morty (Adult Swim, 2020) en la que básicamente vemos una versión animada y disfuncional de la relación entre el Doc y Marty de la saga ochentera Back to the future (Robert Zemeckis, 1985). Y si buscamos nuevas series, apostaría más bien por Close Enough (Netflix, 2020), una serie animada pensada para un público adulto que retrata la vida familiar de un matrimonio millennial.

 

Ya para estas alturas del año, los cines han reabierto y hay incluso estrenos locales que interesa ver. Yo apostaría por Chaco (Diego Mondaca, 2020) sin dudarlo. Aunque la primera película que vi en pantalla gigante en esta nueva fase de ya–no–tan–cuarentena ha sido The craft: Legacy (Zoe Lister–Jones, 2020), que si bien cuenta con cuatro (aspirantes a) brujas como la historia original (Andrew Fleming, 1996), desarrolla una trama completamente distinta con preocupaciones y conflictos mucho más cercanos a las nuevas generaciones. Eso sí, con el maravilloso bonus de David Duchovny nuevamente enfrascado en un conflicto paranormal, tal como los millennials estábamos acostumbrados a ver en The X files. 

 

El 2021 se anuncia como el año con una gran variedad de estrenos, tanto cinematográficos como de series, hay nuevas temporadas que se aproximan y cintas por ser reproducidas. En este sentido, se anuncia esperanzador y amigable. Habrá que ver hasta qué punto cumple sus promesas.

 

Lourdes Reynaga es escritora, crítica literaria y profesora a tiempo completo. Amante del buen chocolate y orureña de vocación, habita en la ciudad maravilla del mundo junto a sus seis hijos “muy amados en los que deposita todas sus complacencias” (sí, tiene seis gatos).

 


 

 

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