PREMIO NACIONAL DE CRÓNICA

La crónica y los consumidores nerviosos

En el mercado mundial del relato, abreviado por las urgencias de un consumidor nervioso cuya atención no soporta más de 3 minutos, ¿puede una crónica de 25 mil caracteres tener alguna esperanza?
domingo, 27 de diciembre de 2020 · 00:00

Cecilia Lanza Lobo

  Comenzada la pandemia e instaladas ya en el mundo digital, lanzamos la segunda convocatoria a nuestro Premio Nacional de Crónica Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, contra viento y marea. Nadie sabía bien qué, cómo ni cuánto tiempo duraría esa situación que habría de cambiar nuestras vidas. Porque ¿cómo reportear desde el encierro si la crónica tiene como base ese “estar” en el terreno casi como condición ineludible, cual felino patrullero? ¿Se llevaría a cabo la Feria del Libro, que era el marco para la entrega del Premio? ¿Podrían venir los miembros del jurado internacional? 

Esas preguntas pronto se transformaron en otras, mucho más de fondo: En el mercado mundial del relato, abreviado por las urgencias de un consumidor nervioso, cuya atención no soporta más de 3 minutos, ¿puede una crónica de 25 mil caracteres tener alguna esperanza? ¿No se trata más bien de traducir los grandes temas de relevancia social a formatos mucho más accesibles para lectores de rápida digestión? Si es así, ¿entramos los medios en el baile que degrada la palabra o que, cuando menos, la relega? ¿Qué lógicas entran en juego? O es más bien al revés: ¿en medio del ruido de la hiperoferta mediática, la crónica pausada, el relato profundo, ese que se toma su tiempo, es más necesario que nunca? 

Esa es la reflexión de fondo como desafío pendiente. Por lo pronto, decidimos confiar en la mera intuición y seguir esa última vía, en contra ruta, casi como un gesto de rebeldía frente al mandato del “algoritmo” que dice que hoy las audiencias piden fast food. Eso es lo que hace algún tiempo el argentino Martín Caparrós llamó “periodismo contra el público”. Hacer un periodismo –terco– que apueste por lo socialmente relevante, por el camino más difícil que es el que nos desafía a buscar respuestas a las preguntas de este tiempo, con  investigación y buenas historias, bien contadas. Esa sigue siendo, por ahora, nuestra apuesta. Y en ella cabe la compañía de nuestros lectores y, en la medida de lo posible, el compromiso de las empresas patrocinantes que entienden que elevar la calidad del periodismo y de la escritura misma en el país es un aporte de esos que solo los visionarios son capaces de ver. 

El Premio Nacional de Crónica Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela dio a conocer los nombre de los ganadores el 15 de noviembre, 2020. Lo hicieron los integrantes de un jurado internacional verdaderamente soñado. Allí estuvieron Gabriela Wiener,  periodista y escritora peruana, esa mujer tremenda, que con la voz dulce y pausada es capaz de enormes revoluciones. Lo mismo que Cristian Alarcón, capitán de tamañas locomotoras como son Anfibia y Cosecha Roja, en Argentina, que lideran hoy mismo las rutas innovadoras del periodismo latinoamericano. Giovanna Rivero, nuestra premiada escritora y el también cruceño Pablo Ortiz, periodista de alto vuelo, junto con la directora de Rascacielos y del Premio.

La calidad de los textos premiados ratifica el sentido de nuestro Premio.
 

Crónica premiada
Viajes de inmigrante 

Nemecio Esquivel Catunta, egresado de Derecho, exestudiante de literatura, verdulero, cartonero, morador da rua.

     Narra las experiencias de trabajo de un inmigrante boliviano –el propio autor del texto– en los talleres de costura en Buenos Aires y Sao Paulo, además de sus afanes literarios, recorriendo ferias y librerías. 

(Fragmento)

Cuando llegué al primer taller, había como veinte personas trabajando. El  primer mes no hice nada o casi nada. Me la pasaba todo el día en la cama, viendo  tv por cable y comiendo gratis (el desayuno, el almuerzo, el té de la tarde y la cena). Lo único que me desagradaba eran los mosquitos y alguna que otra cucaracha. Las camas eran esas que llaman marineras, una sobre otra. Hombres y mujeres  dormían en habitaciones separadas. 

–Seguro debes pensar, ¿esto es Argentina?, me dijo un señor, creyéndome  decepcionado. 

Yo no había pensado en nada. Me daba igual     lo que encontraría. Había realizado el viaje porque en el fondo quería conocer otro país. Solo escuchar el nombre de una ciudad extranjera me daba una curiosidad enorme. Claro que la determinante era generar un ingreso económico. Por lo demás yo estaba cansado de trabajos eventuales y sin sentido. Había ingresado a la universidad, pero no tenía  mucha confianza en terminar la carrera. Esos años estaba viviendo con lo mínimo; apenas conseguía para el pasaje y muchas veces tuve que caminar por horas para regresar a casa. 

–¿Que tal el trabajo? ¿Difícil?, me increpó otra vez.

–No. La verdad no. Es fácil. Solo se trata de ordenar, separar, cortar hilos.  Parece trabajo de señorita. 

Dije eso y se quedó callado. No sabía que yo había trabajado de albañil, de  picapedrero o transportando botellas de gaseosa. 

Este texto fue publicado en la edición digital de Rascacielos el 22 de noviembre, 2020.
 

Los días de la fiebre 
Mauricio Rodríguez Medrano, periodista, escritor, profesor de literatura

Un agricultor y una interna de medicina del servicio social obligatorio murieron por un virus desconocido en Caranavi. A estas muertes les siguieron otras. Esta crónica es un intento por reconstruir los hechos que sucedieron entre marzo y agosto de 2019 a causa del arenavirus que apareció en un pueblo cercano a Guanay y la precariedad del sistema de salud boliviano: una especie de trofeo para quienes detentan el poder.  

Joder lo públco 
Roberto Condori Carita, comunicador social, periodista homosexual, activista

Las maricas habitan la ciudad de diferentes maneras, y en la noche, impulsadas por el deseo y el desafío a la norma heterosexual, se apropian del cine porno; un espacio exclusivo para “heterosexuales”. El mensaje hacia una sociedad intolerante es poderoso; ¡hey, aquí estamos! Y estamos jodiendo tu espacio público, aunque estas maricas clandestinas, que desatan su homo–erotismo en la última fila de asientos de la sala del cine porno, no lo planteen de esa forma.

La rabia convertida en vocación
Adriana Montenegro, economista, socióloga e investigadora

Existen personajes en la historia que son difíciles de rastrear y no por eso son prescindibles. Ella es uno de estos personajes. No se puede pensar el tercer cine boliviano sin su poderosísima presencia, aunque ni siquiera queda clara la fecha de su nacimiento. Este no es más que el intento de una acérrima admiradora por sacar de las sombras a una heroína cuya genialidad fue propulsada durante toda su vida por la rabia y los sueños de un mundo más justo: Beatriz Palacios.

Huellas que ladran 
Max Vino Arcaya, comunicador social, gamer y runner

Emilio Alanoca y Tacha, su perra, se han complementado a la perfección. Este dúo participó en las operaciones de rescate del edificio Málaga en Santa Cruz en 2011, acudió al llamado del deber en el deslizamiento en Chullpakasa en Cochabamba en 2014, estuvo en Puente Armas en Caranavi en 2019 y en el megadeslizamiento en la zona de Llojeta en La Paz en 2019. Cada intervención guarda una historia particular, inolvidable, imborrable como las huellas de Tacha.

La primera mayordoma de la Casa Blanca 
Óscar Leaño Isijara, ingeniero civil, actor de teatro, Premio Nacional de Dramaturgia de Bolsillo, 2012

 “¡Estoy en la Casa Blanca! ¡Yo era ilegal y hoy estoy aquí!”. Nelly Añez ha pasado los últimos 44 años en una tierra que no es la suya. Charolas, platos y copas han visto llorar y reír a esta trinitaria cuya historia recorre más de 6201 kilómetros. Sus sueños son los sueños de todos los migrantes; lastimosamente también son sus pesadillas. Esta crónica es un homenaje a quienes tienen el valor de ser extranjeros toda la vida.
 

 

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