Teatro

Jaque mate. A propósito de Viejos de mi...

Desempolvar una cosa y la otra. El teatro hizo de todo para sobrevivir durante el confinamiento, pero los intentos por reinventarse muchas veces hicieron más evidente el deterioro. Para salvar el teatro hay que actuar de un nuevo modo, dice el creador de El titiritero de Banfield, esta vez desde una novedosa propuesta.
domingo, 6 de diciembre de 2020 · 03:05

Sergio Mercurio

 

“Ahora es jaque mate”, me dijo Severo. Se refería a que, hasta donde sabemos, en la historia de la humanidad ha habido siempre al menos un lugar para escapar. Las guerras mundiales tenían países neutrales. Las pandemias anteriores se centraron en continentes. Hoy no. Hoy estamos sin posibilidad de movimiento. Nuestro contacto con el resto se da apenas porque hemos inventado el internet. Nuestros movimientos se realizan sin movernos. Y eso que nos pasa es algo muy parecido a lo que trata mi última obra. Lo que nos pasa es cierta vejez. No podemos huir, todo el mundo es un lugar inseguro. Y hasta donde sabemos, lo único que parece ser un salvoconducto es: no ser viejo. Creo que tiene razón mi amigo: estamos jaqueados. 

Lo que no sabemos es si ya hemos soltado el rey y está cayendo, o si la comparación es falsa y una, dos, o cien vacunas ya están armando un tablero nuevo donde cada uno será, más o menos, lo mismo que antes del jaque. En el hipotético caso de que hayamos perdido y el rey esté cayendo, puede que lo que estemos viviendo sea la memoria de nuestro tiempo. Una película.  Lo que insistimos en recordar y nombrar como normalidad. Identifico cierta tozudez en decir que queremos el pasado, ignorando que él fue quien nos trajo aquí. Este es nuestro presente, y si buscamos un sinónimo para entenderlo, un  presente sigue siendo un regalo.

Lo que nos pasa es cierta vejez. No podemos huir, todo el mundo es un lugar inseguro. Y hasta donde sabemos, lo único que parece ser un salvoconducto es: no ser viejo. Creo que tiene razón mi amigo: estamos jaqueados. 

La pandemia cuestionó el rol del artista. Lo primero que sentí fue desamparo, me dolió percibir que en una circunstancia como esta, los artistas solo fuimos un grupo de riesgo. El click sucedió cuando asumí el presente como un regalo y cuando recordé mis últimas decisiones. El año 2019 me había despedido de mi antiguo oficio y había vuelto a nombrarme. UI es una sigla que quiere decir Un Ignorante.  Me agrada saberlo y serlo. Creé un espacio en internet que se llama El Jardín de UI. 

En una situación desfavorable para los artistas, Sergio encontró un lugar para seguir creando.

Ciertos trabajadores del teatro se las vieron feas y algunos migraron a lo posible esperando que el pasado se haga presente, pero hubo también cierto panorama teatral que se desfiguró hasta la caricatura. Hubo un desfile de actores expresando cómo extrañaban al público y me llamó poderosamente la atención que  lo hicieran incluso aquellos a los que nunca les importó si había en la platea 80 homo sapiens o una manzana. En ese tiempo los teatros se cerraban y algunos intentaban la versión online. En el afán de sobrevivir se recuperaron antiguos registros fílmicos con el propósito de que cierto público apoye a los actores. En cierta medida y sobre todo al comienzo funcionó el apoyo pero las obra eran productos preparados para registro o evaluación de los sabelotodos del teatro. La exhibición de esos productos en vez de poner a los actores  y al teatro en el ruedo, hizo más evidente su vejez.  Lo que pensé en ese momento lo sigo pensando, para salvar el teatro hay que actuar de un nuevo modo. 

En el afán de sobrevivir se recuperaron antiguos registros fílmicos con el propósito de que cierto público apoye a los actores. La exhibición de esos productos en vez de poner a los actores  y al teatro en el ruedo, hizo más evidente su vejez.

La Amistad

La riqueza, como todos sabemos, consiste en acumular cosas sin valor alguno. Se guarda oro en vez de agua. La alegría en cambio consiste casi siempre en tener con quién. El desafío teatral que enfrenté en mi última obra fue tratar la amistad en la vejez. Primero tuve dificultad de identificar algún material que la represente. Demoré años para advertir una obviedad, para una gran parte de los argentinos, la amistad está siempre acompañada de mates. La llegada de un amigo implica el movimiento de encender el fuego y la preparación ritual de una hierba a la que llamamos yerba dejando atrás la hache. El mate, que en Bolivia representa a una serie infinita de infusiones diferentes al té, en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay se limita al recipiente y también la totalidad del acto. Compartimos la bombilla sin ningún prejuicio o pudor, sorbemos mientras tratamos de escuchar. En mi país, si yo golpeo una puerta y alguien pone una pava no es necesario explicar nada más: somos amigos o vamos a serlo. Me inspiré en los dibujos con arena sobre un vidrio. Demoré años en crear ese tipo de animación. Probé todas las yerbas existentes, todas las marcas, todos los precios, pronto comencé a darme cuenta cómo se movía la yerba en el vidrio de una mesa y aprendí. Llegué a la conclusión de que iba a dibujar lo que uno de los  personaje sentía, el lado profundo, el indecible, el que se puede compartir con aquel que no nos juzgará porque sobre todo nos acepta. Juárez es el viejo que interpreto, es un viejo bruto, un viejo de mi…  que descubre que puede dibujar porque se le cae el mate sobre la mesa y ve que el azar hizo un dibujo. Ese es el teatro que quiero hacer, el que muestra lo invisible.

Filmé la obra con dificultades, en virtud de la pandemia. Llamé a algunos de mis amigos que en un plan casi guerrillero entraron en silencio a una casa y actuaron menos de 2 minutos para que una parte fundamental de la obra suceda. Todos y cada uno de ellos acudieron a mi llamado para participar durante un minuto. Algo me dice que esta versión es mejor porque está hecha de lo mismo que nombra. La amistad es el asunto esencial de la filosofía de Spinoza. En sus últimos años, cuando fue desterrado de su comunidad por creer en un Dios amigo, se retiró a las afueras de Amsterdam, allí pasó sus últimos años intentando cuadros, lustrando lentes y terminando su ética. En medio de la pobreza que había elegido, no le faltaron jamás los amigos, gente que incluso ni siquiera podía comprenderlo pero eligieron acompañarlo. 

El día después de la filmación, uno de mis amigos me preguntó para qué era eso a lo que yo lo había convocado. Le expliqué entonces lo de la obra pero me quedé pensando que solo escuchó mi llamado y vino. Esto me deja perplejo y me pregunto si alguna vez podré ser un poco como mis amigos son conmigo.


Viejos de mi...

Juárez y Juanito son los protagonistas de la obra,  dos viejos que viven juntos en una pensión y de pronto, de un día para el otro, uno de ellos comienza a perder la memoria. Viejos de mi… es un jaque mate, es el esfuerzo de un viejo para recuperar a un amigo que se está yendo. Me valí de mi experiencia en el cine para no filmar una obra de teatro, y me valí de mi experiencia en el teatro para no hacer una película. Es algo para ver en la tele con la familia y tal vez con algún amigo.  He tratado de que la cámara sea el ojo de un espectador ansioso. Activo y presente. Está grabada con la técnica del plano secuencia porque siempre he sentido que de esa manera un espectador mira una obra. El teatro que me gusta ver es, para mí, aquel donde de pronto tomo conciencia de que he respirado y coincide en que la obra emociona o termina.   

El estreno de Viejos de mi... sucederá el día 12 de diciembre en toda Bolivia, gracias al Teatro Nuna y con el apoyo de gente de teatro de todo el país. Mis amigos bolivianos. El día 13, un día después de la exhibición, voy a estar presente en un encuentro virtual para poder verles la cara a aquellos que respiraron al final. Esperaré ese futuro encuentro, como un presente.

  • Sergio Mercurio se considera autodidacta. Es escritor, cineasta, director y actor de teatro.

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