DISEÑO Y COMUNICACIÓN VISUAL

Bolivia inconmensurable

domingo, 16 de febrero de 2020 · 00:05

Galo Coca

Universidad Católica Boliviana

Diseñar en Bolivia parece un sueño para los productores, pero en realidad es una oportunidad de revertir el daño ecológico, valorar nuestra memoria y nutrir las culturas.

Hoy vivimos en un mundo homogeneizado, inundado de información y estímulos dirigidos al entretenimiento vano y la satisfacción inmediata. Todo carece de sentido y contenido en un mundo esterilizado para su propio consumo.

Los objetos de deseo son moneda de cambio, estilos de vida y accesorios innecesarios convertidos en metas de bienestar y estatus. Síntomas de una sociedad adormecida, disfuncional y acrítica.

Somos un país en permanente reconstrucción y mejora, pero dejamos morir nuestra incipiente industria por falta de políticas estatales que protejan las iniciativas locales, la mano de obra, la creación y el diseño. Las importaciones masivas de productos foráneos, la preferencia por lo enlatado, el mercado negro de importaciones y el comercio de ropa usada determinaron el fracaso de la producción hecha en Bolivia, crearon la cancha para una competencia desleal.

Los oficios como tejer, bordar, moldear, trabajar metales, plumas o flores, fueron puestos a un lado para permitir a las industrias tomar su lugar. La repetición de formas comerciales, la falsificación de marcas, las copias, malas apropiaciones o malas construcciones sólo resultan en un impacto negativo, poco ético y destructivo.

Todo esto ocasiona la pérdida de fuentes de trabajo, la desaparición de tradiciones y el consumo inconsciente, nocivo con el medio ambiente: sin duda, un panorama desalentador. Debemos reflexionar sobre nuestra producción, observar sus procesos empíricos y entender las razones por las que los profesionales son menospreciados.

Por otra parte, debemos valorar la diversidad y riqueza natural. Un poco antes del desastre natural ocurrido en nuestra Chiquitania y Amazonia, Bolivia era considerada uno de los países con mayor biodiversidad del mundo. Ello, sumado a la gran riqueza cultural, hacen de Bolivia una fuente infinita de recursos, inspiración y motivación para generar innovaciones tecnológicas y aportes ideológicos.

Los oficios como el tejido, la cerámica, la orfebrería, el arte plumario, la cestería o el trabajo en cuero gozan de una larga historia y tradición, que persiste gracias a un delicado vínculo con la contemporaneidad, en nuevas expresiones, altamente creativas y propositivas, que buscan innovar las formas y repensar los oficios. Allí encontramos una lucha constante contra la homegeneización del mundo globalizado.

Uno de los grandes potenciales de esta diversidad son sus fuertes identidades, la existencia de comunidades con rasgos únicos en el universo, que se traducen en expresiones particulares en diversos lenguajes, desde la gastronomía hasta el uso de los espacios colectivos.

Fruto de la larga historia de las culturas y sus oficios en territorio americano, hoy contamos con un vasto imaginario visual, recursos retóricos que son también una infinita fuente de trabajo para aquella mano de obra que se especializó en diferentes labores, propios de sus lugares, comunidades y familias.

Vivimos en una coyuntura donde se reflexiona sobre nuevas formas, nuevos modelos de producción y coherencia entre territorio, sociedad y ecosistema. Las comunidades creativas, la economía naranja, la recuperación de la memoria de los oficios, la relación entre territorio e identidades, y los paradigmas del vivir bien y la ecología son algunos ejemplos.

Diseñar para vivir mejor supone procesos complejos, y la educación es el desafío principal, ya que se requieren enfoques simultáneos y complementarios, como el uso ético de recursos y recuperar el criterio de diseño para toda la vida, oponiendo bienes heredables a la descartabilidad programada.

Gran parte de los productos utilizados en la vida cotidiana son importados. Para mejorar los modos de vida colectivos en términos de economía y ecología, es necesario optimizar el uso de recursos, y esa es una reflexión que pueden aportar los profesionales del diseño en diálogo con maestros de oficios.

Esto podrá generar productos, marcas e identidades comerciales con personalidad, que serán atractivos para poblaciones amplias y diversas que buscan características afines a las filosofías del fin del mundo. Como bien expuso este año el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, si no revisamos el comportamiento de nuestra huella ecológica, en un plazo mediano el daño ambiental será irreversible para la humanidad y permanente para el planeta.

En Bolivia, varios diseñadores reflexionan y crean desde sus vínculos con sus territorios y comunidades cercanas, que producen desde la diversidad, desligados de los afanes de copia de las tendencias globalizadas, y valorando la autenticidad. Un ejemplo de ello es revisar las gráficas de textiles precolombinas para aplicarlas a nuevos soportes, o reinterpretar la vestimenta de la mujer de pollera en forma y tecnología. Un amplio espectro que denota creatividad e innovación.

Las plataformas de desarrollo de experiencias y propuestas, donde se reflexiona sobre formas tradicionales de los diferentes oficios locales y se revisan opciones tecnológicas para aplicar procesos creativos diferenciados de las industrias masivas, son una innovación dentro la coyuntura local. Resulta necesario pensar e investigar soluciones productivas que observen su huella ecológica y planteen formas novedosas, apuntar hacia la creación de piezas únicas que puedan ser conservadas por generaciones.

Desde sus primeras experiencias, el Mercadito POP supo brindar un trabajo horizontal y positivo de desarrollo de ideas a la comunidad creativa y empendedora. Su impulsora, Gabriela Durán, junto a diseñadores, artistas, artesanos y un amplio equipo, lograron generar, a lo largo de los años, una opción coherente con la comunidad local, en un proceso donde participan muchas manos y se inventan pensamientos, poéticas, materiales y tiempo.

El presente texto fue tomado del libro memoria Mercadito POP, hábitat para una economía creativa.

[*] Gabriela Durán es fundadora, productora y gestora del Mercadito POP.

 

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