Editorial

El corazón de Túpac Katari

domingo, 1 de marzo de 2020 · 00:03

 “A mí solo me matarán..., pero mañana volveré y seré millones”, habría sentenciado Julián Apaza, el caudillo aymara, mejor conocido como Túpac Katari, antes de morir. Había liderado el más largo cerco a la ciudad de La Paz (1781) en su intento por liberar a su pueblo de la opresión española.

Túpac Katari fue vencido, descuartizado y sus restos esparcidos por todo el altiplano, pero su revolución no fracasó. Ni entonces ni ahora. Porque el espíritu libertario finalmente triunfó, y porque ese espíritu sigue latente, es decir atento. Y decir latente es literal. Porque dicen que el corazón de Julián Apaza yace enterrado debajo del Sagrado Corazón de Jesús, allá en El Alto, y es allí mismo donde se han instalado, quién sabe desde siempre y como designio de la Pachamama, curanderos de todos los males. 

Por eso mismo, cuenta la historia que ese monumento cristiano fue erigido para enderezar las costumbres indígenas y, como ley universal de la rebeldía, ahí crecieron las raíces hondas y poderosas de la tradición aymara que cura penas y dolencias con el poder de otros mundos. 

Érase una voz El Alto es una crónica de Ernesto Calizaya que, a partir de ese lugar, extiende el sentido del poder revoltoso y atento –latente– de los alteños que, como decía Túpac Katari, fueron y son millones. De ellos, seguro no habrá ninguno que no haya recibido la bendición de algún curandero de la zona del Corazón de Jesús que, a propósito de este texto, habría que rebautizar, inmediatamente, como el Corazón de Túpac Katari. 
 
 

Cecilia Lanza Lobo
 

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