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Felicidad y placer: menos es más

domingo, 1 de marzo de 2020 · 00:07

María José Calderón

Hay temas que se han convertido en mantras modernos: por un lado, la búsqueda menos hedonista de la felicidad, y, al mismo tiempo, casi contradictoriamente, la búsqueda del placer en las cosas simples. No son lo mismo, aunque se parecen.

Pasa algo parecido con el orden y la limpieza, que son incluso tendencias y temas de influencers o gurús, como la célebre japonesa Marie Kondo. Más o menos a eso va el libro Una nueva vida con plenitud, de Lucia Giovannini. 

Mientras lo leía no podía dejar de pensar en la similitud que hay y cómo nos sentimos ante espacios limpios y organizados, y cómo ellos influyen en nuestro bienestar/felicidad.

Giovannini dice que la felicidad “surge cuando nuestras acciones contribuyen a una mejora en nosotros y en el mundo que nos rodea, cuando proporcionan un significado a nuestras vidas, cuando nos dirigimos hacia el cambio evolutivo. La felicidad se desarrolla a través de acciones correctas o inversiones que permiten acumular capital emocional y mental”; mientras tanto, el placer es “cuando saboreamos algo, una buena comida, un buen vino, y es momentáneo. A pesar de que probablemente sea capaz de inducir un estado positivo, desaparece tan rápidamente como desaparece el estímulo externo”.

Ahí es donde yo encuentro la relación con estos otros dos conceptos: el orden y la limpieza. Como la felicidad en la definición de Giovanini, son acciones a largo plazo, que no solo están enfocadas a espacios como el hogar, sino en cada lugar donde nos desenvolvemos: un reflejo de quiénes somos y cómo convivimos. 

A muchos, el desorden y la suciedad les estresan y causan depresión. ¿Alguna vez han escuchado hablar de los acumuladores? Creen ser felices en el caos porque no quieren deshacerse de sus cosas, cosas que sólo por instantes les causan “placer”, pero al final del día lo único que hacen es ocupar un espacio y en ocasiones espacios que ya no tienen. El desenlace es motivo incluso de reality shows y sesudos análisis psicológicos.

Pero lo cierto es que, aunque nos llamemos ambientalistas, muchas veces compramos cosas que no necesitamos por el simple hecho de que nos gustan o por llenar un vacío, en muchos casos  emocional. Créanme, así lo viví. 

Por qué no preguntarnos: ¿Realmente lo necesito? ¿Voy a utilizarlo? ¿Qué espacio ocupará en mi casa, tengo uno asignado? Si tengo algo similar, ¿reemplazará al anterior o simplemente es para llenar algún vacío en mi vida?

Un buen tema para pensar es si la felicidad y el placer son acumulación. Si la respuesta es sí, hay un motivo para pensar. Aprendamos a cambiar nuestro estilo de vida a través de dos palabras: crecer y aprender. “Cambiamos a medida que crecemos y mientras tanto aprendemos y desarrollamos nuevas capacidades, ideas y comportamientos. Las mismas cosas que aprendemos, las experiencias que vivimos, nos cambian” (Lucia Giovannini).
 

 

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