Ojo al parche

Viajes sin fin / CARTELERA:

domingo, 15 de marzo de 2020 · 00:07

Adrián Nieve

VIAJAR EN LA  PARTE TRASERA  de una camioneta que marcha hacia el atardecer me hace pensar en el video Scar Tissue de los Red Hot Chili Peppers, donde vemos a los miembros de la banda golpeados y magullados, recorriendo una carretera yanqui al son de una guitarra triste y melancólica. Siempre me ha gustado este video. La canción es buenísima, y lo más genial es que podemos imaginar una historia por detrás. Nunca se explica por qué los Red Hot están en ese estado. Su viaje por la carretera se transforma en una especie de escena post créditos: cómo se vería ese viaje sin fin hacia el atardecer.

Por lo mismo me encantan las road movies, esas películas con historias de viajes por carretera en que los protagonistas se transforman y descubren nuevas perspectivas durante el largo camino que recorren. Todos hemos visto al menos una. Easy Rider (1969), Thelma and Louise (1991), Mad Max (1979), Y tu mamá también (2001); todas clásicas entre clásicos, pues cada una de ellas supo sumergirnos en diferentes fantasías y realidades de la carretera y del vivir. La road movie no es un reflejo de la vida, es más bien un retrato acerca del vivir.    

Por eso adoro Mi socio (1982, Paolo Agazzi. Comedia, drama), la primera road movie boliviana, que en una época terrible tuvo el acierto de ser una comedia. Con las dictaduras, los asesinatos y el ambiente político en general, las cosas no estaban muy para reír que digamos. Pero he ahí que llega Mi socio y se convierte en un éxito taquillero, lleno de gags y situaciones tan graciosas como enternecedoras. Las aventuras del Brillo, el Vito y el camión llegaban a un público muy diverso que quería reír con la relación de un camba niño y un colla viejo recorriendo paisajes bolivianos como ninguna otra película de ese entonces.

Porque fuera de las risas, ese fue el gran acierto de Mi socio: salir de La Paz y mirar a Bolivia en el cine, sin enfocarse tanto en lo indígena, mostrando más bien la vida de las clases trabajadoras, sin pretensiones políticas o sociales. Mi socio (1982) va más allá de la ciudad con una trama de amistad y solidaridad que no entrega excusas ni reivindica a nadie. En este filme los cretinos son cretinos, pero también lloran. Son hombres trabajadores, mujeriegos, machorros, pero capaces de una ternura que solo el alcohol puede desbloquear. Un resumen boliviano, aún hoy. 

Y si bien la continuidad se siente algo forzada con esta estructura de flashback que tiene, la historia sigue siendo tan entendible como conmovedora. Eso fue logrado por la música de Alberto Villalpando, que permitió a los bolivianos de los años ochenta conocer Bolivia y a los otros bolivianos, mientras veían una graciosa película con un magistral David Santalla bajo el mando de un osado Paolo Agazzi  Esta semana toca ver el estreno de Mi socio 2.0, que ojalá también sea un buen viaje.

6 películas para dejarlo todo y subirte a tu auto

1Little Miss Sunshine. 2006, Jonathan Dayton y Valerie Faris. Drama, comedia. La familia es una pesadilla; que nadie les diga lo contrario. Pero son una pesadilla que nos representa, incluso en los aspectos más disfuncionales. Y esta es una graciosa historia sobre el viaje de una familia muy disfuncional.   

O brother, where art thou? 2000, Joel & Ethan Coen. Drama, comedia. Los Coen logran ambientar La Odisea en el Estados Unidos de 1937, siguiendo el viaje de tres reos que se cruzan con equivalentes a las sirenas, el cíclope y otros peligros más propios de un país donde ser parte del Ku Klux Klan significaba ser una persona de bien.  

3 American honey. 2016, Andrea Arnold. Romance, drama. La respuesta a cómo son los caminos en la actualidad la responde este filme que sigue a Estrella, una joven que escapa de casa y viaja por su país de fiesta en fiesta, descubriendo sus propios límites en una película hermosamente filmada.  

4 Fear and loathing in Las Vegas. 1998, Terry Gilliam. Drama, comedia. Un viaje dentro de un viaje. Dos hombres drogados en un auto camino a Las Vegas nos traen una experiencia visual y reflexiva que quiere volarnos la cabeza y sobrecargar nuestros sentidos. Y aunque no siempre lo logre, sigue siendo un filme que vale la pena mirar.     

5 Almost famous. 2000, Cameron Crowe. Comedia, drama. Un quinceañero de los años setenta se hace pasar por periodista para entrevistar a su banda de rock favorita en un viaje que le muestra el poder de la fama, los amores juveniles y la música, siempre jugando con la nostalgia.   

6 Paris, Texas. 1984, Wim Wenders. Drama. Lo cierto es que gran parte de los viajes significativos de la vida real se parecen a este poderoso filme. Soledad, dolor, miedo y arrepentimiento se mezclan al mostrarnos a un hombre al límite de la apatía en una historia que no deja indiferente a nadie. 
 

 

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