DISEÑO Y COMUNICACIÓN VISUAL

El arte de la caligrafía (1RA. PARTE)

¿De dónde vienen nuestras letras? Desde la consolidación del alfabeto latino hasta hoy, con miles de tipografías en formato digital, podemos afirmar que las letras son un pilar del diseño gráfico y la comunicación visual.
domingo, 22 de marzo de 2020 · 00:05

Josefina Matas
Universidad Católica Boliviana

La aparición del alfabeto es sin lugar a dudas uno de los logros más importantes de la humanidad. Los primeros sistemas lingüísticos visuales como la escritura cuneiforme de Mesopotamia y los jeroglíficos egipcios tenían una gran complejidad que limitaba el acceso al conocimiento de gran parte de la población. Con el paso del tiempo griegos y romanos avanzaron en la creación del alfabeto, siendo los romanos los que dieron un gran salto en la escritura, puesto que las letras lapidarias halladas en Roma, ubicadas en la columna Trajana, constituyen la base de la que se derivan todos los estilos de letras.   

Desde el fin del Imperio Romano aparecen los manuscritos y es Carlomagno el que, bajo la idea de reconstruir el Imperio,   a través de un equipo de calígrafos implanta la llamada escritura carolingia como unidad formal de expresión en toda Europa. Esta escritura trazada con una pluma cortada en sección es el origen de nuestra actual letra minúscula (Satué, 1988, 23). A esto se le suma otro poderoso lenguaje establecido a base de signos: la escritura musical. Fue el monje Guido de Arezzo el que codificó y sistematizó el uso de las líneas del pautado musical, estableció las notas de la escala diatónica y colaboró en la construcción de un complejo y minucioso sistema para fijar sonidos (Satué, 24).

En el siglo XII, Europa se sometía a grandes cambios: la burguesía urbana crecía en importancia y en poder, lo que permitía la edificación de las grandes catedrales, símbolos de la época. Y en el mundo de la caligrafía los scriptoria y las universidades abandonan la minúscula carolina (litera antigua) para adoptar la letra gótica (litera moderna). El paso de la carolingia a la gótica se da de manera gradual surgiendo un tipo de escritura que se puede llamar de transición. En esta evolución, la carolina clásica se convirtió en carolina tardía, después en gótica primitiva y luego en gótica propiamente dicha (Mediavilla, 149).

Con la llegada del Renacimiento y fruto de la evolución cultural, al igual que en las artes en toda Europa hay una adaptación a la estética gótica en lo que a la escritura se refiere. Sin embargo, en   Italia las fracturas de las formas góticas no armonizan con el esquema cultural vigente y es en la Universidad de Bolonia donde se recrea la letra gótica bajo la forma de gótica de suma o rotunda (Mediavilla, 188). Heredera de la carolina, la minúscula humanística se ilustra a la perfección durante el Renacimiento italiano, sobre todo bajo el impulso del notario florentino Poggio Bracciolini (1380-1459), quien puede ser considerado el inventor de la escritura humanística también llamada lettera antica formata. Además, en este periodo aparece la lettera antica corsiva (1416) que en la mayoría de los casos aparece como una escritura ligera, casi recta, que se distingue por la aparición de trazos de ligado y por una disposición más apretada de las letras, sin embargo con el paso de los años y por efecto de la aceleración de la pluma, esta escritura adquirió una inclinación más pronunciada y vio afirmarse su aspecto cursivo, pasando de la escritura humanística a la escritura cursiva y de la cursiva a la cancilleresca (Mediavilla, 194 -195).  Y es esta letra la que hemos heredado y nuestra escritura del día a día está influida por ella.    

BIBLIOGRAFÍA

Mediavilla, Claude (2005). Caligrafía: del signo caligráfico a la pintura abstracta. Campgrafic: Valencia.

Satué, Enric (1988). El diseño gráfico: desde los orígenes hasta nuestros días. Alianza Forma: Madrid.

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