TERCER MOLAR

Un finde nórdico

Un encierro sin desperdicio. Zambullirse en la historia ficcionada y cazar dos megapájaros de un tiro: Vikingos y The Last Kingdom. Puristas abstenerse.
domingo, 22 de marzo de 2020 · 00:09

Willy Camacho

Por algún tipo de prejuicio, creía que las series de ficción de History Channel tendían más hacia los documentales históricos. Es decir, esas series en las que por cada tres minutos de escenas actuadas hay siete minutos de datos históricos y testimonios de expertos. Pues eso pensé hace años, cuando History anunció el estreno de Vikingos, y ni siquiera le di una oportunidad.

No fue sino hasta este año que, al percatarme de que Vikingos estaba en el catálogo de Netflix, decidí “gastar” unos minutos para ver de qué iba el argumento. Y todos mis prejuicios se desbarataron. La serie no solo es una megaproducción, con actuaciones sobresalientes y una trama bien pensada, en la que se entrecruzan historias individuales en el marco de una historia mayor; además de toda la acción y la sangre, aborda temas que fácilmente pueden transponerse a situaciones de nuestro tiempo, como la lucha por el poder o, y sobre todo, el fanatismo religioso.

Los personajes son complejos, especialmente el protagonista de las primeras temporadas, Ragnar; y el guionista, Michael Hirst, ha sabido darles el tiempo suficiente como para que cada uno tenga un destaque y podamos presenciar la problemática interior que determina sus acciones. Las digresiones están bien calculadas y en pocos casos se tornan aburridas.

Pero bueno, ya que estaba con la fiebre vikinga, me animé a seguir con otra que va por el mismo rumbo: The Last Kingdom, también en Netflix. De entrada, me sorprendió toparme con personajes y situaciones similares, nombres y lugares, pero la mayor sorpresa fue que, tras investigar un poco, descubrí que The Last Kingdom es más fiel a la historia real que Vikingos. Vale decir que History sí había apostado por la ficción total. Es que Hirst mezcla personajes, hace convivir a gente de distintas épocas, con lo cual consigue mayor dinamismo en el desarrollo de la trama y de las relaciones entre personajes (claro que algunos puristas seguramente protestarán por la falta de rigurosidad histórica).

The Last Kingdom, basada en una saga de novelas de Bernad Conwell (The Saxon Stories), se centra en un personaje y el argumento avanza vertiginosamente; no hay tiempo para distraerse en conflictos internos. Esto puede agradar a los amantes de la acción, pero, para mi gusto, le resta profundidad al guión. Por otra parte, es evidente que el presupuesto de Vikingos es ampliamente superior (tan solo en las escenas de batallas se nota la diferencia: en Vikingos los planos abiertos abundan, pues la cantidad de extras así lo permite, mientras que en la otra serie se compensa esa carencia con batallas mucho más breves y con planos cerrados).

En todo caso, ambas series proporcionan buenas horas de entretenimientos, sin pérdida, y son una elección adecuada para un maratón de fin de semana. Si me preguntan, les recomiendo empezar por Vikingos.
 

 

 

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