MAnGO DE OZ

Si, case, te he sido infiel

¿Habrá temor más terrible que comprarle a una casera sin que te pesque la otra?
domingo, 8 de marzo de 2020 · 00:11

Óscar Martínez

Cuando llegas a la U por arriba de la calle 2 de Obrajes, le compras agua y puchos a la Chabela, porque ni cómo evadirla para ir donde la Martita. Pero desde abajo, la Martita te pesca infraganti, mirándote desde su puesto y achina los ojos con rencor haciendo como que no te ha visto.

La próxima que llegas desde la esquina de abajo de la calle 2 y te la encuentras face to face, te chantajea emocionalmente preguntándote (llorando, enjugándose las lágrimas con su mandil y todo) que qué siempre ha hecho para que te vayas al puesto de esa gorda perversa.

Entonces, como no soportas (gracias a tus cien millones de traumas amorosos) los dramas ni los escándalos, le compras agua y puchos y prometes –mirándole a los ojos– no volver donde la Chabela, nunca más.

Pero para tu mala suerte, la Chabela te había visto con su espejo retrovisor detector de caseros infieles, así que cuando vas a su puesto, todo hecho el gil y al apurado porque el trufi te deja arriba, te mira de pies a cabeza como si no te conociera y sin quitar la vista de su tejido, te manda (directa e indirectamente) a la mierda y sube huazamente el precio de los puchos y el agua, culminando todo con un: Si quieres nomás o mejor andá donde tu otra casera. Dejándote con el billete al aire y con el corazón en el culo. Punto.

Así es la vida del casero infiel de la Católica, un estrés, por donde se llegue.
 

 

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