Croniquita / #DíaDelNiño

El Eddy "Chascas". De “niño de la calle” a chef internacional

A sus 11 años, Edwin Gutiérrez se marchó de su casa para vivir en las calles de La Paz. Y con la misma determinación con la que huyó de la violencia doméstica, dejó la calle, entró a un hogar de niños y se hizo chef. Hoy vive en Londres y se ha convertido en "una máquina de hacer dinero" para ayudar a los niños como él.
domingo, 12 de abril de 2020 · 00:07

Cecilia Lanza Lobo

 

Se miraron un buen rato, frente a frente. Claudia volvió a preguntar:

–¿Lo reconoces?, ¿sabes quién es?

Johnny lo miró otra vez y finalmente estalló:

–¡El Eddy Chascas! (greñas)

Y se abrazaron apretando los puños, los ojos mojados. Tal vez hubieran llorado en paz sino hubiese sido por tantos mirones, tantas cámaras que vinieron a registrar el milagro de la sobrevivencia en un mundo tan cabrón.

Edwin Gutiérrez / Foto de Pál Rodahl, del libro "Mestermote"

***

El día que su padre mató a su madre delante suyo y de sus hermanos y llevó a la casa a su nueva mujer, el Eddy Chascas decidió salir a la calle y no volvió nunca más. La violencia cotidiana que se asienta como polvo y se hace costra, tiene un límite. El corazón vuelto piedra, de pronto estalla como dique furioso y el miedo se hace nudo en la garganta. Sólo así, protegido de dolores, se puede aprender a vivir en las calles y dormir bajo un puente, abrigado por una cloaca pestilente.

El Eddy Chascas tenía 11 años. Y desde que se marchó de su casa fue, durante varios años, un niño de la calle. Las cicatrices de su rostro están también en su corazón y se han trasladado a su mirada que de rato en rato deja escapar unas lágrimas cuando a sus 27 años, Eddy recorre el ex parque zoológico, el puente de las avenidas Del Ejército y Del Poeta, en La Paz, donde ha vuelto para mostrar a la televisión noruega esa miseria, nuestra miseria.

Bajo ese puente estaba Johnny, pasado en tíner, igual que hace 15 años. Aquí nada ha cambiado. Por eso, cuando se reconocen, se abrazan con todas sus fuerzas. Uno espejo del otro, memoria e impotencia.

Impotencia la de Eddy porque él pudo y su espejo no. Porque con la misma decisión con la que dejó su casa, el Eddy dejó la pinche calle y se fue al hogar Alalay. Becado estudió cocina en la Escuela Hotelera, trabajó en el Hotel Presidente y un día de esos apareció en la Nestlé de Sao Paulo. Después de un tiempo, tocando puertas con la firmeza del sobreviviente, llegó a ser chef en un hotel de 5 estrellas en esa mega ciudad que por muchos años fue su nueva casa, de la que conserva hasta hoy el acento brasileño del portugués.

Portada del libro que resultó del encuentro entre Eddy y Charles Tjessem, "Mestermote"

Desde allí llegó a La Paz ese junio de 2003, cuando se encontró con Johnny bajo el puente donde solían dormir. Vino a reunirse con el noruego Charles Tjessem campeón mundial de cocina ese año (Bocuse d’Or), por iniciativa de la Fundación Stromme que además apoyaba a la Fundación Alalay, dirigida por Claudia Gonzáles. La idea era reunir a ambos chefs, contar sus historias de vida en sus lugares de origen, a tiempo de conocer la cultura culinaria de ambos países. El anfitrión del lugar compartía recetas y ambos las cocinaban. Así, Charles Tjessem estuvo en La Paz y Eddy Gutiérrez en Oslo. El resultado fue un documental y un libro con los cuales recaudaron dinero para paliar en algo la miseria inagotable de los niños de la calle en varios países del mundo. Lo lograron con creces, pero esa apuesta por el milagro sostenible es demasiado alta. Se necesita la voluntad del Eddy Chascas.

Foto de Pál Rodahl, del libro "Mestermote"

Por entonces, principios de la década del 2000, en Bolivia la cifra aproximada de niños y niñas que vivían en las calles era 900 mil. Un dato tentativo proporcionado por las instituciones privadas dedicadas a estos niños y adolescentes, pues el Estado no tenía datos precisos. Aún ahora la cifra es incierta por las características mismas de esta población que migra permanentemente de un lado a otro. Si ya no se los ve por las calles de la ciudad, no es que ya no existan gracias a la disminución de la pobreza en Bolivia, no. Se sabe que hoy están en El Alto y que efectivamente ya no duermen en las calles sino en alojamientos que el microtráfico de drogas les permite pagar y, claro, hundirse.

Eddy en las Aldeas de la Fundación Alalay en Huajchilla / Foto de Pál Rodahl, del libro "Mestermote"

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Eddy no ha podido deshacer ese nudo en la garganta porque no es posible, aunque ahora sonría como gesto permanente. Pero ha podido demasiado, aunque cargue para siempre una memoria humedecida por el llanto y el abrazo de su amigo Johnny, allí en el puente que un día lo abrigó.

Eddy tiene hoy 34 años y vive en Londres donde llegó como llegó a Sao Paulo. A puro ñeque. El libro de los noruegos le sirvió como carta de presentación muchas veces y así terminó trabajando en los mejores hoteles y restaurantes londinenses. Eddy hizo su vida allá, tiene incluso una casa muy bonita desde donde manda fotos de vez en cuando.  Por lo pronto no piensa volver aunque llega a La Paz a menudo y su acento es ahora trilingüe, intenta ser paceño pero su agradecimiento le sale en portugués y su aire es cada vez más inglés.

Niños del hogar Alalay en La Paz / Foto de Pál Rodahl, del libro "Mestermote"

Cada que llega visita a Claudia y a sus hermanos menores que son todavía decenas en el hogar Alalay. En una de sus últimas visitas cocinó para ellos un superfood, dijo con la “o” estancada. -¿Qué vas a cocinar?, le pregunté y siempre sonriente dijo –No sé, ahí vemos. Pasamos por el mercado, compró varias cosas muy sencillas y ya en la Aldea de Huajchilla preparó una súper ensalada con la ayuda de un montón de niños y niñas que lo miraban riendo como ríen los niños, incrédulos ante la historia del Eddy Chascas que es para ellos un cuento todavía lejano pero no imposible. Entre ellos habrá, seguro, más de un Eddy. De hecho, como lo hizo él un día, ellos dejaron la pinche calle y están ahí.

Eddy, el día que cocinó su "superfood" con los niños y niñas de Alalay, en 2017

Eddy estuvo en La Paz hace un par de semanas nuevamente. Al teléfono me dijo “Me he vuelto una máquina de hacer dinero” y rió travieso. Como siempre, estaba esperanzado. El Eddy Chascas tiene un millón de proyectos y todos son para Johnny, ese espejo que todavía está en algún rincón de esta ciudad esperando su abrazo.

El Eddy Chascas tiene un millón de proyectos y todos son para Johnny, ese espejo que todavía está en algún rincón de esta ciudad esperando su abrazo.

 

  • Cecilia Lanza Lobo es periodista, dirige la revista Rascacielos de Página Siete.

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