CINE

Autocinema en Bolivia. Como en las películas

Cine bajo las estrellas, en la comodidad de tu auto, sin oír las papas fritas del vecino. Más de 100 años después de haberse inventado llega esta modalidad a Bolivia. En Cochabamba y en el país, si algo sobra es ingenio. No sufran, cinéfilos.
domingo, 24 de mayo de 2020 · 00:02

Adrián Nieve

 

Durante unos años, en Sucre, no tuvimos cine. La gente dejó de ir y todas las salas quebraron. Se instaló entonces el paraíso de los locales de renta de videos, que luego heredaron las tiendas de DVDs. Pero para los cinéfilos ese era un infierno, extrañábamos las salas de cine. Porque no es que nunca hubo cine en Sucre, sino que los tres que había no vivieron demasiado, ni al mismo tiempo.

Uno, el Libertad, desapareció de un momento a otro, se saltó la etapa de hacerse un cine porno y terminó directamente transformado en iglesia evangélica. El segundo, el Plaza, sobrevivió a plan de funciones sabatinas para colegiales, pero igual murió sin siquiera haber tenido la ocasión de ser casa del Señor. Y el tercero, el Cooperativa, pasó de nido de ratas a cine porno tan rápido que nadie notó la etapa de iglesia que le llegó precozmente.

Así que en Sucre, algunos nos dedicábamos a soñar con tener un cine. Cualquier tipo de cine. Aunque sea un proyector en un cuarto. Pero ni en mis sueños más salvajes me atreví a pensar en un autocinema. Simplemente no se me ocurrió. Me parecía el tipo de cosas que le pertenecen al pasado, que máximo pillas en Grease o Dos Perros Tontos. O la clase de caprichos que Tarantino se puede mandar porque es un nostálgico bien platudo. Pero resulta que, el año pasado, nació uno en Cochabamba.

Algunos dicen que es el primero en Bolivia, mientras que otros afirman que ya antes hubo en Santa Cruz. No sé cuál será, pero me parece que no podía ser más oportuno. La cuarentena está cada vez más débil y pronto Bolivia estará de nuevo en las calles “reactivando la economía” con una avalancha de ofertas para que las disfruten gente que pueda costeárselas. Los cines, por ejemplo, ya andan anunciando funciones de 4x2, para que nos congreguemos en sus oscuras salas, bien apretujados, para compartir una película. Sí, al diablo el distanciamiento social.

La cuarentena está cada vez más débil y pronto Bolivia estará de nuevo en las calles “reactivando la economía” con una avalancha de ofertas para que las disfruten gente que pueda costeárselas. Los cines, por ejemplo, ya andan anunciando funciones de 4x2, para que nos congreguemos en sus oscuras salas, bien apretujados, para compartir una película.

Pero no en Cochabamba. Al menos no en el autocinema. ¿Te lo imaginas? Yo no, porque no tengo carro. Y si lo tuviera, tampoco sé manejar. Pero, pese a esas dos faltas mías, no se me ocurre un mejor lugar para disfrutar de una película sin tener que estar con un barbijo por dos horas en las que desinfectarás tus manos casi constantemente. 

Con una pantalla de quince metros de largo y sonido sintonizado a través de la radio del auto, los cochalas se han mandado un golazo. Claro, su autocinema no nació como respuesta a la cuarentena, pero qué lindo sería que ahora la iniciativa se replique en todo el país.

A lo mejor porque es algo romántico. Porque es como sentir que Hollywood, esa dulce mentira, a veces se hace realidad. Existen tantas películas con autocinemas que la idea no es rara. Nada más hay que pensar que los filmes siempre han sido esa fuente de fantasías primermundistas que los del tercer mundo usamos para sentirnos más globalizados. Especialmente cuando no había internet. Y recordar que el autocinema es una idea de 1915 que necesitó más de dieciséis años para desarrollarse. Entre encontrar los proyectores adecuados, el sistema de sonido ideal y los espacios para la gente con autos, los autocinemas recién se popularizaron en Estados Unidos allá por 1933. Si Santa Cruz lo  hizo o no en los ochentas, igual, el autocinema cochala es una idea yanqui que más de cien años después está en Bolivia.

E insisto: no podía ser en mejor momento. Sobre todo porque, ya sea por el afán de gastar dinero o por necesidad de ganar dinero, pronto todos saldremos a las calles y en algún punto, tanto los primeros como los segundos, van a necesitar un espacio de dispersión, de fantasías, de compartir, pero con la distancia que nos permita recordar que la pandemia todavía persiste. 

En Estados Unidos se publicitaba los autocinemas como una actividad familiar. La idea era ver películas bajo las estrellas pero en la comodidad de tu auto, desde donde los ruidos de los otros no molestan tanto. Para finales de los cincuenta era la actividad más popular de ese país, hasta los setentas que se hicieron el motel más barato para la juventud en plena revolución sexual. Pero eso último fue durante el declive de los autocinemas, tras muchos años de ser un espacio alternativo para los cinéfilos. El declive llegó cuando todas las condiciones que crearon la necesidad de un autocinema pasaron. Es decir, a finales de los setentas. Más de treinta y cinco años después.

En Estados Unidos se publicitaba los autocinemas como una actividad familiar. La idea era ver películas bajo las estrellas pero en la comodidad de tu auto, desde donde los ruidos de los otros no molestan tanto. Para finales de los cincuenta era la actividad más popular de ese país, hasta los setentas que se hicieron el motel más barato para la juventud en plena revolución sexual.

Lo que es yo, creo que esta es una oportunidad única para que el país gane un nuevo y muy necesitado espacio cinéfilo, pues también espero que algún día recordemos el boom de los autocinemas en Bolivia que vinieron después de los lejanos días de la pandemia.

 

  • Adrián Nieve es un escritor nacido en La Paz y pervertido en Sucre; escribe verdades que también son mentiras. Ha publicado dos novelas y le apasionan el cine, la literatura, los perros, los gatos y la fotografía.

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