Artes

La nacionalidad del arte. ¿Qué buscan los artistas "fuera de la ley"?

A un gobierno nacionalista le corresponde excluir al extranjero, a un gobierno que aspira a la democracia, le corresponderá la igualdad de derechos, y a un país maravilloso le corresponderá aspirar a la ciudadanía global, aunque sea mera utopía.
domingo, 24 de mayo de 2020 · 00:06

Cecilia Lanza Lobo

 

Hace algunas semanas, un grupo de más de 30 artistas extranjeros residentes en Bolivia hace muchos años e inclusive “toda una vida”, cuyo estatus migratorio es la “permanencia definitiva”, volvieron a la carga en su reclamo por iguales derechos, como reconoce ampliamente la Constitución boliviana y distintos tratados internacionales. Demandan, entre otras, básicamente dos cosas: acceder al Registro de Artistas Bolivianos que les otorga algunos beneficios, entre ellos, estar eximidos del pago de impuestos cada que acceden a escenarios municipales o nacionales, y el acceso a esos escenarios. Y dos: reclaman no poder participar en las distintas convocatorias, fondos de fomento y concursos que los excluyen pues éstos se dirigen casi sin excepción a los ciudadanos bolivianos. Ellos, los medio bolivianos, no caben.

Alice Guimaraes, brasileña, actriz del Teatro de Los Andes; Elena Filomeno, peruana, bailarina del proyecto Border; Juan Rodríguez, argentino, titiritero de Paralamano.

Este es un mural pintoresco. Y puede ser fácilmente confundido con buenas intenciones. Es más, digamos que sí, que hubo por ahí un corazón-pro que sin embargo quedó atorado. Un gobierno de alma nacionalista, con líder supremo incluido, aquel a quien sus artistas retrataron, le cantaron y bailaron, y hasta le diseñaron un museo sólo para él, hizo dos cosas: por un lado se la jugó y decidió apoyar a los todos los artistas del país otorgándoles ciertos beneficios para que pudieran sobrellevar su difícil profesión. Para ello creó el Sistema Plurinacional de Registro de Artistas Bolivianos. Lo hizo con una sola excepción: menos los artistas extranjeros. ¿Fue consecuente con su nacionalismo e inconsecuente con su socialismo del siglo XXI? O simplemente se tropezó con una categoría muy particular, ciertamente una excepción: los extranjeros con “permanencia definitiva”, aquellos artistas asentados en Bolivia hace tantos años que de tan bolivianos se volvieron invisibles y entonces quedaron “fuera de la ley”.

Para ello creó el Sistema Plurinacional de Registro de Artistas Bolivianos. Lo hizo con una sola excepción: menos los artistas extranjeros. ¿Fue consecuente con su nacionalismo e inconsecuente con su socialismo del siglo XXI? O simplemente se tropezó con una categoría muy particular, ciertamente una excepción: los extranjeros con “permanencia definitiva”, aquellos artistas asentados en Bolivia hace tantos años que de tan bolivianos se volvieron invisibles y entonces quedaron “fuera de la ley”.

Si son tan bolivianos, dirá usted repitiendo lo que varios dijeron antes, ¿por qué no se nacionalizan? Así tendrían todos los beneficios completos sin tanto pataleo ni tanto papeleo. Pero la cosa, en principio, no va por ahí aunque añade complejidad a este mural de patria chica cuyo corazón supuestamente grande los artistas extranjeros -con permanencia definitiva- ponen ahora a prueba. Pero además, si la condición para gozar de plenos derechos fuese la nacionalización, todo extranjero en Bolivia tendría que hacerlo y no es así ni es necesario pues sus derechos están garantizados por el Estado boliviano. Entonces ¿por qué los artistas extranjeros –con permanencia definitiva- no tienen aquellos mismos derechos que tienen incluso todos los extranjeros en Bolivia?

Entonces ¿por qué los artistas extranjeros –con permanencia definitiva- no tienen aquellos mismos derechos que tienen incluso todos los extranjeros en Bolivia?

El arte callejero, creativo, irreverente.

Al grano: porque su derecho al trabajo tropieza con varios obstáculos, dada la particularidad de su oficio. Y sin trabajo no hay dinero ni aportes a la seguridad social, ni posibilidades de afiliarse a un fondo de pensiones, por ejemplo, y más aún, ni dinero para nacionalizase. No son todos, hay excepciones, hay rubros que permiten trabajos más estables y hay modos de acomodarse a la situación. Pero el fondo es el mismo. ¿Cuál? Una ley que no ampara a todos por igual. ¿Será?

Aquí el mural se embrolla. Porque la ley (CPE) sí ampara a todos por igual pero, por ejemplo, otorga a los artistas nacionales un beneficio: están eximidos de pagar impuestos en determinadas circunstancias (Ley 2206). Entramos entonces en terreno minado aunque no desconocido en un país de pequeñas corporaciones. Por ejemplo ¿podrían los periodistas pedir un beneficio similar? ¿No será que los artistas extranjeros -con permanencia definitiva- están moviendo la cristalería de modo que por buscar igualdad de derechos lo que logren sea retroceder en el beneficio que tienen hoy los artistas bolivianos? Porque si hablamos de igualdad de derechos, pues seamos todos iguales.

¿No será que los artistas extranjeros -con permanencia definitiva- están moviendo la cristalería de modo que por buscar igualdad de derechos lo que logren sea retroceder en el beneficio que tienen hoy los artistas bolivianos?

¡Auch!, mejor dejemos la cristalería quieta. Y digamos que como en el mundo hay matices, circunstancias y particularidades, cada Estado plantea sus reglas de juego. El nuestro se propuso “buscar apertura y mejor oportunidad para los artistas bolivianos”, cuenta el exministro de Culturas Pablo Groux, impulsor del proyecto, y tras “brava pelea” ganada al ministerio de Finanzas Públicas para eximir a los artistas nacionales del pago de impuestos en ciertas circunstancias, aquella institución preguntó ¿cómo saber quién es artista y quién no?. Entonces se creó el Sistema Plurinacional de Registro de Artistas Bolivianos.

He ahí la madre de todas las batallas. Porque aquel registro otorga un cartoncito muchas veces subestimado, cuya importancia se ve precisamente en esta circunstancia y gracias a los “Fuera de la ley” pues, como en todo en la vida, se valora lo que no se tiene: el Carnet del Artista. Un cartoncito que permite a los artistas bolivianos básicamente acceder a los espacios escénicos dependientes de los gobiernos municipales y nacionales, y la exención impositiva (que, como dicen los propios artistas nacionales, no es tan así pues efectivamente están exentos de impuestos cuando usan escenarios públicos, pero en escenarios privados, sólo una vez al año; después, como todos, pagan sus impuestos).

El acceso a esos beneficios como parte de su derecho al trabajo en iguales condiciones reclaman los extranjeros de obra y corazón bolivianos, pero además están hartos de no poder acceder a las convocatorias o fondos concursables que se dirigen a los artistas/ciudadanos bolivianos y nunca los incluyen. No hay un fondo que diga algo así como “se convoca a los artistas bolivianos ‘y’ artistas extranjeros con ‘permanencia definitiva’ en Bolivia”.

Y es que ese estatus migratorio es una cosa “rara” y parece no haber entrado en el encuadre. “No sabía que eran tantos”, “en ese momento eran muy pocos”, “es un estatus algo exquisito ¿no crees?”, dicen varias voces consultadas. El caso es que, por lo menos de momento, efectivamente ellos resultan una “excepción” a la norma, y por muy corazón boliviano que tengan, quedan ninguneados.

María Elena Filomeno / Fotografía de China Martínez

A veces medio y a veces doblemente ninguneados. Y es que aquí caben también particularidades que añaden más hilos a la maraña. De ahí que los críticos de esta situación digan que la razón de las normas es precisamente esa: “las leyes deben ser generales, no particulares”, porque sino tenemos un despelote de cada quien demandando su cada cual. El caso es que en esa batalla, los artistas extranjeros con “permanencia definitiva” en Bolivia han logrado algunas cosas como acceder a  los premios Eduardo Abaroa o a la convocatoria del Focuart aunque no en su totalidad y, por lo menos en La Paz, han logrado que los espacios municipales no les exijan el Carnet de Artista sino simplemente su documento de identidad. Eso sí, en calidad de “extranjeros”, sin ninguna distinción, deben pagar impuestos. Es más, en cualquier circunstancia, si un nacional los contrata debe pagar un Impuesto a las Utilidades de Beneficiarios del Exterior aunque en coro digan que viven, aportan y aman Bolivia desde siempre. Ya, digo, una cosa es el corazón, otra las normas legales. Y otra, la voluntad política.

Marta Monzón, quien lidera esta batalla de larga data, dice que en Argentina, por ejemplo, “las/los artistas extranjeros no son discriminados por su nacionalidad; son inmigrantes y si tienen residencia temporal o residencia permanente, tienen los mismos derechos y obligaciones que los argentinos nativos hagan lo que hagan. Los derechos están consagrados en la Ley de Migraciones y su Decreto Reglamentario y en la Convención Internacional de los derechos de los trabajadores migratorios y sus familiares, que  es la diferencia sustancial. Este soporte legal quizá se deba a que la Argentina tiene un largo historial de corrientes migratorias que han constituido su engranaje social”. Y es cierto. Busque usted convocatorias en Argentina y encontrará que pocas mencionan “ciudadanos argentinos”, simplemente mencionan “artistas” o “personas humanas”, y si lo hacen incluyen “ciudadanos extranjeros con residencia legalmente probada”.

Marta Monzón en la película Las Malcogidas, de Denisse Arancibia

En Bolivia, los derechos de todos los ciudadanos extranjeros están garantizados. Eso dice el papel. En los hechos, su derecho al trabajo digamos continuo, estable, como cualquier otro ciudadano residente en el país, se topa con las barreras ya mencionadas.

Y hay casos en que son doblemente ninguneados. Pues como relata María Elena Filomeno, bailarina, peruana de nacimiento con “permanencia definitiva” en Bolivia hace más de 20 años, tampoco puede acceder a los fondos culturales en su país de origen porque la leyes peruanas le piden dos años de residencia continua en Perú. Y no, ella vive y produce –y ama- en Bolivia donde queda “fuera de la ley”.

Lo mismo sucede con una amiga suya, brasileña de origen, residente en México, cuenta María Elena. Y esto nos lleva al planteamiento inicial –y al desafío-. Y es que este es un mundo de naciones, por muy naciones unidas que se digan. Y allí hay normas que separan la vida en dos: nosotros y ustedes; los míos y los tuyos; nacionales y extranjeros. Allí no hay corazón que valga. Es un asunto meramente legal. Claro que hay estados más deseables que otros, más liberales que otros, más amables que otros. Esos son los que, por lo menos en el arte, han borrado las fronteras. Y ese es el norte. ¿Seremos capaces de alcanzarlo?

Finalmente, este mural pluritutti no es tan complejo. O nos ajustamos a la ley de nación nacionalista que vive la paradoja de decirse multicultural y plurilingüe, o extendemos esa idea al infinito y más allá.

Porque Bolivia ha incluido en sus normas, desde el año 2003, la doble nacionalidad. Pero como las naciones unidas están unidas de boca para afuera, hay algunas que no aceptan la generosidad ajena. Así, si un extranjero acepta la doble nacionalidad boliviana, su país de origen no y entonces pierde la suya. Entonces, lo que queda está claro: se los incluye en la norma y, consecuentes con nosotros mismos, somos el Estado Plurinacional, Multilingüe, Internacionalista, Global e Intergaláctico, como corresponde.

 

  • Cecilia Lanza Lobo es periodista. Dirige la revista Rascacielos.

 

Entrevista

Marta Monzón

Es cuestión de voluntad política

“Los fuera de la ley” titula el documento y el movimiento al que se sumaron varios artistas extranjeros “con permanencia definitiva” en Bolivia, en demanda de iguales condiciones que las de sus colegas bolivianos en el ejercicio de su profesión. Marta Monzón, reconocida actriz de teatro y gestora cultural con más de tres décadas de residencia en el país, lidera la movida. Respondió así a nuestras interrogantes.

Marta Monzón / Fotografía de Cecilia Fernández / Rascacielos

Más allá o además de lo expresado en el documento “Los fuera de la ley”. ¿Cuál es el meollo del asunto desde tu punto de vista?  ¿Es un asunto meramente legal, de modificación de la ley, o cuál es el centro del problema?

Me resulta imposible no aludir de alguna forma a los argumentos expresados en el documento que elaboramos. Solicitar la reversión de la inequidad, no es sólo una cuestión de leyes, normativas o medidas, si no se reconoce que son derechos humanos fundamentales antes que nada. Lo que se tendría que modificar es el Decreto Supremo 1241 (NdE que reglamenta la Ley 2206 sobre la exención impositiva) al cual se le podría incorporar (por ejemplo) una ‘adenda jurídica’ de 5 líneas. Es voluntad política, si se entiende y acepta que formamos parte del tejido artístico y cultural que involucra a artistas de todas las artes y culturas. Es comprensión, amplitud y solidaridad de un sector poblacional y artístico que aún es reticente a tomar en cuenta esta problemática.

¿Son varios, según menciona el documento, pero cuál es el mayor perjuicio para un artista con “permanencia definitiva” en Bolivia?

La no incorporación del nominativo ‘y artistas extranjeros con permanencia definitiva’ al lado de ‘para artistas bolivianos’ deviene primeramente en la invisibilización (¿no somos artistas entonces?); la no eximición impositiva del IVA e IT; si alguien nos contrata debe (debería) pagar el IU-BE – Impuesto a las utilidades a beneficiarios del exterior –. El no otorgamiento del Carnet del Registro Plurinacional de Artistas, conlleva a la no eximición impositiva para acceder a contratos de trabajo, financiamientos, auspicios, solicitud de espacios nacionales o municipales, privados o independientes, no poder postular a ciertos fondos concursables en ciertas líneas del FOCUART en La Paz o al proyecto Ideas Creativas de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. No acceder a la Certificación de Competencias que otorga el Ministerio de Educación, etc. En la actual pandemia sanitaria, no se puede aspirar a las canastas o bonos entregados.

En tu experiencia, por ejemplo en Argentina, ¿qué beneficios tiene un artista “extranjero”?, ¿son los mismos que un local?, ¿hay algunos matices?, ¿tú misma, ahora, tienes algún beneficio en Argentina, por ser artista argentina, aún si resides en Bolivia?

Las/los artistas extranjeros no son discriminados por su nacionalidad, son inmigrantes y si tienen residencia temporal o residencia permanente, tienen los mismos derechos y obligaciones que los argentinos nativos hagan lo que hagan. Los derechos están consagrados en la Ley de Migraciones y su Decreto Reglamentario y en la Convención Internacional de los Derechos de los Trabajadores Migratorios y sus Familiares, que  es la diferencia sustancial. Este soporte legal quizá se deba a que la Argentina tiene un largo historial de corrientes migratorias que han constituido su engranaje social.  

¿Este es un problema solamente o particularmente de los artistas de teatro o de todos los rubros en su misma situación migratoria?

Es un problema que afecta únicamente a las/los artistas con permanencia definitiva de todos los rubros. Es más: de todas las actividades, oficios o profesiones ejercidas por extranjeros en el país, las de los artistas es la única que “goza” de una Ley (NdE Ley 2206) en la que se excluye a quienes tenemos esta condición migratoria. 

El no acceso al Carnet de Artista ¿podría deberse a una omisión involuntaria dado su estatus particular? Es decir, en esa lógica de bolivianos y extranjeros, no se les ocurrió que había también “medio bolivianos” y entonces “se olvidaron” ¿o hay alguna otra razón para no haberlos incluido en ese beneficio?

No, no es una omisión involuntaria, ha sido y es expresa y determinada, de parte de algunas autoridades, de algunos funcionarios y de algunos artistas (dicho y expresado hace una semana en algunos grupos de artistas de algunos departamentos del país). ¿Otras razones? Ignorancia (de la normativa jurídica nacional e internacional); discriminación (si no te gusta andate a tu país); prejuicio (nos roban trabajo); y en casos extremos xenofobia (pura y dura). 

Considerando que este no es el mundo de ciudadanía global, ideal, sin fronteras y maravilloso que todos deseamos, y que cada país tiene ciertas reglas de juego ¿has considerado nacionalizarte?

¡Por supuesto que he considerado naturalizarme! Bolivia es mi segunda matria, pero lo haré cuando ya no seamos discriminados y cuando haya leyes o medidas en donde seamos considerados sujetos con derechos en igualdad de condiciones que nuestros pares bolivianos. Si yo me naturalizara sin tener en cuenta esta situación, estaría validando, aceptando o mirando para otro lado esta ilegalidad y si este tipo de discriminación sentara precedente o jurisprudencia, no nos extrañemos que en otro momento, cualquier gobernante, autoridad o gobierno, pueda tener justificativo para otras discriminaciones tanto para extranjeros como para nacionales también. Por otro lado, considero que la naturalización es una decisión íntima, personal y privada (a nadie se le debe obligar la naturalización para gozar de ciertos beneficios que ya están garantizados en la Constitución), es económica (en este momento tiene un costo estimado de entre 1500 y 1700 USD, por monto del trámite y legalizaciones en el país de origen y en Bolivia) y, por último, es una cuestión ética; muchos países no aceptan que sus ciudadanos tengan otra nacionalidad sin exigirles que renuncien a la propia; no es mi caso, pero soy solidaria.

Finalmente, desde el año 2003, Bolivia permite la doble nacionalidad. Hago el ejercicio: Si ustedes han dado a Bolivia su vida y su arte, Bolivia les agradece y les ofrece adquirir la nacionalidad boliviana sin perder la suya, ¿esa podría ser una opción?

Sería genial si fuera posible. Hay ambigüedades, conozco extranjeros que se han naturalizado pero no se les proporcionan por ejemplo los bonos sociales o el descuento en pasajes aéreos (son sólo para bolivianos nativos), también hay artistas que se han naturalizado y se los sigue tratando de manera despectiva y soez, por (dicen) no tener el derecho de emitir ciertas opiniones sin ser insultados por la procedencia. No es el Estado Boliviano el que posibilitaría la no pérdida de la nacionalidad de origen, sino cada Estado en su propia legislación. La opción primordial es la visibilización, comprensión y aceptación de nuestro rol y aporte a las artes y culturas de y en Bolivia, tanto de gobernantes y autoridades como de la sociedad civil en igualdad ante la ley y no discriminación por nacionalidad, porque nos sigue animando y apasionando coadyuvar juntos a la construcción de un mejor país a través de nuestras artes y culturas. ¡Jallalla Bolivia!

  • Cecilia Lanza Lobo es periodista. Dirige la revista Rascacielos.

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