Artes

No somos extranjeros

Alice Guimaraes, brasileña, del Teatro de los Andes, y Juan Rodríguez, argentino, de la compañía Paralamano, eligieron Bolivia como matria adoptiva hace más de dos décadas. Viven, trabajan, aportan y aman este país. Razones suficientes para pedir ser tratados de la misma manera que sus colegas bolivianos.
domingo, 24 de mayo de 2020 · 00:05

Cecilia Campos Villafane

 

“Si yo adoptara un niño, pero ese niño tuviera también a su madre biológica, quién le va a decir a ese niño que ella o yo no somos sus madres”. Para Alice Guimaraes, actriz que forma parte del Teatro de Los Andes y que vive en Sucre hace 22 años, la situación de los artistas extranjeros residentes en Bolivia, debe entenderse con una lógica parecida.

Llegó por primera vez al país en 1997 para formar parte de una residencia artística que se desarrolló en el Teatro de Los Andes. Trajo con ella su experiencia de 10 años haciendo teatro profesionalmente en su natal Brasil y los años de estudio que desarrolló en Italia y Alemania; luego del segundo taller que tomó con la misma compañía en 1998, decidió quedarse a formar parte de este grupo boliviano, dedicándole dos décadas de trabajo hasta hoy.

“Si yo adoptara un niño, pero ese niño tuviera también a su madre biológica, quién le va a decir a ese niño que ella o yo no somos sus madres”.

Alice Guimaraes en la obra
Un Buen Morir / Fotografía de Alejandro Loayza Grisi.

 

“Siempre que salgo de Bolivia, extraño la llajua profundamente y cuando vuelvo lo primero que pienso es ir a comer una salteña, eso forma parte de mi ser boliviano” cuenta Alice, “y la música, yo disfruto mucho eso; las danzas, los bailes… el Tinkuy, por ejemplo, o una cuequita, me mueven más, me toca el corazón a veces más que una samba, me identifico muchísimo y lo tomo ahora como mío también”.

El Teatro de los Andes, pese a haber sido fundado por tres extranjeros, siempre estuvo en su historia integrado por gente de Bolivia y de muchos otros países, conformando una comunidad de trabajo en la que se borraban las fronteras; es un grupo que a través de sus obras ha estado profundamente identificado con la realidad, la historia y la cultura de este país, siendo formadores de varias generaciones de actrices y actores y convirtiéndose en uno de los hitos fundamentales en la historia de teatro boliviano.

El Teatro de los Andes, pese a haber sido fundado por tres extranjeros, siempre estuvo en su historia integrado por gente de Bolivia y de muchos otros países, conformando una comunidad de trabajo en la que se borraban las fronteras (...)

Alice en la obra "Mar" / Fotografía de David Bejarano.

“Yo tengo el estatus de permanencia definitiva. Nunca me he sentido discriminada como extranjera por el público, jamás por el público” afirma Alice. Sin embargo, siente que son varias las ocasiones en las que el Estado sí lo hizo, a veces por cuestiones burocráticas y a veces porque ha dejado al margen de concursos y fondos de fomento, a artistas de otras nacionalidades, pese a ser residentes en el país, “toda vez que se dice o escribe ‘para artistas bolivianos’ y no se incluye ‘para artistas extranjeros con permanencia definitiva’ estamos excluidos”, plantea.

(...) siente que son varias las ocasiones en las que el Estado sí lo hizo, a veces por cuestiones burocráticas y a veces porque ha dejado al margen de concursos y fondos de fomento, a artistas de otras nacionalidades, pese a ser residentes en el país (...)

Recuerda que en una ocasión, en el Teatro Municipal de La Paz, después de una función de la obra Mar, que aborda un tema sensible y emblemático para Bolivia, ella dijo públicamente que esperaba que el trabajo de los artistas residentes en el país fuera reconocido y valorado por las instituciones y las leyes, al día siguiente el Ministro de Culturas respondió que si querían tener los mismos derechos debían nacionalizarse. “Eso me hizo sentir discriminada” cuenta Alice, porque aquí es necesario hacer una distinción, plantea: “Yo no soy una extranjera, yo soy una residente en Bolivia. Yo vivo en Bolivia hace 22 años, no soy una extranjera que llegó ayer con un trabajo artístico de paso; yo hago mi trabajo aquí hace varios años y aporto económica y socialmente a este lugar”.

Yo no soy una extranjera, yo soy una residente en Bolivia. Yo vivo en Bolivia hace 22 años, no soy una extranjera que llegó ayer con un trabajo artístico de paso; yo hago mi trabajo aquí hace varios años y aporto económica y socialmente a este lugar.

Pensar en la nacionalización no es una opción para ella y tampoco para otros artistas, como Juan Rodríguez, titiritero nacido en Argentina que vive en el país hace 20 años y que junto a la compañía Paralamano ha representado a Bolivia en festivales internacionales de Brasil, México, Corea del Sur, Europa y que, incluso, cuando se trata de festivales en Argentina, asiste en representación de Bolivia.

Juan Rodríguez / Fotografía de la compañía de títeres Paralamano.

Son varias las argumentaciones que se plantean para no optar por el trámite de nacionalización, la principal y en la que coincide más de un artista en esta situación, está relacionada con los costos y la burocracia, “Es un trámite larguísimo, y en aquella época incluso tenías que hacer cosas un poco humillantes, porque te pedían un examen de VIH y el resultado ni siquiera era privado, te lo daban en una tarjeta abierta”, cuenta Alice. Por otro lado, Juan, para lograr la residencia permanente comenzó su trámite el año 2003 y obtuvo el documento siete años después. “En el momento de hacer los trámites se perdieron mis documentos de identidad, después aparecieron de nuevo. Ante este tipo de situaciones a mí me da un poco de incomodidad, no flojera, sino incomodidad de hacer un trámite que posiblemente no me sea ya beneficioso”. Además, en el caso de los ciudadanos brasileños, para acceder a la nacionalidad boliviana deberían renunciar a la nacionalidad brasileña, situación que es considerada injusta y poco necesaria para lograr obtener los mismos derechos por el trabajo que se desarrolla y se aporta en el país. “Mi patria original de nacimiento es Brasil, con quien tengo una relación fuerte porque tengo mi familia allá, una historia de vida allá, lazos, amigos. Y tengo una patria elegida que es Bolivia; no puedo poner una en lugar de otra. He nacido en Brasil, eso no va a cambiar y no creo que nacionalizarme boliviana en el papel sería algo que haría alguna diferencia respecto al aporte de mi trabajo, porque es el lugar que he elegido para vivir, tengo un compañero boliviano, tengo una hija boliviana, trabajo aquí, creo cosas para este lugar. Eso es lo que importa.”

Mi patria original de nacimiento es Brasil, con quien tengo una relación fuerte porque tengo mi familia allá, una historia de vida allá, lazos, amigos. Y tengo una patria elegida que es Bolivia; no puedo poner una en lugar de otra.

Para Alice y Juan, quienes cuentan con la residencia permanente, deberían tener los mismos derechos y deberes que los artistas bolivianos, en términos de acceso al Registro Nacional de Artistas para poder contar con un documento que los identifique como trabajadores de la cultura en Bolivia, así como el acceso a concursos y fondos de fomento a las actividades artísticas, entre otros.  “Si siendo que yo trabajo aquí, que pago impuestos aquí, que gasto mi dinero aquí, no puedo tener los mismos derechos que un artista boliviano; esto me parece discriminatorio, por eso hacemos este movimiento, es una cuestión de honor y dignidad”, manifiesta Alice. Se trata de una demanda que propone primar la razonabilidad para la aplicación e interpretación de la normativa, acorde a lo establecido en la Constitución Política del Estado, basándose en el respeto a la dignidad humana sobre el fundamento, que en este caso queda corto, a nombre de la soberanía.

 

  • Cecilia Campos es gestora cultural. Donde va ve y a veces escribe. Le gustan los lunes con singani y cueca, y los miércoles de ceniza con literatura, cine y ají de fideo.

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