Complicidades

Mi mamá me está enseñando a bordar

Mientras todos corrían tras el papel higiénico, ellas buscaban mechillas. ¿Qué podemos aprender y descubrir ahora que miramos con más calma nuestros hogares?
domingo, 3 de mayo de 2020 · 00:02

Catalina Rodrigo Machicao

 

Desde que tengo memoria, y probablemente desde antes, en el librero de mi casa hay una caja color crema repleta de revistas de bordado. A pesar de los años y los traslados, con el cartón desgastado en los bordes y un poco rota por las puntas, la caja aguardaba que el tiempo, tan veloz como ladrón de interés, le concediera un momento para que mi mamá me enseñara lo que había aprendido de mi abuela.

Y es que ¿hay mejor momento para aprender cómo dar puntadas que una pandemia? En medio de las compras en el supermercado y la farmacia, del último almuerzo de domingo con mis abuelos, antes de que se decretara que sólo podría sentir el viento por mi ventana, con barbijos y alcohol en gel en mano, mi mamá me llevó a la mercería.

Bordar implica planificar a detalle toda la labor.

Bordar, me dijo, implica planificar a detalle toda la labor. Entonces, a la par que otros compraban un sinnúmero de rollos de papel higiénico y de bolsas de arroz, harina y fideo, nosotras elegíamos patrones y proyectábamos cuántos metros de tela utilizaríamos, escogíamos las mechillas de colores y, ya en casa, buscábamos en las latas, que alguna vez tuvieron chocolates y galletas, nuestras agujas para empezar.

Así nos pasamos las noches de cuarentena, sentadas alrededor de la mesa en la cocina entre tazas de té con leche y algún café. Mi mamá me enseña a desatar los nudos de los hilos rosas, verdes, celestes y amarillos que rozan mis manos al separar las hebras de tres en tres. Porque jalarlos implica forzarlos, y en la vida, me dice entonando a Drexler que nos acompaña en un par de canciones, ‘uno sólo conserva lo que no amarra’.

Mi mamá me enseña a desatar los nudos de los hilos, porque jalarlos implica forzarlos, y en la vida, me dice entonando a Drexler que nos acompaña en un par de canciones, ‘uno sólo conserva lo que no amarra’.

El tiempo y el futuro, dicen algunos, se ha suspendido. Pero aquella quietud con la que el mundo se ha visto obligado a encontrarse, solo se percibe en el sonido del reloj en la pared cuando Pedro (Aznar) deja de contar cómo ‘Media Verónica lamenta que el tiempo se consume’, cuando Kevin (Johansen) le responde que a veces solo queda ‘soñar y nada más, con los ojos abiertos’, y cuando Natalia (Lafourcade), en unísono con mi mamá que trata de calmar la inquietud que trae el alma estos días, me asegura que ‘cada segundo de incertidumbre, cada momento de no saber, son la clave exacta de este tejido’ que tengo en mis manos.

...entre mis sábanas pedacitos de hilos intrusos...

Siento que aún cuando el encierro acabe seguiré descubriendo en mi almohada y entre mis sábanas pedacitos de hilos intrusos, porque esta herencia vuelta rutina será tan obstinada en desaparecer como las hebras coloridas que recojo con las yemas que mi aguja ha pinchado más veces de las que puedo contar.

 

  • Catalina Rodrigo Machicao estudia Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la UCB. Lo cuestiona todo y por eso cree que la humanidad puede hacerlo mejor. “Siempre quiero vivir el día siguiente, si es posible desde hoy”.

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