Tinta china

Amar sin tregua

Una novia en el altar, un novio que no pudo llegar y una vida entera con ese amor en el cuerpo y la práctica.
domingo, 14 de junio de 2020 · 00:04

Roxana Pinelo Navarro

 

Mayo es especial para mí porque cada 14, desde que tengo 20 años, honro la memoria de Juan Carlos Aponte Reyes Ortíz (Johnny) que un día como aquél, hace muchos años atrás, tuvo un trágico accidente de tránsito que le impidió llegar a su boda, dejando parada, perpleja y rota a su novia, que soy yo. Les pido que no se concentren en la historia ni en las preguntas de rigor. Yo se las contesto rapidito para que no se distraigan en los detalles: claro que sufrí muchísimo, claro que lloré mares, ríos, arroyos, lagos y piscinas, claro que lo dejé partir, claro que lo dejé descansar, claro que volví a amar, (resistan la tentación de hacer especulaciones y comparaciones categóricas e injustas con mases y menos, ¿quién puede hablar con certeza del corazón ajeno?), claro que no me quedé anclada y seguí adelante, claro que volví a reír, claro que me reconcilié con la existencia, muchísimo a partir de mi maternidad. Claro que 10 días más tarde, cuando se murió, también morí como varias veces más en mi vida. Y luego resucité, nací y volví a morir cientos de otras. Porque esa es la vida. Ni víctima ni heroína, militante de la vida como todas y todos ustedes nomás. Pero aquí estoy compartiendo algo tan íntimo y personal porque quiero que su espíritu se haga presente en época de pandemia y cuarentena, algo inédito para mí.

...claro que no me quedé anclada y seguí adelante, claro que volví a reír, claro que me reconcilié con la existencia (...) Claro que 10 días más tarde, cuando se murió, también morí como varias veces más en mi vida. Y luego resucité, nací y volví a morir cientos de otras. Porque esa es la vida.

Quiero destacar su formidable y delicado espíritu. Decir que  su sentido del humor y amor por la vida eran muy especiales. Pero sobre todo resaltar que llevaba consigo una sensibilidad especial y exquisita, siempre a flor de piel porque, les aseguro, su alma no era vulgar y corriente. Amaba a las wawas y a los animales y era intenso en sus sentimientos hacia los demás. De una ternura subida de tono, adoraba a las mujeres de su familia: especialmente a su madre en quien se miraba y en sus tres hermanas que gustaba contemplar junto a ella. También amaba a su padre y a su hermano, a quienes admiraba con fervor extraordinario. Y fue un excelente amigo, tío, primo, colega...

Juan Carlos Aponte Reyes Ortíz (Johnny) a los 18 años de edad

Johnny era de una lealtad y transparencia extraordinarias. Las cosas como eran, los sentimientos y las actitudes también. Tímido e introvertido, de pocas y contundentes palabras con la humanidad, pero no conmigo; nosotros mantuvimos un nivel de sintonía y comunicación que iban más allá de las palabras. Johnny fue un hombre valiente y más de una vez hizo gala extraordinaria de su honestidad y coherencia en su vida íntima y privada al cumplir y honrar su palabra.

Johnny fue un hombre valiente y más de una vez hizo gala extraordinaria de su honestidad y coherencia en su vida íntima y privada al cumplir y honrar su palabra.

Y viene a cuento porque nunca estuvo a tono con el ruido de este mundo. Los defectos de los seres humanos, junto con las injusticias sociales, eran incomprensibles para su alma. No las soportaba. Tampoco aguantaba la impostura, tenía un gran ojo para percibirla. Detestaba las máscaras y la doble moral y sin embargo no se detenía a escuchar chismes ni cuentos malintencionados, ni a juzgar ni a señalar con el dedo. Se enfocaba en amar lo que hacía, (se fue seis meses antes de graduarse de arquitecto), en el arte en el sentido amplio de la palabra y en el canto y la música en todas sus vertientes. De hecho, cantaba con su hermano haciendo la segunda voz de un dúo extraordinario. También en el silencio y la introspección íntima. Y su vida interior era tan rica y potente que hasta su silencio, casi extremo, era cálido y amoroso. Pero si algo lo caracterizaba, eran sus carcajadas que salían desde el alma. Reía de frente, sin frenos, ni tapabocas.

Tuve el privilegio de que me amara, no solo respetando mi esencia, también disfrutando muchísimo de ella. Y hoy sigue iluminando mi vida y la de toda mi familia, ojo, incluyendo a mi querido exesposo Mario que, generoso y de espíritu también muy singular, siempre se solidarizó con mi pérdida. Ningún tema tabú ni indirecta traicionera por si acaso. Johnny está presente sin alardes ni aspavientos en nuestras conversaciones y en innumerables ocasiones especiales, con esa sencillez y humildad que tuvo en vida y que hoy lo hacen grande, ocupando el lugar que se ganó a pulso en los pliegues del alma.

Su paso breve por esta vida se ilumina con fuerza ahora que el mundo reflexiona y mira sus opciones para salir adelante. Las de él no admitirían objeciones: hay que amar sin tregua ni explicaciones, disfrutar la vida y todos sus instantes en el lugar que nos haya tocado sin ningún “hubiera”, pensando en uno pero mucho en los demás, sin perder jamás la sonrisa y la esperanza, respetando las experiencias y procesos individuales, apoyando el arte en toda sus dimensiones, y sobre todo solidarizándose a manos llenas con el dolor y la carencia de las personas menos privilegiadas, diría.

...hay que amar sin tregua ni explicaciones, disfrutar la vida y todos sus instantes en el lugar que nos haya tocado sin ningún “hubiera”, pensando en uno pero mucho en los demás...

Johnny partió físicamente el 24 de mayo a pocos días de cumplir 25 años y después de 10 días de titánicos intentos por sobrevivir. Luchó hasta el último segundo, quería honrar su compromiso y cumplir su palabra pero no le alcanzó. Honrar su memoria es un acto de justicia que me da mucha paz, fuerza, alegría y serenidad. Así que no se aceptan tristezas ni sentidos pésame como me ha pasado muchas veces luego de compartir esta “historia”. Porque no se trata de eso. Intento mantener viva su palabra porque se lo merece. Se puede llorar, pero no de pena, sino de sentimiento.

 

  • Roxana Pinelo Navarro es chukuta chuquisaqueña, amante de la buena vibra, lectura y conversa.

 

 

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