Cine 6 de Agosto

El cine de la resistencia

Tres cinéfilos-cineastas le hacen una reverencia al Cine 6 de Agosto que está de aniversario. ¿Por qué es el cine de la resistencia?
domingo, 14 de junio de 2020 · 00:05

Tres cinéfilos - cineastas le hacen una venia

 

Hay un lugar en Sopocachi, al cual muchos le envían su cariño a través de anécdotas e historias grandes. Algunos lo nombrarán su Demiurgo como lo hizo el Papirri, otros, su gran escuela, y muchos como ese lugar vital que se salvó de ser un templo evangelista. Los que lo amaban reaccionaron a tiempo y no dejaron que ese espacio que albergó películas desde 1955 se convirtiera en lugar de oración. Hoy no sólo es un templo cinematográfico sino también de la música popular, del blues y recientemente del jazz.

En su cumpleaños número 65 hemos buscado algunos recuerdos de aquellos que aman el cine desde hace mucho tiempo. El recuerdo de Alfonso Gumucio Dagron nos involucra a todos. El de Diego Gullco le da título a esta nota, y el de Denisse Arancibia tiene una huella de vida. Aquí algunas escenas pero sobre todo afectos, en ese lugar hermoso que ha resistido como un árbol de tronco grande en la zona de Sopocachi de la ciudad de La Paz.

Fachada del Cine 6 de Agosto en la avenida del mismo nombre, en La Paz / archivo Página Siete

El umbral

Alfonso Gumucio Dagron

La puerta del Cine 6 de Agosto no es una puerta cualquiera, es el umbral que atravesó Luis Espinal luego de ver la última película de su vida. Los desalmados.

No puedo evitarlo. Cada vez que paso caminando delante del Cine 6 de Agosto, sobre todo si es de noche, me viene a la memoria Luis Espinal.

En ese magnífico cine y teatro estuve muchas veces, primero como niño para ver filmes de piratas, más tarde para ver obras de grandes directores y en años más recientes para disfrutar espectáculos de música o de teatro. Guardo los ecos de voces magníficas, siento las pisadas sobre las tablas del escenario, miro el cortinaje y el techo y espero que siempre siga allí y que nunca se pervierta en uno de esos salones religiosos donde emboban a la gente con discursos cacofónicos. 

La puerta del 6 de Agosto me conmueve de especial manera. Es una puerta banal, de vidrio, con una cortina metálica que se cierra en las noches para proteger un espacio lleno de fantasmas y dos gigantescos proyectores de 35mm en desuso, negras estatuas de metal erguidas como soldados guardianes de un séptimo arte que ya no volverá.

Esa puerta no es una puerta cualquiera, es el umbral que atravesó Luis Espinal hacia la muerte, después de haber visto la última película de su vida, Los desalmados. Cerca de la medianoche salió a la calle, empinó sus pasos hacia la Avenida del Ejército para seguir su habitual camino a Miraflores, donde tomaría la calle Díaz Romero hasta su casa. Mientras caminaba iría pensando en la crítica que iba a escribir la siguiente semana en el semanario Aquí, donde ilustraba sobre cine a lectores más interesados en la coyuntura política que en los prodigios de Fellini o Truffaut.

En las sombras de la calle Díaz Romero fue interceptado por hombres que lo metieron a la fuerza en un jeep. Nunca llegó a su casa, ya conocemos la historia de aquella noche espantosa de marzo de 1980. Los asesinos siguen sueltos.

Ese umbral del Cine 6 de Agosto ha convocado varias veces la memoria siempre vigente de Espinal. En un momento en que me encontraba filmando una película sobre su secuestro y asesinato (que nunca llegó a buen puerto, pero esa es otra historia) reuní a varios amigos de Lucho: Julio de la Vega, Pepe Ballón y Oscar Soria. Ahí está una foto de ese momento emblemático y nocturno. Estamos en la puerta del cine y Luis está, sin la menor duda, con nosotros. 

Ese umbral del Cine 6 de Agosto ha convocado varias veces la memoria siempre vigente de Espinal.

Julio de la Vega, Alfonso Gumucio, Óscar Soria y Pepe Ballón (junio, 1984) / fotografía archivo del autor

Miro esa foto una y otra vez, y cuando miro los rostros de los que estamos en el umbral, siento el vacío de Luis que no aparece porque ya salió, ya se fue caminando, ya atravesó el umbral. Y ya lo atravesaron también Cacho Soria, Pepe Ballón y Julio de la Vega, amigos queridos los tres, indisolublemente ligados en la memoria a ese espacio y a ese tiempo.

  • Alfonso Gumucio Dagron es escritor, cineasta, periodista y fotógrafo. Trabajó en Europa, África, Asia, Latinoamérica y el Caribe. Autor de innumerables libros de poesía, narrativa, testimonio y estudios sobre literatura, cine y comunicación.

 

El cine de las buenas películas

Diego Gullco

No sólo es arquitectónicamente hermoso. El 6 de Agosto es el cine de la resistencia. ¿Por qué?

Recuerdo con mucho cariño la buena impresión que me causó el 6 de Agosto desde la primera vez que lo visité, con su gran lobby, esa hermosa escalera oval de la que solo faltaba ver bajar a una elegantísima diva, y la gran sala llena de butacas.

Además, durante un buen tiempo fue una especie de centro de resistencia donde se pasaban las buenas películas, mientras las malas y taquilleras iban a otros cines más comerciales.

Eso sí, nunca entendí por qué las promocionaban tan mal, como buscando que uno se enterara justo después de que ya las habían levantado. 

Al final ya era como un juego, tratar de ver la película antes de que la sacaran, y así recuerdo haber disfrutado por ejemplo Prêt à porter, en la escasa semana que duró en cartel.  

Al final ya era como un juego, tratar de ver la película antes de que la sacaran...

Pero al final llegó su inevitable cierre, como ya había pasado con casi todas las salas de La Paz (era la época en la que venían desapareciendo salas: el Universo, el Scala, La Paz, Monumental Roby, y no existían ni la Cinemateca ni los Multis).

Las famosas gradas en caracol y una cámara antigua en primer plano.

Cuando estábamos temiendo lo peor, que siguiendo las corrientes de moda el 6 de Agosto terminara como supermercado o templo evangélico, tuvimos la enorme alegría y sorpresa de que fuera adquirido por la Alcaldía, en un paso valiente y visionario.

Con esto se garantizaba la continuidad del trabajo cultural y la preservación de un hermoso edificio patrimonial, de esos que cada vez hay menos en esta ciudad arrasada por el cemento.

...se garantizaba la continuidad del trabajo cultural y la preservación de un hermoso edificio patrimonial, de esos que cada vez hay menos en esta ciudad arrasada por el cemento.

Un tiempo después además tuve la oportunidad de trabajar estrechamente con sus funcionarios y trabajadores, organizando las primeras ediciones de  “Chicocos y Pipocas”, un festival de cine infantil para toda la familia, con juegos, talleres y otras actividades.

Allí pude conocer de primera mano la gran dedicación y cariño de toda su gente  y valorar su esfuerzo para que las cosas salieran bien.

Lo más lindo ahora es ver que muchos de ellos todavía están: en la boletería, la cabina de proyección, el cuidado general; con la dedicación y el amor de siempre, esperando que la sala se llene y empiece la función.

Diego Gullco
  • Diego Gullco es publicista y gestor cultural, creador del proyecto La mejor película del mundo, que reúne a distintas personalidades de la cultura para promover el debate acerca de una película en particular.

 

Una vida en el 6 de Agosto

Denisse Arancibia

Si luego de ver una película, una mujer decide ser directora de cine y lo cumple. Ese no puede ser sino el día de su bautismo. ¿Cuál fue la película que marcó el destino de Denisse Arancibia?

Escucho “Cine 6 de Agosto” y salto automáticamente a la década de los 90, a mi extraña adolescencia. Fue uno de mis refugios favoritos en mi asocial juventud de jovencita oscura y retraída con una sola amiga, que refugiaba todos sus fantasmas en ver películas en VHS y en ir al cine. El 6 de Agosto era uno de mis lugares favoritos de toda la ciudad.

Una de las pelis que vi ahí fue El Abogado del Diablo, en 1997, yo con 15 años. Logré ir con el chico que me gustaba -siempre fui muy buena para convertirme en la mejor amiga de los chicos que me gustaban-. Me acuerdo que él quedó enamorado de Charlize Theron, ¿y quién no?; y yo reafirmé mi amor por Keanu Reeves. Parte de la placentera experiencia era comprar en los kioskos frente a la puerta, pipocas guardadas en una bolsita de 50 centavos y soñar con el día en el que podría pagarme unos Sugus.

Parte de la placentera experiencia era comprar en los kioskos frente a la puerta, pipocas guardadas en una bolsita de 50 centavos y soñar con el día en el que podría pagarme unos Sugus.

Es el cine donde vi por primera vez La Ciénaga, de Lucrecia Martel, en un festival de cine latinoamericano a principios de los 2000. Y ahí, sentada en mezzanine, me di cuenta que las mujeres sí podemos hacer cine, el cine que nos dé la gana de hacer.

Ese es el cine donde pude pasar de ser espectadora a ser la función, presentando obras mías, cortos míos, pelis mías. Me acuerdo que lloré por llegar tarde a la presentación del primer corto mío que pasaron en una de sus salas. A veces recuerdo que hasta ahora la gigantografía de Casting está ahí, bien guardada en sus depósitos.  Recuerdo que incluso fui parte de una mascarada de carnaval dentro de sus instalaciones, rodeada de actores y artistas paceños ocultos detrás de antifaces y gabardinas.

Ese es el cine donde pude pasar de ser espectadora a ser la función, presentando obras mías, cortos míos, pelis mías.

Fachada del Cine 6 de Agosto / fotografía Wikimedia Commons

Siempre amé sus escaleras en caracol que llevan al segundo piso. Son como las escaleras extravagantes de Norma Desmond; son las escaleras que copio imaginariamente en mi imaginaria mansión que tendré para pasar mi imaginaria y extravagante vejez. También amo su fachada cincuentera que sigue luchando contra los aburridos y feos edificios que la rodean cada vez más; esa fachada curvada y con sus ventanales cuadriculados. Siempre que paso por ahí miro hacia arriba para contemplarla una vez más.

Inevitable que ese cine sea parte de todos y todas las paceñas, inevitable que esté lleno de historias inolvidables. Inevitable no amar estar ahí. 

Denisse Arancibia
  • Denisse Arancibia es guionista, actriz y directora de cine y teatro.

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