Confesiones

Tres salidas en la "cuarentena dinámica"

Para amargarnos menos, algo de banalidad consuela. Reírse de una misma hace bien y, a estas alturas, a ese “corona bicho” ya podemos hablarle de tú a tú. ¿Dónde va una señora considerada en la franja de edad de riesgo en época de “cuarentena dinámica”?
domingo, 21 de junio de 2020 · 00:03

Pilar Soruco

Seguramente me dirán que “el horno no está para bollos”, pero si no le buscamos y encontramos  algo “light”  a la cuarentena, vamos a amargarnos más de lo que ya estamos.

Escribo esta crónica el día 87 del encierro necesario debido a la pandemia ocasionada por el “corona-bicho” como coloquialmente lo llamo, ahora que tenemos intimidad de trato y lo hago de buen humor. De tanto leer, oír, ver y hablar sobre el Covid-19 ya me parece un viejo conocido con el que me puedo permitir algunas confianzas. A pesar de que no nos conocemos en persona con el virus de marras y personalmente yo no quiero conocerlo ni de cerca, ni de lejos, lo considero ya parte de mi vida y entiendo que el mismo es tozudo, atrabiliario, abusivo, puede matar. Y se quedará por estos barrios por mucho tiempo más. Por ello acepté sin poner obstáculo alguno, de buen grado y en las tres veces que salí en 85 días a la calle, la obligación impuesta por la situación de ir con el barbijo, las gafas, la pantalla de acrílico liviano, los guantes y el mameluco. Me metieron de cabeza al auto y este partió raudo y veloz, como en película.

De tanto leer, oír, ver y hablar sobre el Covid-19 ya me parece un viejo conocido con el que me puedo permitir algunas confianzas.

¿Y por qué sale una señora considerada en  la franja de edad de riesgo en época de “cuarentena dinámica”? ¿Dónde va?

Primera salida: al dentista

Nuestro odontólogo, quien hace maravillas para dejarnos la sonrisa impecable y que cada seis meses nos somete a una limpieza profunda con sabios menjunjes y agua a presión hasta que nos sangran las encías, precio que pagamos felices para tener una saludable dentadura, no pudo terminar un tratamiento de conductos cuando se declaró la cuarentena. Y ¡ohh, desgracia! La mañana del día 78, al desayuno, cuando la marraqueta comprada  donde la señora María en la tiendita de barrio, entra sabrosa, crujiente y calentita  a nuestra boca y literalmente le hincamos el diente…, el diente se rompe, se parte en dos, y un frío mortal nos recorre la espalda. Es el diente de adelante, el incisivo, el maldito del tratamiento de conductos inconcluso. Con una ventana de ese tamaño en la boca, hay que ir al dentista a resolver el asunto, antes de que nos invada la depresión ocasionada por razones dentales, que es la peor depresión. Cualquier cosa menos un agujero en la sonrisa.

Con una ventana de ese tamaño en la boca, hay que ir al dentista a resolver el asunto, antes de que nos invada la depresión ocasionada por razones dentales, que es la peor depresión. Cualquier cosa menos un agujero en la sonrisa.

Segunda salida: al podólogo.

Si, el podólogo es un profesional de los más importantes en la vida de quien tiene molestias en los pies. Doce  semanas de arrastrarse por la casa con  los zapatos más viejos que tenemos,  limpiando a veces, otras cocinando, otras lavando ropa, ordenando el ropero o caminando por el patio empedrado para hacer algo de ejercicio, implican que todas las durezas perdidas en años de cuidadosa atención, han retornado convertidas en horrendos callos, las uñas de los pies han crecido como uñas de Koala y se han encarnado hábilmente. El dolor aparece una mañana como el anuncio de un terremoto, (entendiendo que un terremoto pueda anunciarse) y hay que ir al podólogo. Es vital. Es trascendente, indispensable buscar alivio para aguantar la cuarentena yendo y viniendo nuestro metro y medio diario.

Es vital. Es trascendente, indispensable buscar alivio para aguantar la cuarentena yendo y viniendo nuestro metro y medio diario.

Tercera y última salida: a la peluquería después de haber ido hace 119 días la última vez.

Ocurre que pasada cierta cantidad de días, las raíces del cabello son cada día más blancas y las puntas  cada día mas secas y más feas. Y cada día que pasa es más desgarrador el grito que damos frente al espejo por la mañana al levantarnos.

Cuando ya la imagen reflejada es más próxima al Pájaro Loco que a una señora de la ahora denominada “edad media” (entre 60 y 80 años), denominación adoptada después de la “reclasificación” efectuada por sabe Dios quien, es hora de ir a la peluquería y, en previsión, hacerse cortar el pelo lo más corto posible, de modo tal que no se tenga que regresar en seis meses. Si la coquetería es mucha y requiere tinte, hay que hacerse el tinte. Felizmente no es mi caso, llevaré mis canas dignamente.

Cuando ya la imagen reflejada es más próxima al Pájaro Loco que a una señora de la ahora denominada “edad media” (...) es hora de ir a la peluquería...

Hasta aquí las tres únicas salidas que fueron posibles y necesarias en época de cuarentena. Queda tanto por hacer, pero no se puede. Ahora planifico cómo llegar a Cotel a rescindir un contrato de servicio de cable porque “tiene que ir personalmente señora, a la oficina de la Mariscal Santa Cruz, no se puede hacer por e-mail, ni por teléfono. El trámite es personal”. Les faltó decirme que no importa que usted se contagie o se muera, es personal. Mientras tanto, la cuenta sigue corriendo y ya debo cuatro meses.

El cobro de mi bono dignidad tendrá que postergarse hasta que esté al límite de la reversión de fondos, porque las colas en los bancos son espectacularmente largas. Después de una mañana en esas colas, no solo el corona-bicho nos asaltaría, también corremos peligro de insolación.

Y por último me toca pensar en cambiar mi dirección en el “biométrico” para las elecciones nacionales porque una semana antes de que declaren la cuarentena, me trasladé. Ya sería extremo que el perverso virus se oponga a que yo emita mi voto en la forma más constitucional posible porque si tengo que ir a mi antiguo recinto electoral a pie, no voy a llegar nunca. Pero nadie sabe nada de cómo hay que hacerlo. A lo mejor no hay que hacerlo porque quien sabe para cuándo dispone el bicho (o los bichos)  que tengamos elecciones.

A mis contemporáneos(as)  les deseo suerte en sus salidas y éxito en sus propósitos. No es fácil, nada fácil sobre todo ahora que la pandemia está haciendo de las suyas. ¡Hay que cuidarse más!

 

  • Pilar Soruco Etcheverry es abogada y profesora universitaria. Escribe cuentos infantiles para sus nietas.

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