Croniquita

Roberto, vigía de un museo de arte

El 3 de agosto el Museo Nacional de Arte (MNA) cumple 54 años desde la inauguración de su edificio actual. Y hace cuatro décadas, Roberto Silvestre Choque se volvió el más leal testigo de los aires de cambio que hubo en esa entidad cultural de importancia nacional: él lustra zapatos en una de las esquinas que ocupa el Museo Nacional de Arte.
domingo, 2 de agosto de 2020 · 00:05

Marcela Araúz Marañón

 

Roberto Silvestre Choque es un inclemente crítico de arte, no queda duda. “Antes sólo había cuadros en las paredes, ahora todo es más lindo, más diferente. También hay más juventud”, evalúa este hombre que trabaja hace cuatro décadas lustrando zapatos en la esquina de la calle Comercio y Socabaya.

Leal consumidor cultural y hábil ayudante del Museo Nacional de Arte (MNA) en tareas operativas, es la voz pertinente para hablar de los cambios que se gestaron en el Museo, el equipo de trabajo de ese escenario cultural, y los rostros y rastros que tuvo el arte boliviano a lo largo de ese tiempo.

Roberto Silvestre Choque, lustrabotas y monarca de la esquina Comercio y Socabaya, conoce, visita y colabora en el Museo Nacional de Arte, como si fuese su propia casa. / MNA

Roberto nació el primero de mayo de 1968 en Achacachi (La Paz) y desde 1980 trabaja en esa misma esquina de la que hoy es monarca y donde ha lustrado los zapatos de algunos presidentes bolivianos. Gonzalo Sánchez de Lozada, Eduardo Rodríguez Veltzé y Evo Morales Ayma, entre ellos.

Este amigo del Museo recuerda varias gestiones y directores de la entidad cultural: habla con cariño de Pedro Querejazu, Teresa Gisbert, Teresa Aneyva, Edgar Arandia, Max Hinderer Cruz y Lucía Querejazu –la actual directora- con cariño. “La más seria era doña Teresa, ella nos hacía venir temprano a todos, incluso a mí, como si marcara tarjeta. Yo venía con gusto”, cuenta entre risotadas.

“La más seria era doña Teresa, ella nos hacía venir temprano a todos, incluso a mí, como si marcara tarjeta. Yo venía con gusto”, cuenta entre risotadas.

Este 3 de agosto, el MNA cumplió 54 años de existencia como hoy lo conocemos; 54 años en los que cobijó, en la actual infraestructura, las propuestas descollantes en la plástica boliviana. Pero la casa que habita es un portento patrimonial de la arquitectura colonial. Este notable edificio del barroco fue terminado en el siglo XVIII y perteneció entonces al oidor Díez de Medina y Vidango.

Roberto delante de una de las puertas del Museo Nacional de Arte, en La Paz. / MNA

Esta imponente infraestructura resguardaba obras de arte ya en la primera mitad del siglo XX. Pero no fue hasta la década del ‘60 en que Teresa Gisbert y José de Mesa tuvieron la tarea de poner en marcha la restauración del edificio. Y en 1966, el Museo Nacional de Arte abrió la puerta al público, tras finalizar las intervenciones en los últimos dos pisos.

Esta imponente infraestructura resguardaba obras de arte ya en la primera mitad del siglo XX. Pero no fue hasta la década del ‘60 en que Teresa Gisbert y José de Mesa tuvieron la tarea de poner en marcha la restauración del edificio. Y en 1966, el Museo Nacional de Arte abrió la puerta al público...

Roberto recuerda el inicio del vínculo que se dio entre el Museo y él: “Mi hermano y yo no teníamos dónde guardar nuestra caja de lustrado, entonces pedimos permiso y doña Teresa nos respondió ‘claro que pueden guardar sus cosas, si ustedes son de confianza’”.

Lo que afianzó la relación entre este lustrabotas y la institución cultural fue que, además, él es yatiri. Roberto ha protagonizado limpias y challas al antiguo edificio colonial en el que se resguarda el Museo. “Es necesario hacer wajtar de tiempo en tiempo. Es que hay cuadros de santitos y hartos hechos han sucedido, siempre hay espíritus en un lugar con tanta historia”.

A sus 19 años, Roberto perdió sensibilidad en las piernas y dejó de caminar. Este suceso lo llevó a ver a un chamacani y en el camino sintió la fuerza de los achachilas que, eventualmente, le devolvieron la motricidad en las piernas, narra firme y convencido.

“Es necesario hacer wajtar de tiempo en tiempo. Es que hay cuadros de santitos y hartos hechos han sucedido, siempre hay espíritus en un lugar con tanta historia”.

Roberto suele estar en su esquina de trabajo acompañado por su hermano Mariano, quien este tiempo está recluido en su pueblo natal, para no correr riesgos de contraer el Coronavirus.

Roberto sigue al pie del cañón, limpia zapatos usando barbijo, gorra y guantes. De hecho, es la primera vez en su larga trayectoria que cubre su rostro, pues a diferencia de gran parte de su gremio de ‘lustras’, nunca usó el típico pasamontañas.

De hecho, es la primera vez en su larga trayectoria que cubre su rostro, pues a diferencia de gran parte de su gremio de ‘lustras’, nunca usó el típico pasamontañas. / MNA
Roberto en su puesto de trabajo, calle Comercio esquina Socabaya. / MNA

En la gestión actual, en que el MNA se proyecta como un repositorio que propone renovaciones anuales de su museografía y como productor de exposiciones derivadas de procesos propios de investigación y curaduría, Roberto destaca la sangre dinámica que fluye por el edificio de la Casona Díez de Medina.

“Este año hubo explicaciones en aymara de algunas obras y yo estuve ahí porque hablo bien, es mi idioma pues. Incluso al guía le corregía algunas palabras”, cuenta emocionado la novedad de la inclusión de un guía aymarista en la mediación del Museo, actividad que fortalece el acceso de la ciudadanía al arte boliviano.

“Este año hubo explicaciones en aymara de algunas obras y yo estuve ahí porque hablo bien, es mi idioma pues. Incluso al guía le corregía algunas palabras”

Roberto sonríe a los transeúntes, siempre lleva su buen humor. Bromea con las vendedoras que se asientan en la transitada calle Comercio. Pero es ante todo un testigo y vigía fiel de los rostros y los rastros que tuvo el Museo al cual está unido con genuino cariño: “A mí me gustan todos los artes”, dice y continúa sacando brillo a los zapatos del desconocido que se sentó en su puesto.

 

  • Marcela Araúz Marañón hace periodismo y comunicación, pero ante todo es rock y sazón. Fue periodista y editora de medios escritos nacionales y es la creadora del blog Visceral, sobre periodismo gastronómico. Es comunicadora del Museo Nacional de Arte. 

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