Crónica

Iris. Una capitana en el Acre

Una lancha fue comprada a Arthur Posnansky y puesta al servicio de las fuerzas bolivianas en el conflicto del Acre. La llamaron Iris. En plena batalla atravesó territorio enemigo y acabó intacta, salvo por un detalle. ¿Qué tenía Iris de particular? Un amante naviero reconstruyó el modelo a escala y con ello, la historia.
domingo, 9 de agosto de 2020 · 00:07

Marcelo Viscarra

 

 

Durante la denominada Primera Campaña del Acre, allá por el año 1900, la delegación boliviana en esta región, liderada por Andrés Muñoz, le compró al entonces empresario gomero Arthur Posnansky la lancha o vapor Anni que a partir de esa transacción pasó a denominarse Iris en honor a la similitud del arco en el cielo y los colores del emblema boliviano. Posnansky continuó como su comandante acompañado de un maquinista. Cabe señalar que Posnansky tenía además formación como militar e ingeniero naval, lo que lo convertía en una persona idónea para el manejo y diseño de estas embarcaciones.

Izq. Iris en Manaos después de su reconstrucción en 1902. (1)
Der. Modelo de la embarcación a escala (2)

Andrés Muñoz le compró al entonces empresario gomero Arthur Posnansky la lancha o vapor Anni que a partir de esa transacción pasó a denominarse Iris en honor a la similitud del arco en el cielo y los colores del emblema boliviano.

La Iris, si bien no estaba acondicionada para el combate en esta primera etapa del conflicto, fue de mucha utilidad para las tropas bolivianas brindando transporte de personal y carga y realizando actividades de expedición. Navegaba en el río Acre, entre las poblaciones de Puerto Acre (Puerto Alonso) y Bahía (actual ciudad de Cobija). Enfrentó situaciones de combate como la batalla de Cajueiro (6/12/1900) favorable a las tropas bolivianas y escaramuzas como las ocurridas durante su retorno de Humaythá a Puerto Acre trayendo víveres para la tropa (19/12/1900). En esas circunstancias fue atacada tres veces entre las barracas de Extremo de Gloria y Bon Destino por los revolucionarios brasileños pudiendo continuar y arribar a destino gracias a los contraataques efectuados desde la lancha. Durante esta misión, la Iris fue tripulada y comandada enteramente por oficiales bolivianos y contó con veinte soldados del Piquete Abaroa 2.

José Aguirre Achá, en su escrito De los Andes a la Amazonía recuerdos de la Campaña del Acre, cita en varias ocasiones a esta lancha y menciona una de sus características que la hacían inconfundible, que era el sonar de su pitido el cual entonaba las siete notas de la escala musical.

Ilustración, propuesta de portada de Leyla Manjón / DGR-UCB

El pitito que entonaba las siete notas de la escala musical, era característico de la Iris.

En 1901 había sido retomada la soberanía nacional en el Acre, no obstante la delegación boliviana tenía la necesidad de contar con una embarcación adecuada para encarar sus tareas. La Iris estaba fuera de uso por los daños sufridos durante el conflicto previo. No obstante, su fondo plano que le permitía poco calado, lo cual brindaba navegación más eficaz en aguas poco profundas la hacían atractiva para ponerla nuevamente en servicio. En octubre de ese año (1901) la delegación boliviana, encabezada por el Tcnl. Canseco, encarga a Posnansky la reconstrucción de la Iris, quien la lleva hasta los astilleros R. Holtz, en Harburg Alemania para su reconstrucción.

Tropas bolivianas en Puerto Acre al mando del Cnl. Manuel Canseco en 1901 aproximadamente. (3)

En octubre de ese año (1901) la delegación boliviana, encabezada por el Tcnl. Canseco, encarga a Posnansky la reconstrucción de la Iris, quien la lleva hasta los astilleros R. Holtz, en Harburg Alemania para su reconstrucción.

Arthur Posnansky comandante de la Iris. (4)
Arriba: Astillero R. Holtz en Harburg Alemania 1900, lugar de fabricación y reconstrucción de la Iris. (5)
Abajo: Cartel de la empresa R. Holtz, especializada en embarcaciones a vapor. (6)

A su retorno la Iris contaba con cuatro metros más de eslora, 22 metros en total, 3,25 metros de manga, segunda cubierta y varios detalles que la hacían además de funcional, prácticamente una lancha de lujo. El interior estaba recubierto de madera mahagony que aunque era cara, era también bastante liviana, lo que incrementaba su capacidad de carga. Tenía generador de electricidad, cocina, salón de oficiales con vajilla completa, baño, ducha y camarote de comandante, mayor potencia en la caldera y máquinas, con sus dos turbohélices alcanzaba 14 nudos de velocidad. Podía transportar hasta 100 personas y remolcar otra embarcación con similar carga. Si bien su apariencia era la de una embarcación de transporte común, contaba con elementos específicos que la hacían apta para el combate, como los parapetos de acero para proteger a los combatientes en caso de ataque, bases para cañón y ametralladora en proa y popa, además de un potente reflector para navegación nocturna y estanques de depósitos.

Plano de la lancha Iris, en la parte superior se identifica la firma de Posnansky. (7)
El modelo a escala se basa en los planos respectivos. (8)

Si bien su apariencia era la de una embarcación de transporte común, contaba con elementos específicos que la hacían apta para el combate...

Me puse en contacto con el repositorio de archivos de la ciudad de Harburg, el cual conserva documentación de lo que fue el entonces astillero R. Holtz. Pese a la gentil colaboración de su director, Sr. Jürgen Apel, únicamente pude obtener parte de la “Hoja de Construcción” con datos con los que entró la embarcación al astillero para su reconstrucción, pero no con los que salió. Me llamó la atención que en esta hoja figure como comprador el Estado de Bolivia debido que a su retorno, la lancha debía ensamblarse y transportarse en territorio brasileño hasta llegar al Acre, lo que en épocas de conflicto con ese país suena temerario, pese al plan que seguramente ya tenía Posnansky.

Ilustración, propuesta de portada de Kevin Valle / DGR-UCB

...a su retorno, la lancha debía ensamblarse y transportarse en territorio brasileño hasta llegar al Acre, lo que en épocas de conflicto con ese país suena temerario...

El caso es que la lancha desarmada llegó en abril de 1902 a Manaos, y un mes después fue ensamblada. Posnansky debía transportarla hasta Puerto Acre. La lancha traía además de forma oculta armamento para el ejército boliviano. Tanto Posnansky como su nuevo maquinista, Sr. Holtz, hijo del dueño del astillero en Alemania, se jugaron la vida ante inspecciones de la policía brasileña. A su partida de Manaos incluso tuvo que cambiar el nombre a la embarcación por el de Mae d'Agua y fingir que era su propietario para esquivar sospechas. Al llegar a un punto del río denominado Boca del Acre fueron desviados hacia otro río, el Purús, porque los rebeldes acreanos ya habían comenzado las hostilidades contra Puerto Acre e incluso tenían una embarcación de guerra del Brasil bloqueando la entrada a la zona lo que ponía en riesgo a la Iris de ser capturada. Pese a las gestiones efectuadas por Posnansky con la Bolivian Sindicate, que según notas diplomáticas debían hacerse cargo de la lancha, la Iris no pudo continuar la navegación para auxiliar al ejército boliviano y tuvo que esperar en ese punto varios meses. Solamente cuando Posnansky se enteró de la capitulación de Puerto Acre, condujo la Iris (Mae d'Agua) para ayudar a las tropas, pero en su recorrido se cruzó con un navío brasileño que remolcaba a otro que traía a oficiales y soldados bolivianos hechos prisioneros para llevarlos hasta Río de Janeiro.

Posnansky debía transportarla hasta Puerto Acre. La lancha traía además de forma oculta armamento para el ejército boliviano.

Al finalizar el conflicto, la Iris fue vendida al Perú pero intencionalmente hundida por los brasileños, por el gobernador de Manaos según deduce Posnansky, y luego sacada a flote y vendida finalmente al Brasil a un ínfimo precio.

Con relación a las fuerzas bolivianas, es muy conocida la situación en que se encontraban en la región. Pese a la precariedad, padecimientos y permanente acoso del enemigo, es destacable su alto sentido del deber y cómo defendieron consecuentemente su posición hasta el final. Lo imposible a veces se alcanza con tenacidad, la cual estuvo firme tanto al lado de los defensores bolivianos como al otro lado de la Boca del Acre con Posnansky, pero los milagros escapan de las manos de los mortales y ante la enorme desproporción de elementos, durante el bloqueo y resistencia en Puerto Acre, los milagros no se hicieron presentes ni para sus defensores ni para Posnansky.

Posteriormente, Posnansky tuvo que retornar a Alemania ante la persecución brasileña. Tiempo después viajó a Bolivia para gestionar el reembolso de los gastos que incurrió durante la reconstrucción y transporte de la Iris y como es sabido terminó radicando en La Paz hasta su muerte.

Ilustración, propuesta de portada de Ana Medinaceli / DGR-UCB

En cuanto al modelo de la Iris, escala 1:50, puedo decir que disfruté tanto los desafíos de su construcción como la búsqueda de información. Me interesé por este vapor no sólo por su particularidad, sino también porque pude recabar datos muy detallados sobre sus características gracias a los escritos que dejó Posnansky y también gracias a los portales que colocaron documentación relacionada en internet.

Con la Iris Bolivia tuvo una embarcación extraordinaria en lo técnico, en lo logístico y en lo militar. Su invaluable contribución, junto con las personas que dieron lo mejor de sí por la causa nacional en el Acre, debería tener una mejor posición en la memoria histórica del país.

  • Marcelo Viscarra es paceño, vive en Alemania. Hasta el 2017 trabajó en Bolivia como empresario y consultor. Actualmente desarrolla nuevos proyectos y conserva viejas aficiones, entre ellas el modelismo naval.

 

 Imágenes y fuentes:

Imagen 1, 3 y 4: Fuente: Campaña del Acre. La lancha “IRIS” aventuras y peregrinaciones. Arthur Posnansky 1904. UMSA, Biblioteca Digital Andina.

Imagen 2: Propia del autor

Imagen 5 y 6: https://de.wikipedia.org/wiki/Schlosswerft  La imagen 6 fue editada en su perspectiva por el autor.

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