Croniquita

La casa hecha un gimnasio

Familias de más de 50 niñas gimnastas se dieron modos para que sus hijas compitieran online a nivel internacional. Mamás y papás convertidos en DJ’s, enfermeros, costureros, psicólogos y asistentes de entrenamiento. ¿Deporte on line? Vea usted si es posible.
domingo, 9 de agosto de 2020 · 00:06

Mar Buendía

 

Enciendo la pantalla y espero. He movido algunas cosas para hacer campo, pero no puedo evitar que al fondo estén los libros, el plato de comida de mi pequeño Moscú y él mismo, que de tiempo en tiempo circula pensando que al mover mis brazos lo hago para jugar con él.

Luego de unos minutos voy reconociendo nombres en mi pantalla. Aparecen las pequeñas y están sonrientes, como siempre. Reconozco algunos de los espacios en los que se preparan para iniciar la clase: en diferentes casas hemos celebrado cumpleaños, intercambios de regalos, reuniones pre competencias, etc., etc. Tienen entre 6 y 13 años y a la mayoría las conozco al menos 3 o 4 años. También hay algunos rostros nuevos: son aquellas pequeñas que han decidido hacer algún deporte desde casa por la cuarentena. Ellas igualmente ya son parte del equipo.

En un "cuadradito" las niñas continúan entrenando.

Escogieron un deporte difícil, la gimnasia rítmica. En los juegos olímpicos de Beijing 2008 la gimnasia rítmica se declaró como uno de los deportes más vistos del mundo, principalmente por su elegancia y fluidez. Un minuto y medio de presentación frente a una decena de jueces y miles de espectadores, un minuto y medio para el que entrenamos demasiado tiempo, algo que mucha gente no entendería.

La gimnasia rítmica es un deporte que requiere flexibilidad, elegancia y gracia.

Un minuto y medio de presentación frente a una decena de jueces y miles de espectadores, un minuto y medio para el que entrenamos demasiado tiempo, algo que mucha gente no entendería.

Esto no pasa solo con la gimnasia, cualquier deporte de competencia es igual; largas jornadas de entrenamiento, clases extras, colegio adaptado, etc., son sacrificios que mucha gente considera inútiles, pero los que los hemos hecho sabemos que vale la pena cada día.

El trípode

Después de los conflictos de octubre en el país habíamos parado algunas semanas por el miedo de las familias a salir entre gases lacrimógenos y manifestaciones con niñas pequeñas. En enero comenzamos y apenas estábamos logrando retomar el ritmo cuando nos vimos obligadas a parar. El 12 de marzo fue nuestro último entrenamiento en el ráquet de San Pedro que alquilamos, pero a fin de mes ya nos habíamos organizado para hacerlo virtualmente. Comenzamos en abril, cada una en el espacio de su casa donde fuera posible arrinconar las cosas para tener al menos un cuadradito. Las primeras clases fueron incómodas y hasta chistosas. Niñas golpeándose con el ropero, gatos cruzándose por la pantalla, papás viendo por primera vez un entrenamiento completo de cerca y sorprendiéndose de los movimientos de sus hijas.

El deporte de competencia requiere mucho compromiso, eso que en el club nos gusta llamar “el trípode”. Es una metáfora bastante acertada: los entrenadores, la gimnasta y la familia. Cada una de estas “patas” forma la carrera de un deportista. Buenos entrenadores y una gimnasta comprometida no llegan lejos: los viajes, entrenamientos en sábado, domingo y feriados, gastos extras y demás, se ven frustrados porque los padres no quieren o no pueden dar el apoyo suficiente. Padres comprometidos y buenos entrenadores tampoco: hemos visto más de una vez gimnastas comprometidas que llegan a la adolescencia y prefieren cambiar las largas horas de entrenamiento por vida social más “común” y el trípode se desmorona.

Pero en esos raros casos cuando las tres cosas funcionan, la distancia no es un impedimento.

La familia, pilar imprescindible.

Es una metáfora bastante acertada: los entrenadores, la gimnasta y la familia. (...) hemos visto más de una vez gimnastas comprometidas que llegan a la adolescencia y prefieren cambiar las largas horas de entrenamiento por vida social más “común” y el trípode se desmorona.

Detrás de una pantalla

Finalmente, en mayo, logramos retomar el entrenamiento con buen ritmo (detrás de la pantalla de un ordenador). No es lo mismo que tenerlas de frente, pero nos entendemos. Las familias juegan ahora un rol más importante que antes, son también los ojos que nos faltan ante los mini cuadraditos en la pantalla; son la mano protectora nuestra que no puede estar con sus hijas por la distancia, son DJ’s, enfermeras y psicólogas. Incluso más que antes.

Mamás capaces de dar todo para seguir el sueño de sus hijas.

...son la mano protectora nuestra que no puede estar con sus hijas por la distancia, son DJ’s, enfermeras y psicólogas. Incluso más que antes.

A pesar de todo tenemos suerte, no es fácil en medio de la emergencia social por el tema sanitario, dedicarse a un deporte. No es fácil hacer un espacio en la economía para invertirlo en deporte, pero ahora más que nunca es quizás necesario. Los niños, acostumbrados a correr, gritar y moverse, se ven hoy encerrados en sus casas, teniendo que reprimir esa energía que los caracteriza, tratando de comprender y mantenerse como adultos calmados, cuando claramente no lo son. En la hora que toma la clase de gimnasia, danza, kárate, etc., los niños pueden volver a ser niños y eso es una ventaja que, quien pueda, debería tomar.

Los niños, acostumbrados a correr, gritar y moverse, se ven hoy encerrados en sus casas, teniendo que reprimir esa energía que los caracteriza, tratando de comprender y mantenerse como adultos calmados, cuando claramente no lo son.

Competencia internacional desde la cocina

Pero para una gimnasta que ya ha competido, incluso a nivel internacional, quedarse sin la adrenalina de una competencia es complicado. Entonces vimos la idea florecer. Un equipo de Argentina, a cuya competencia presencial habíamos asistido en 2018, se animó a organizar una competencia virtual. La primera versión fue a finales de mayo, pero no estábamos listas, así que esperamos la segunda. Las reglas eran diferentes, no sabíamos cómo funcionaría la dinámica, pero decidimos lanzarnos. Dos niñas del equipo se animaron y nos pusimos en campaña.

Entrenamientos vía Zoom, mamás saliendo sólo los días permitidos a comprar globos, cintas y banderas para adornar el pedazo de sala que habían decidido destinar a sus pequeñas. Descubrimos entonces que las niñas habían crecido y las mamás también tuvieron que hacer de costureras para tener listos los trajes de competencia. Desde el encierro hicimos de todo y, finalmente, competimos.

La primera experiencia online.

Entrenamientos vía Zoom, mamás saliendo sólo los días permitidos a comprar globos, cintas y banderas para adornar el pedazo de sala que habían decidido destinar a sus pequeñas. Descubrimos entonces que las niñas habían crecido y las mamás también tuvieron que hacer de costureras para tener listos los trajes de competencia.

Fue una experiencia emocionante, diferente y complicada, pero la vencimos con buenos resultados, aunque sentíamos que algo nos faltaba. En las competencias regulares tenemos esos momentos de cruzarnos con otras niñas, intercambiar opiniones con las otras entrenadoras, las niñas duermen juntas, comen juntas, entrenan juntas, y esa dinámica no la estábamos teniendo online.

Construyendo nuestra propia experiencia

Entonces decidimos hacer algo por nuestra cuenta. Organizamos una Copa online e invitamos a todos los clubes amigos y a todos los que encontramos en Facebook. Algunos nos “vistearon” y otros respondieron negativamente, pero sin darnos cuenta, Chile, Argentina, Costa Rica, Colombia y México dijeron SÍ. Teníamos un grupo conformado.

Ariana Porras, Club GR Calderón Costa Rica.
Sara Molas, Club Sol Naciente Paraguay.
Laura Sánchez, Club GAM México.

Quisimos hacer la experiencia distinta, organizamos clases de danza para que las niñas se conozcan entre ellas, una clase de fisioterapia a distancia para las entrenadoras, para que puedan lidiar con las lesiones de sus gimnastas aún sin estar cerca de ellas y un encuentro de familias para que pudieran compartir sus experiencias acompañando a sus hijas en este deporte. Finalmente, la competencia.

Fueron 2 días, 53 niñas y más de mil espectadores en YouTube. Compitieron en patios, cocinas, dormitorios, salas, garajes, decorando con globos, cintas, peluches, banderas y dibujos. 5 jueces, amigas, algunas de ellas también conectadas por la vía digital.

Compitieron en patios, cocinas, dormitorios, salas, garajes, decorando con globos, cintas, peluches, banderas y dibujos.

¿Qué hacíamos con las medallas? Obviamente no podíamos tener un podio y medallas, pero lidiamos con eso, decidimos premiar a las ganadoras con clases exclusivas de reconocidos profesionales. Las más pequeñas soltaron sus eternos moños y los cambiaron por pelo suelto y faldas para hacer danza árabe. Las medianas tuvieron a un gran maestro de ballet como premio y las más grandes contaron con la presencia de la diez veces entrenadora de la selección boliviana para una clase privada. Todas felices, sin medallas en el cuello, pero con experiencia en el corazón.

Todas felices, sin medallas en el cuello, pero con experiencia en el corazón.

Sé que no es lo mismo, todavía extraño abrazar a mis pequeñas cuando salen de la competencia, ser yo quien corrija sus ejercicios con ayuda, viajar hasta 60 horas para competir en otro país, compartiendo risas, almuerzos, almohadas y más. Eso no volverá en un tiempo, pero está bien porque hemos ganado algo diferente, ahora tenemos amigas en Costa Rica, Colombia y México, países que sin duda no seríamos capaces de visitar normalmente. Ahora sabemos que a pesar de la distancia, nuestra pasión y compromiso no disminuyen. ¿Deporte online? Sí, se puede.

 

  • Mar Buendía no nació aquí, pero es nomás collita. Fan de la salteña sin aceituna, las películas de terror, Cerati y Friends, la serie noventera. García Márquez es su Dios.

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