Confesiones / Itinerario desordenado

Manual para mujeres de la limpieza

Las historias de Lucía Berlín develan su propia vida truculenta, nómada y valiente. Autora de culto durante años, hasta que la publicación del Manual causó tal revuelo que inmediatamente fue traducido a varios idiomas y fue rodando como bola de fuego.
domingo, 20 de septiembre de 2020 · 00:05

Carmen Beatriz Ruiz

Contar en la vida con una ruta de viaje definida y organizada puede ser una ilusión y una aspiración, sin embargo, la vida misma se encarga de mostrarnos que es poco probable conseguir ese orden. A golpe de sorpresas y desencuentros intentamos aprender esa lección. Hasta que un atisbo de locura, resignación o sabiduría nos enseña que el desbarajuste es intrínseco a la vida y la mejor brújula es su disfrute.  De ese modo pueden mezclarse recuerdos, reseñas de libros, preguntas sin respuesta y hasta sueños. Sirva esta breve introducción para prevenir a quienes lean estos itinerarios que en ellos encontrarán un poco de todo… como en la vida.

Manual para mujeres de la limpieza

Lucía Berlín y su mundo estrujado

 

Manual para mujeres de la limpieza es una selección de 43 cuentos de los 77 que la estadounidense Lucía Berlín (Brown de nacimiento) escribió a lo largo de su vida. Autora de culto durante años, sus lectores eran gente “iniciada” en el fenómeno Berlín, hasta que la publicación del Manual causó tal revuelo que inmediatamente fue traducido a varios idiomas y fue rodando como bola de fuego.

El libro de Berlin fue traducido a varios idiomas.

Fuego, como la propia Lucía, que vivió acelerada y apasionadamente, desde su nacimiento en Alaska, el 12 de noviembre de 1936, hasta su muerte en Marina del Rey (Los Ángeles, USA), 68 años después, el 2004 en su cumpleaños.

La narrativa Berlín atrapa. Escribe permanentemente desde y sobre sí misma y sus experiencias; sus historias corresponden íntimamente a la vida cotidiana, y la mayoría de sus relatos y personajes se mueven en los submundos de la vida estadounidense.

El mundo es recreado a partir de los usuarios, casi sonámbulos, de una lavandería de barrio en Albuquerque, Nuevo México; de la ingenuidad cómplice y cruel de quinceañeras de familias acomodadas en Santiago de Chile o la terrorífica experiencia del abuelo dentista arrancándose los dientes, enfermos y sanos, para hacer su propia dentadura postiza con la nieta adolescente como improvisada, y aterrada, enfermera auxiliar en algún lugar al oeste de Texas, o los recovecos del amor entre artistas en un barrio bohemio o la descarnada secuencia de una resaca cuyo único remedio inmediato es conseguir más alcohol, aunque eso suponga conducir un carro a las tres de la mañana, vomitando, con la semi conciencia de haber dejado a los niños dormidos y encerrados y quizá no se pueda regresar.

Lucía Berlín en Oaxaca, México / Fotografía de El Cultural.

Escribe permanentemente desde y sobre sí misma y sus experiencias; sus historias corresponden íntimamente a la vida cotidiana, y la mayoría de sus relatos y personajes se mueven en los submundos de la vida estadounidense.

Las historias de Lucía Berlín se consideran de autoficción o novela personal, un tipo de narrativa en la que, como en las autobiografías, el autor es también el narrador y el personaje principal. Son historias reales mezcladas con elementos de fantasía, una especie de “mínima alteración de la realidad”; desde los nombres, las fechas y algunas circunstancias pueden estar cambiadas pero los protagonistas son reconocibles. Incluyen a su entorno familiar inmediato, la desapegada madre y el abuelo alcohólicos, el distraído y aventurero padre ausente, alguno de sus tres maridos, y los personajes de sus múltiples vecindarios y efímeros trabajos.

Las historias de Lucía Berlín se consideran de auto ficción o novela personal, un tipo de narrativa en la que, como en las autobiografías, el autor es también el narrador y el personaje principal.

Sin importar las transformaciones sabemos que ella está ahí, en cada cuento, riendo y llorando a gritos. Se trata de un pacto: ella nos cuenta lo que quiere y como quiere y reímos y lloramos con ella y apreciamos los paisajes humanos que vislumbra su mirada “Mujeres tapadas con mantos oscuros y niños en los brazos, hombres pobres y enjutos con ojos de mártir, de redentor”. Porque junto con su narrativa, y a partir de ella se difundió su vida truculenta, nómada y valiente, jalonada por hitos de alcoholismo, lumpen por episodios y una lucha sin cuartel por la sobriedad, como los reductos de la población negra, de los inmigrantes y de la llamada “basura blanca” viviendo siempre al límite de la miseria, de la ley y del delirium tremens.

Las historias de Lucia Berlin son cotidianas, pero introducen la sorpresa de las rupturas. / Fotografía de Penguin Random House.

Son historias con el ritmo falsamente reposado de las pequeñas historias de la vida cotidiana, pero introducen la sorpresa de las rupturas de ese falso sosiego con descripciones certeras, a veces crueles, dándonos pistas sobre la catadura de sus personajes y los ambientes opresivos en los que viven y se relacionan “Era moreno, untuosamente atractivo, de andares sigilosos, como un ladrón”. No nos angustia más de lo necesario porque su ritmo a un tiempo pausado y febril parece decirnos que la vida es así, con altibajos, con monstruos capaces de enternecerse y ángeles capaces de odiar en silencio. “B.F. estaba agarrado a la pared y a la baranda, jadeando y tosiendo después de subir los tres escalones. Era un hombre enorme, alto, muy gordo y muy viejo. Incluso desde fuera, mientras recobraba el aliento, noté su olor. Tabaco y lana sucia, sudor rancio de alcohólico. Tenía unos ojos azules de querubín inyectados en sangre, y sonreía con la mirada. Me gustó de entrada”. El rencor y el amor se dan la mano a cada paso. Así es la vida.

No nos angustia más de lo necesario porque su ritmo a un tiempo pausado y febril parece decirnos que la vida es así, con altibajos, con monstruos capaces de enternecerse y ángeles capaces de odiar en silencio.

Una vida a golpe de levantadas y caídas; fugas y construcciones. Y en el centro de todo, un profundo amor por vivirla riendo con los ojos.

 

  • Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social, profesión que ejerce en las áreas de desarrollo rural y derechos humanos. Escribe historias de vida y narrativa.

 

 


   

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