Confesiones

Cuando Leticia levanta el pañuelo

Leticia Arce es una voraz consumidora cultural. Ha asistido a más conciertos y obras de teatro que cualquier otro ser humano de su edad (que no revelamos, por su puesto). Ni siquiera la cuarentena pudo frenar su pasión por la cultura, ni tampoco su solidaridad con los artistas que tanto admira.
domingo, 17 de enero de 2021 · 00:04

Lucía Camerati

 

Siempre dije que hay que premiar al público que acude a los teatros, al que comparte tus eventos, al que va y saca fotos, los comenta y los recomienda. Debería haber un premio nacional y premios municipales para aquellas personas que van sagrado a los templos del arte. Es fácil de saber, anotas su nombre cada vez que entrega su entrada y listo, pides la información a Superticket o, al fin y al cabo, se hace un registro de las personas en la boletería. Bueno, supongo que eso hará por lo menos el Observatorio de las Culturas del Municipio de La Paz, saber cualitativamente sobre nuestros consumos culturales y premiarlos. Yo tengo una candidata, Leticia Arce. Es más, el premio debería llevar su nombre. Aquí les detallo por qué. Los artistas, sobre todo músicos, no me van a dejar mentir.

Las influencias desde la panza

Leticia Arce, bien chuquisaqueña ella, me cuenta que sus primeros conciertos fueron desde que su mamá estaba embarazada. Así que es un poco difícil explicar esas primeras sensaciones. Sin embargo, cuenta que asistiendo a un par de conciertos, el sonido le resultaba demasiado familiar. Conversando con sus padres se enteró que asistió, desde muy pequeña a las presentaciones de Boliviamanta y de Ruphay. ¡Listo!, comenzamos esta travesía musical con sikureada.

Gustos variados, puede rockear en un concierto y a los minutos agitar el pañuelito al aire para bailar una cueca.

Las raíces de Sucre

“¿Cómo no ser amante del teatro con Teatro de los Andes allá? Además de presentar sus obras o intervenciones callejeras, nos dieron un maravilloso e inolvidable festival cuando cumplieron 10 años, 10 días de teatro, 2 obras por día, una de ellos y una de invitados, ¿te imaginas? Ya adulta, durante mis primeros años de trabajo, vacación era venir a La Paz al FITAZ o al Escénica en abril”, me escribe por WhatsApp.

Nacer y crecer en Sucre fue la clave para su gusto por los eventos culturales. No olvidemos que la capital fue, por un tiempo, el centro de los Festivales de la Cultura donde la ciudad entera respiraba otro ambiente. “Los estudiantes íbamos a eventos, ya sea con el colegio o por nuestra cuenta, teníamos que armar programación para no perdernos las maravillas que había por curiosear, y así poco a poco en mí quedaron la música y el teatro como pasiones de espectadora”.

Leticia Arce, bien chuquisaqueña ella, me cuenta que sus primeros conciertos fueron desde que su mamá estaba embarazada. Así que un poco difícil explicar esas primeras sensaciones.

Desde el colegio fue "seguidora" ya que varios de los músicos eran sus amigos. Y sin duda, su corazón de fan fue creciendo con varios cantautores nacionales, a quienes perseguía hasta ubicarlos en sus hoteles para comprarse discos y seguro pedir un autógrafo. Supongo que todos hicimos eso alguna vez en nuestras vidas, pedir esa firma recuerdo, esa firma como para decir que esa persona te dio un abrazo y te vio el rostro.  

Los senderos de una fan

Una va al teatro y ya está en la cola; no, mentira, ya llega con su entrada comprada hace días. Se sabe el nombre de los dueños del boliche, de la señora que vende las entradas y seguro hasta de los tramoyistas.

Obviamente, asiste a las presentaciones de artistas que le gustan, pero también apuesta por los desconocidos. Todavía me acuerdo que un día me llamó para saber algo de Mon Laferte, para saber si valía la pena invertir en el concierto. Le compartí una canción y en el concierto se sabía todo. O sea, se puso a estudiar todo ese día hasta saberse todo. Me quedé sorprendida por esa capacidad de conocer y de consumir en poco tiempo lo que a algunos nos toma un montón. Su filosofía es simple, todo suma, artista que conoce, abre los ojos y sus oídos esperando algo maravilloso y lo mete al bolso.

Así es la Leti, lista para la fiesta, las canciones de amor y para una cueca: “Mi gusto es supervariado, así como estoy escuchando atentamente la letra de una canción de trova en un ambiente tranquilo, estoy cantando voz en cuello batiendo pañuelo en una cueca con grupos folclóricos, bailando en un concierto salsero o gritando en un show masivo; hay que disfrutar de todo en la vida, ¿no?”.

Me acuerdo que un día me llamó para saber algo de Mon Laferte, para saber si valía la pena invertir en el concierto. Le compartí una canción y en el concierto se sabía todo.

Sola o acompañada

El dilema de una fan es encontrarse con pares, pero cuando no pasa, te arriesgas nomás a la soledad. “Cuando estaba en colegio y empecé a ir a obras de teatro, no era fácil encontrar con quien ir, así empecé a frecuentar eventos sola. Un buen día decidí que no me iba a perder algo solo porque no había con quien ir. Al principio era el teatro, pero con el tiempo me re acostumbré a ir sola a los eventos, alcanzando un punto en el que prefería ir sola; tiene sus ventajas: puedo comprar mis entradas con anticipación, organizarme con tiempo, nadie me charla y me permite atender y disfrutar el evento; soy puntual y no llego tarde por terceros que quizás no le dan importancia a esos detalles”, me sigue contando.

Cuando llegó a La Paz en 2011, iba sola prácticamente a todo, pero más o menos en 2015 conoció a un grupo amigos de su estilo cultural. Dice que no son como ella, pero entienden sus locuras de comprar entradas anticipadas –entre otras– sin juzgarla. Así que ya no anda tan solitaria por el mundo bohemio y cultural paceño; es más, se considera una gentil agenda cultural viviente que gestiona las entradas para los demás. Doy fe: me ha comprado muchas entradas anticipadas, y por poco ya tenía el asiento elegido, porque el nivel de esos detalles es lo suyo.

Por supuesto que hay rarezas

Ella misma se considera loquita. “Como buena chuqui, me faltan un par de tornillos y tengo mis cositas extrañas. Yo organizo mi agenda y compro entradas con anticipación, por eso no me es complicado conseguir entradas locales. La gente normal no compra entradas el primer día de la venta, porque hasta poco antes al evento, si no es el mismo día, está decidiendo si asistirá. Lo mismo cuando es en otro espacio, reservo mesa con anticipación. Otra cosa medio rara es la puntualidad. Si el evento dice 7, yo estoy antes de las 7, se supone que a esa hora empezará el evento, eso es escuela Teatro de los Andes: si no estabas antes, ya no veías la obra. Otra rareza es el afán de no perderme conciertos, así que a veces me ha tocado dobletear, tanto en Sucre como acá en La Paz. En Sucre recuerdo que post convite, salí a media fiesta de bautizo de mi grupo de tinku con un par de amigos para ver a Molotov en el Teatro al Aire Libre y luego regresamos a fiestear, obviamente genial… Prepandemia solía hacer programación mensual de mis eventos en base a la Jiwaki, y de ser necesario pasar de un lado a otro o mix de tandas; eso hacía entre el Equi y el Thelonius antiguo: primera tanda de uno, segunda tanda corriendo al otro y tercera en el que mejor estuvo”. Está como para hacer un documental con sus experiencias, sobre todo del dobleteo, del tinku al rock, del rock al jazz. Yo ya no estoy para esos correteos pero la Leti, sí.

"Como buena chuqui, me faltan un par de tornillos y tengo mis cositas extrañas. Yo organizo mi agenda y compro entradas con anticipación, por eso no me es complicado conseguir entradas locales, la gente normal no compra entradas el primer día de la venta".

La lista de la Leti

Ok, pasemos a escribir la lista. A ver si hemos asistido a los mismos lugares. Nos vamos a centrar en la música. Lista para hacer una playlist.

Savia Nueva, “top 1 en mis conciertos, por razones muy sentimentales y familiares. Crecí con su música sonando en casa, mi cumpleaños no era cumpleaños si no había sonado el ‘Que se vengan los chicos’. Así que desde siempre mi sueño fue ver a Savia Nueva en vivo, lo que parecía casi imposible, pero por suerte los Junaro decidieron retomar el proyecto y tuve la oportunidad de verlos en vivo por primera vez el 2009 en Sucre, y los he visto todas las veces posibles, por lo general con mis papás, ya sea que ellos vengan a La Paz o yo vaya a Sucre para asistir. Así de fanáticos”.

Sigue dictando: “Conciertos de Mercedes Sosa, Facundo Cabral, Charlie García, Vicente Feliu, en época de Festival de la Cultura. Ahí conocí también a los Negro y Blanco que me abrieron una puerta musical enorme y hermosa. Willy Claure cuando presentó su disco de cuecas en el Teatro Mariscal, todos esos en Sucre.

También la vida le ha dado regalitos en algunos de sus viajes. Al momento de vacacionar le cayeron conciertos de Oscar Chávez, Fernando Delgadillo y Pablo Milanés en el Auditorio Nacional en CDMX.

A Pedro Guerra lo escuchó en el “Café Libertad 8” en Madrid y también, hace poco en febrero, coincidiendo con su concierto en Lima.

Destaca la gran fiesta que se armó hace muy poco con Pedrito Martínez y el reencuentro de los Quimbando, ambos en el Nuna. La presentación del disco en la fiesta de los Negro y Blanco, el Cuecas para no bailar del Willy en el Muni, las dos veces que pudo ver a Drexler, y tantos otros conciertos en espacios alternativos pequeños como Efímera o tremendos shows como el de Ricky Martin o Carlos Vives/Fonseca.

Ok, nos daremos un descanso. Pero ella sigue: “También están en un espacio especial de mis recuerdos las obras del Teatro de los Andes (‘La Ilíada’, en especial), del Teatro La Cueva ‘El otro huevo de Colón’, inolvidable el Marinero de esa obra, y del gran Sergio Mercurio con El titiritero de Banfield. Tampoco puedo olvidar que se puede disfrutar al máximo una obra en silencio gracias a Bizot; no sale de mis recuerdos y mi corazón el gran Gordo Méndez, protagonista de la Obra '120 Kilos de Jazz', y cuando me acuerdo escucho en mi mente la banda sonora de 'El Señor de la Mancha', musical que me ha erizado la piel y arrancado lágrimas las dos veces que asistí”.

¿Y ahora qué hace en la pandemia?

Sigue asistiendo por streaming. Recuerdo que el último concierto al que fuimos juntas fue al Thelonius donde cantaba Teresa Morales con Wilson Molina. Fue el 14 de febrero de 2020, no sabíamos lo que le iba a pasar al mundo. Todo se arruinó… pero no, para Leticia la cosa continuó en su encierro desde marzo. Se compró una tele gigante y ha comprado entradas on line de todas las formas posibles.

Invirtió en una TV grande para seguir asistiendo a conciertos y otras actividades culturales en línea.

Claro, tuvo sus últimas oportunidades. “Otros conciertos que se han vuelto inolvidables son el de Yalo Cuellar en el Torino y Mao Khan en Efímera, el 13 y 14 de marzo, respectivamente, mis últimos conciertos presenciales en vivo, pre-COVID. Me quedé con entrada y pasaje para el concierto de Chayanne, y con las ganas de bailar unas chacareras y chamamés con el Chaqueño Palavecino en La Paz. Las frustraciones de pandemia, digamos”.

Esto se ha vuelto una confesión triste, pero que al mismo tiempo da gusto escuchar. Preparo un café y me imagino que estamos en una charla Zoom mientras me dice: “Jamás me imaginé que mi vida cultural en pandemia fuera a ser tan movida. De pronto los artistas empezaron a presentarse en eventos virtuales y mi agenda se llenó, incluso más que cuando asistíamos presencialmente. He visto un montón de conciertos y obras de teatro, tanto gratuitos como pagados; en promedio debo ver al menos dos eventos por semana desde que empezó todo esto. El primer evento pagado que vi en pandemia fue el Homenaje a Gladys Moreno en ‘El Municipal en tu casa’; la Secretaría de Cultura en La Paz ha estado a la altura con esto de reactivar la movida. Si bien es distinto ver en la tele, ahora estoy convencida de que el ambiente lo crea uno; mis vecinos son testigos de que en mi departamento se han armado fiestas de uno (yo solita) en algunos eventos. Sigo cantando, aplaudiendo, bailando o batiendo el pañuelo en la cuequita como siempre. Yo no soy de ver tele, por eso no tenía un buen televisor, pero sí realicé esa inversión en medio de la pandemia para disfrutar mis eventos. Me considero alguien con suerte porque en mi caso la vida no cambió mucho: trabajo y cultura migraron a casa. La pandemia y la virtualidad han traído cosas positivas, considero que hemos conocido a los artistas en otras facetas algo más íntimas, hemos podido disfrutar de eventos que quizás no se hubieran presentado acá y también hemos abierto el horizonte a nuevas cosas por ver”.

"Jamás me imaginé que mi vida cultural en pandemia fuera a ser tan movida, de pronto los artistas empezaron a presentarse en eventos virtuales y mi agenda se llenó, incluso más que cuando asistíamos presencialmente. He visto un montón de conciertos y obras de teatro, tanto gratuitos, como pagados".

Gasto o inversión

¿Pero cómo hace para tanta entrada?, eso es algo que siempre nos preguntamos sus amigos. Realmente nos gana, no sabemos cómo le hace.

“Definitivamente, para mí la cultura no es gasto, es una inversión en felicidad, creo que es algo así como un bien intangible de primera necesidad. Por ahora tengo una situación económica estable y estoy soltera, lo que me permite cubrir los costos y tener tiempo para participar en casi todo evento que me atrae, pero si las circunstancias fueran distintas, cambiaría platea por galería y reduciría un poco la frecuencia escogiendo lo que me alcance, pero jamás dejaría de asistir. Así era cuando recién me vine a La Paz, mi situación era otra, pero igual asistía a eventos en vivo, además, esta ciudad tiene cultura y eventos para todo gusto o bolsillo, con ir a la Feria de Culturas los domingos uno ya tiene un evento por semana y gratis”.

Definitivamente, para mí la cultura no es gasto, es una inversión en felicidad, creo que es algo así como un bien intangible de primera necesidad.

Yo sé que ha asistido a más conciertos. Fue muy medida con su lista y sus experiencias. Junto a ella recuerdo nuestros griteríos con la canción Gipsy York de Gustavo Orihuela Quartet, o como cuando fue el festival de Jazz Manouche. Pero también cabe destacar que, si se trata de ayudar a los artistas apaleados con el COVID, la Leti estuvo ahí, colaborando, difundiendo la urgencia, siempre en primera fila. Ya lo dije, los artistas no me van a dejar mentir: si no es presencial, la Leti está ahí de manera virtual, haciendo el encuentro zoom para compartir nuevos conciertos con sus amigos y su familia. Es el público que los artistas necesitan, no solo para levantar su pañuelo, sino también para ofrecer su corazón. Espero que muy pronto nos volvamos a encontrar para cantar una cueca con fervor. Ella levantará su pañuelo y yo estaré ahí para sacarle una fotito.

  • Lucía Camerati es confundida de rostro cada vez, pero sabe esconderse bajo el pretexto de homenajear a Pessoa. Cada que puede hace dietas ayurvedas. El año pasado aprendió a nadar. Le encanta husmear en las bibliotecas de las personas.

 

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