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Esperando a que se duerman

Aunque pocos hablan libremente del tema, la masturbación es una práctica habitual. Es un placer culposo debido a que se asocia a lo negativo, cuando es algo natural e incluso sano. ¿Te atreves a hablar de esto?
domingo, 17 de enero de 2021 · 00:02

Natalia Lucía Siles Costa

 

¿Se acuerdan de las pornos francesas de I-sat? ¿O de ATB los sábados pasadas las 10 de la noche? Quienes hoy tienen alrededor de 25, 35 y tuvieron el privilegio en la infancia de tener una televisión en su hogar, de seguro recordarán.

La masturbación sigue siendo un tema tabú. Todos lo hacen, pero no se habla de ello.

Hace algunos años, cuando entrevistaba a jóvenes en La Paz para preguntarles sobre sus prácticas sexuales, me topé con varias anécdotas sobre cómo se masturbaban en secreto siendo pequeños. Surgieron esos recuerdos de cuando esperaban a que todos en la casa se durmieran para escabullirse a buscar porno en la televisión.

Una chica me contaba cómo entre sus 11 y 13 años era casi un ritual esperar a que fuera viernes para poder estar a solas frente a la tele y tocarse. Claro que, a esa edad, ni siquiera ella misma sabía bien qué era lo que hacía. Jamás se lo contó a nadie y siempre sentía una sensación amarga después de hacerlo, como si estuviera haciendo algo muy malo.

Otro chico me comentaba cómo él podía hablar del tema más bien libremente con algunos amigos del colegio (puro hombres) e incluso en una ocasión se reunieron a ver porno juntos. Supuestamente en la casa de uno de ellos se podía acceder por mera suerte a uno de esos canales triple equis por cable. Era suerte ya que, en realidad, en la casa no tenían el servicio de ese canal contratado, pero a veces la televisión captaba algo de la señal. Se reunieron, poco más comiendo pipocas, y estaban tan emocionados que ni siquiera les importó que lo que lograron ver en realidad no era más que imágenes borrosas en blanco y negro que apenas se podían distinguir.

Quienes no contaban con televisión o bien no habían hecho uso de la pornografía por ese medio, recordaban otras prácticas, como robarse revistas eróticas que quizás guardaba alguien en la casa o simplemente escabullirse al baño para encerrarse a imaginar cosas.

Estos relatos volvieron a mi mente cuando, hace poco, una mujer me contactó algo confundida: “Tú trabajas con temas de educación sexual, ¿verdad? ¿Puedes ayudarme con mi hija? La encontré viendo porno y no sé qué hacer, es aún niña”. Existe una falsa creencia de que los niños “no tienen sexualidad” o de que recién en la pubertad se “despierta” el interés por el sexo. Y debido a esta creencia muchas veces los adultos intentan ocultar los temas sexuales de sus hijos, pensando que, si no, podrían pervertirlos o algo por el estilo. Lo que yo veo es que ocurre lo contrario: mientras menos sabemos sobre lo sexual, peores decisiones tomamos en cuanto a cómo vivimos nuestras prácticas sexuales.

En lo personal, yo sí recuerdo vívidamente las pornos de la televisión, así como las de hoy en día, es decir, las que se miran gratis en internet. Durante mucho tiempo, sobre todo de pequeña, sentía mucha vergüenza por el tema de la masturbación. Ya de adulta  descubrí que no era nada terrible sino más bien algo incluso bueno para la salud, pero aún así sentía esa sensación como de “bajón” después de hacerlo. Cuando llegué al enfoque que hoy en día manejo, que es el de la sexualidad consciente, recién comprendí que la masturbación, tal como en general se la practica, en realidad es algo que sí puede dañarnos a nivel emocional, energético y físico incluso.

Durante mucho tiempo, sobre todo de pequeña, sentía mucha vergüenza por el tema de la masturbación. Ya de adulta descubrí que no era nada terrible, sino más bien algo incluso bueno para la salud.

La forma en que buena parte de la gente suele masturbarse es haciendo uso justamente de pornografía, además de fantasías y recuerdos. La práctica se hace cuándo y dónde sea, simplemente porque “te viene” la excitación y te dejas llevar por ella. Cuando los niños llegan al porno, en realidad no suelen aún tener una idea clara de lo que están buscando ni de qué es masturbarse, simplemente lo hacen por la curiosidad de algo que les hace sentir excitación. Como nadie les habla sobre sexo ni mucho menos sobre masturbación y sobre “cómo masturbarse”, el porno se vuelve una fuente de aprendizaje, y el hacer su práctica en secreto, esperando a que la casa esté vacía o a que todos se duerman, se vuelve un hábito.

Hoy en día, los adolescentes acceden a pornografía gratuita a través de internet.

No digo que el porno, en sí mismo, sea malo (aunque admito que el que hoy en día circula es de la peor calidad cinematográfica, además de misógino, inverosímil y violento), pero creo que, si aprendiéramos más sobre la sexualidad consciente e incorporáramos esto en la educación de los niños, de seguro las futuras generaciones no tendrían que guardar estos secretos culposos ni pasar tantas hazañas para intentar acercarse al sexo.

  • Natalia Lucía Siles Costa es escritora en Talleres de Lu en Facebook, madre de estrenitos, bruja de la luna y aprendiz del retorno de la luz. Es socióloga con publicaciones sobre sexualidad y vendedora en Sacred Sex.

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