Especial alasitero

¿Cómo explicar Alasita a un extranjero?

No hay palabras en inglés para explicar algunos aspectos de nuestra tradicional Alasita. Pero, con un poco de imaginación y buen humor, hasta el más gringo la entiende y se enamora de ella.
domingo, 24 de enero de 2021 · 00:05

Mar Buendía

Hace un par de semanas, mientras hablábamos de festividades tradicionales, me tocó explicarle a un amigo de otro país cuál era mi favorita. Sin duda, la Alasita. Como nos comunicamos en inglés, la verdad no sabía cómo explicarle todo lo que sucede, así que se me ocurrió ponerle el nombre, la fecha y los datos básicos y luego buscar un video de YouTube que explicara lo demás, ¡siempre hay algo en YouTube! 

Encontré un reportaje de la BBC de 2011 y, sin darle muchas vueltas, se lo envié. Minutos después, con más paciencia, recién lo vi y me decepcioné enormemente. Era, francamente, un bodrio. Ensalzaba dos cosas: que creemos en un gordito al que hacemos fumar, y que las chicas se pelean por gallos. Nada más. Me sentí avergonzada y le dije que, por favor, ignorase el audio del video, pero que podía servirle ver las imágenes para darse una idea. Entonces me propuse explicarle yo solita todo el mambo.

Un reportaje de la BBC de 2011 ensalzaba dos cosas: que creemos en un gordito al que hacemos fumar, y que las chicas se pelean por gallos. Nada más.

Empecé por lo básico: es la feria de las miniaturas, todo lo que quieras en “la vida real” lo compras en pequeñito, vas y lo bendices en la Iglesia. Primera parada. “¿O sea que en tu país los curas católicos bendicen estas estatuillas que no pertenecen a la religión católica?”. “Sí. Lo hacen, pero no solo ellos, también los yatiris”. Segunda parada. Ahí sí me topé con una pared, yatiri, sahumerio, koa. Además de no tener traducción, ¿cómo se explica? De nuevo a YouTube, encontré un video de un sahumerio con un yatiri y le dije: “Es así, pero lo que bendice son las miniaturas”. Un largo “oooookey” y continué. Le causó mucho interés qué cosas había comprado yo o qué cosas solíamos comprar mi familia o amigos. Me puse a pensar y le escribí mi lista. Mis vitales son: pasaporte, la maleta llena de dinero, certificado de salud, mi dichoso título universitario y el sapito o la ollita. Le conté también de Camila, una amiga que tenía hace tiempo y que siempre buscaba quién le regale gallitos y que hace tres años encontró un novio, sin mentir, con la misma carita de su último gallo. No critico, ella es feliz, él es feliz. El gallo cumplió.

El Ekeko, figura central de la festividad / Imagen archivo Página Siete.

Le conté también de Camila, hace tres años encontró un novio, sin mentir, con la misma carita de su último gallo. No critico, ella es feliz, él es feliz. El gallo cumplió.

Le conté también de mi mini Óscar, ¡dichosos los artesanos a los que se les ocurrió! y que está al lado de mi claqueta de tamaño real, esperando a su hermano de tamaño natural (¡algún día!).

Mandó un largo “hahaha”; le divertían las historias y le parecía un mundo totalmente extraño. Pidió algunas fotos, más historias y algunas otras tradiciones. 

Me preguntó qué compraría este año, le dije que aún no sabía. “Podrías comprar una miniatura de mí”, dijo. “No seas tonto, compras lo que deseas tener”, le dije, “¿acaso no somos amigos ya?”. “Ahhhh, pero tal vez para que me materialice de verdad allá”, dijo, acompañando la frase con emojis sonrientes. Reí también. No había pensado en algo así. ¿Se imaginan a esas chicas y chicos súper capos con la plastilina y la arcilla haciendo miniaturas de sus ídolos? Y miniaturas de sí mismos. Los casan y los bendicen. Listo. Ya me imagino recorrer la feria con puestos de mini Ryan Gosling, Harry Styles y los chicos de BTS. No es mal negocio, ojalá algún artesano me esté leyendo.

Le expliqué también lo de las deudas, y ahí no pudo contener su sorpresa. “Un ratito, un ratito. O sea, digamos que yo le debo 5000 dólares a una señora rubia medio viejita. Cuento 5000 dólares en esos billetitos que dices, busco una señora rubia medio viejita en la calle ¿y le pago a ella?”. “Sí”. “¿Y si alguien le debe a alguien como yo, me paran en la calle y me pagan?, ¿así como así?”. “Sí”, dije nuevamente. Para esto creo que ya estaba alistando su pasaporte y viendo si ya había vuelos desde su país. Quedó encantado.

“Ahora las cosas que tienen que ver con el amor”, me dijo, “¿qué cosas hay para enamorados?”. Reí. Sabía que iba a volver a lo de los gallos y gallinas. Le expliqué que uno no se compra gallo o gallina, que alguien más tiene que regalarnos estos dos amuletos. No le pude explicar el tema de los colores porque, la verdad, nunca terminé de aprenderlo, pero sí le dije qué color de gallo o gallina simboliza una cualidad del futuro novio o novia. Me dijo que a él le gustaría una gallina blanquiverde para que le toque una novia con conciencia ambiental, vegetariana y pacífica. Nos reímos ambos. 

Cada color de gallo o gallina representan una cualidad del futuro novio o novia / Imagen archivo Página Siete.

Me dijo que a él le gustaría una gallina blanquiverde para que le toque una novia con conciencia ambiental, vegetariana y pacífica.

Finalmente, llegamos a las bodas. “Por favor, de eso sí voy a necesitar un video”, me dijo. Estaba fascinado. Le dije que lo paradójico es que muchas parejas creen que una boda de Alasita más bien te hace terminar la relación. “¿Al bendecirla en miniatura anulas la real? Puede ser...”, dijo. “Igual, cuando esté allá me voy a casar con cualquier chica que conozca solo para experimentar la ceremonia”. Yo solo reí, ya me lo imagino en un boliche diciéndoles a las chicas “¿Te casas conmigo en Alasita?”. Aunque por ahí tiene suerte. Nunca se sabe. 

Sobra decir que le encantó la idea de la Alasita y que, aunque yo dejé muchos baches por no saber cómo explicar las cosas en inglés, creo que entendió la mayoría. “Gracias, ojalá algún día pueda estar ahí un 24 de enero”. Hoy me toca decirle que este año el 24 es un día cualquiera, pero pronto me encargaré de conseguirle al menos una foto de su gallina bicolor.

 

  • Mar Buendía no nació aquí, pero es nomás collita. Fan de la salteña sin aceituna, las películas de terror, Cerati y Friends, la serie noventera. García Márquez es su Dios.

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