Confesiones / Itinerario desordenado

Una historia de amor y oscuridad

La literatura es capaz de transportarnos a otros espacios y tiempos, y sobre todo, puede transmitirnos sentimientos íntimos como si nosotros mismos los experimentáramos. Ese es el caso de una magistral novela de Amos Oz.
domingo, 24 de enero de 2021 · 00:04

Carmen Beatriz Ruiz Parada

Así titula la autobiografía en forma de novela que escribió Amos Oz, publicada el año 2002. 

Amos Oz (Jerusalén, 4 de mayo de 1939 – Arad, 28 de diciembre de 2018), nacido Amos Klausner, cambió de apellido y de vida a los 15 años, al dejar su natal Jerusalén para irse a vivir a un kibutz dos años después del suicidio de su madre. Fania, la joven madre y el progresivo deterioro de su salud mental, presa de permanente depresión, son parte del hilo conductor de la novela de principio a fin. “… mi madre muerta, siempre ella. Ella y su desesperación. Ella y su dragón”. 

La íntima historia familiar se va entretejiendo con la narración de una niñez que transcurrió en medio de la turbulenta historia de la Jerusalén de la década de los años cuarenta, tras el final del mandato británico en Palestina, y la tensa convivencia entre árabes y hebreos; la fundación del Estado de Israel, seguida inmediatamente por la guerra árabe judía y la acelerada construcción de un país debatiéndose entre la guerra y la política.

La íntima historia familiar se va entretejiendo con la narración de una niñez que transcurrió en medio de la turbulenta historia de la Jerusalén de la década de los años cuarenta...

Dejar Jerusalén fue un cambio radical que implicó también un expreso alejamiento de la relación con Arie Klausner, su padre, estrecha hasta entonces por haber sido hijo único, haber compartido la dolorosa experiencia de cuidar juntos a Fania, quien al final sucumbió a la tristeza. Amos Oz se quedará en el kibutz 25 años, primero como estudiante y luego como profesor. 

Los acontecimientos del entorno familiar y del país son narrados  de forma armónicamente imbricada en la voz de un adulto que no perdió la mirada ni los sentimientos de su niñez atormentada por la depresión materna, que provocaba un movimiento pendular y continuo de cercanía y lejanía, y en el marco de su familia extendida, tíos, abuelos, bisabuelos, amistades y vecindario, la mayoría provenientes de historias recientes de persecución, pogromos y expulsión de países del centro y del este de Europa.  

Leyenda

Oz pinta esa historia de amor y oscuridad con un lenguaje de descripciones coloquiales, sentido del humor y de la ternura, y a veces coloración lírica (como decir “… la seducción de la espléndida y mortífera Europa”), casi mágica, siguiendo los hilos del pasado, el presente y el futuro del pueblo judío. Un río turbulento que lo acoge, lo impulsa y, a veces, lo expulsa a partir de su identidad y pertenencia, pero también de sus posiciones críticas y contestarias a las posiciones radicales en pugna, principalmente respecto al encono nacionalista y la guerra. 

En su mirada caben como hechos dignos de contarse todo lo que constituye la vida cotidiana de un vecindario judío de Jerusalén, con refugiados antiguos y recientes, gente empobrecida por la diáspora que, sin embargo, no renunció nunca a la esperanza de encontrar y construir una patria propia, de la que no los echaran nunca más. Se describen con minucioso detalle personajes de contextura extraordinaria, como también los sentimientos de amor y oscuridad que los impulsan y los mantienen vivos y expectantes: “En los momentos íntimos ellos no hablaban en hebreo. Y en los momentos más íntimos ellos no hablaban en absoluto. Permanecían callados. La sombra del miedo a sonar o parecer ridículos se cernía sobre todo”. 

En su mirada caben como hechos dignos de contarse todo lo que constituye la vida cotidiana de un vecindario judío de Jerusalén, con refugiados antiguos y recientes, gente empobrecida por la diáspora...

Quizá lo más llamativo de estas memorias es que transitan libremente entre distintos espacios y tiempos, yendo y viniendo como quien teje y desteje un tapiz. Una pulsión pendular sobre el suicidio de la madre (“…cuya compasión se había acabado”), la dramática ruptura del niño que dejó de ser y, al mismo tiempo, la decisión fundacional del hombre que quiere ser. 

Leyenda

La actriz Natalie Portman, estadounidense de origen israelí, se estrenó como directora con la adaptación cinematográfica de las memorias de Amos Oz, en una película que lleva el mismo nombre que el libro y en la que, además, actúa en uno de los papeles principales, como la madre del escritor. Aunque ha tenido una crítica más bien mediocre, principalmente porque se le reclama no haber logrado reflejar la profundidad del relato ni amarrar con soltura sus hitos y desenlace, Portman logra, sin embargo, transmitir el melancólico clima jerosolimitano mezclado de opresión y esperanza en que transcurre la novela autobiográfica de Amos Oz. 

La actriz Natalie Portman, estadounidense de origen israelí, se estrenó como directora con la adaptación cinematográfica de las memorias de Amos Oz, en una película que lleva el mismo nombre que el libro y en la que, además, actúa en uno de los papeles principales...

Oz escribió y publicó 11 novelas, algunas muy conocidas, como su inaugural Mi querido Mijael, y después Tierra de chacales, Tocar el agua, tocar el viento… Además de escritor, colono y profesor, fue activista por la paz entre árabes y judíos. En Una historia de amor y oscuridad esos oficios y perspectivas se dan la mano para transmitirnos historia y sentimientos. 

 

  • Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social, profesión que ejerce en las áreas de desarrollo rural y derechos humanos. Escribe historias de vida y narrativa.

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