CRONIQUITA

Recibiendo al orejón de Papantla

La picardía boliviana pudo haber desanimado a Ernan Cirianni, ilustre visitante, de volver a pisar nuestra tierra. En El Alto le preguntaron si tenía dinero para el taxi. Tenía. ¿Qué pasó?
domingo, 3 de octubre de 2021 · 05:00

Leaño Martinet

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Ernan Cirianni siempre tiene una anécdota graciosa que contar, los ojos le brillan al descubrir aspectos nuevos de la realidad y se la pasa sonriendo hasta por el detalle más sutil que la cotidianeidad pueda ofrecer. Es una persona que vive sumida en la felicidad y emana alegría incluso durante los momentos más trágicos de la existencia. Imagino que hasta en un funeral se le escaparía un chiste inocente para serenar a los dolientes.

Nació en Buenos Aires y su infancia estuvo marcada por dos hechos importantes: el primero fue el exilio político que, junto con su familia, lo llevó a vivir en tierras mexicanas. El segundo, la oportunidad de sentarse al lado de su héroe de toda la vida: el Diego, quien, después de firmarle una camiseta y compartir unas palabras de cariño, partió a reivindicar el orgullo nacional marcando dos goles históricos ante los ingleses.

La infancia de Ernan estuvo marcada por dos hechos importantes: el exilio político que lo llevó a vivir en tierras mexicanas. El segundo, la oportunidad de sentarse al lado de su héroe de toda la vida: el Diego.

Cuando ya era joven y los ánimos políticos se habían tranquilizado, pudo retornar a su país natal, donde comenzó una de las más prolíficas carreras historietiles latinoamericanas. Sin caer en la exageración, se puede aseverar que Ernan produce al menos un par de viñetas diarias, siempre con el mismo estilo de dibujo garabateado y algunos colores planos, que son prácticamente su firma.

Crear tanto material nunca le resultó problemático, pero publicarlo era otro cantar, así que se apoyó en la confección de blogs y en las redes sociales para exponer su trabajo. Gracias a una red interesante de lectores logró publicar varios libros, que constituyen su carta de presentación en todos los eventos comiqueros internacionales.

Puesto que su presencia no podía faltar en algún festival boliviano, arribó al país el año 2010 como uno de los invitados especiales. En el aeropuerto de El Alto lo esperaban los “pesos pesados” de la historieta nacional, quienes, si bien le exteriorizaron muchas palabras de afecto y admiración, lamentablemente carecían del dinero necesario para conducirlo hasta su hotel. Algo apenados, le preguntaron al invitado si disponía de algún dinero para tomar un taxi y él respondió que solo llevaba un billete de cien dólares.

En el aeropuerto de El Alto lo esperaban los “pesos pesados” de la historieta nacional, quienes, si bien le exteriorizaron muchas palabras de afecto y admiración, lamentablemente carecían del dinero necesario para conducirlo hasta su hotel.

“No hay problema, vamos a ese restaurante que ahí te lo cambian”, aseguró alguien, lo cual pareció solucionar el inconveniente. Sin embargo, el cambio de moneda no fue gratuito, pues implicó que todos los miembros de la comitiva devoraran suculentas hamburguesas, mientras jugaban con los muñecos de Bob Esponja que las acompañaban. Cuando los comensales notaron que la situación suponía un leve abuso de confianza, decidieron compensar ese gasto abaratando el transporte, así que acompañaron al invitado, caminando, hasta La Ceja de El Alto, desde donde abordaron un muy económico minibús hacia el hotel.

Una vez en su alojamiento, cuando Ernan comenzaba a sulfurarse por la situación, se dio cuenta de que todos se mataban de risa por la broma que le habían jugado. No le quedó más opción que unírseles con una sonrisa; después de todo, acababa de acumular material para varias viñetas. Desde aquella ocasión le cobró un aprecio enorme al país e intenta participar en los festivales nacionales siempre. Claro que ahora llega portando billetes chicos, suficientes para pagar el taxi hasta su hotel.

 

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Leaño Martinet es boliviano de nacimiento y francés de pasaporte. Un artista visual que escribe de vez en cuando.

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