Viajes

Ataúdes para los duraznos

Constancio es un joven agricultor, se peina como Cristiano Ronaldo, baja música de internet y se da modos de negociar mejores precios con sus caseras. Pese a que sus padres y abuelos usaban “ataúdes” para el producto estrella, el negocio todavía no ha muerto.
domingo, 21 de febrero de 2021 · 00:02

Sergio Antezana

Salimos hacia Patacamaya a las 7 de la mañana; una hora y media más tarde paramos en el Tholar para desayunar. Mientras comíamos un queso tradicional del lugar, acompañado de un café negro, nos pusimos a hablar de lo que haríamos en la siguiente parada: Luribay. Los valles paceños son pequeños y su conexión con la ciudad es relativamente reciente: un tramo de la principal entrada fue asfaltado hace unos 20 años, y antes de eso se iba por un camino de tierra con bastantes baches y hasta derrumbes. El asunto es que, para llegar a los valles, se tiene que cruzar la cordillera. Al bajar hasta la falda del cerro, el valle es tan pequeño que el cerro que lo cierra se ve cerquita al frente. Es un “vallecito” al lado de los valles tarijeños, cochalas o chuquisaqueños y, sin embargo, provee de fruta y verduras a La Paz, igual que Sapahaqui, que está al lado.

El objetivo del viaje era conocer la experiencia del Proyecto Mercados Inclusivos, financiado por agencias extranjeras y ejecutado por instituciones locales. Un viaje de trabajo, pero, como todo viaje, siempre abre la posibilidad de descubrimientos. Muchas veces los citadinos tenemos ideas preconcebidas sobre la vida rural, y esas ideas rara vez están conectadas a la realidad, sino –últimamente– a una narrativa armada con fines políticos. Pensamos, por ejemplo, que un campesino no tiene acceso a internet, no usa celulares inteligentes, que escucha otra música o que no conoce quién es Messi…, en resumen, pensamos que un campesino vive en el pasado.

Muchas veces, los citadinos tenemos ideas preconcebidas sobre la vida rural, y esas ideas rara vez están conectadas a la realidad, sino –últimamente– a una narrativa armada con fines políticos.

De hecho, hay gente que vive mirando el retrovisor y habla del retorno al Qollasuyo en el campo, pero cuando uno va al campo ve gente como el Constancio, un chango moderno, con corte de pelo tipo Ronaldo, jeans chupín y una camisita muy fachera. Cuando él quiere averiguar algo, busca en Youtube. ¿Qué busca? Desde podas de durazno hasta música. Usa redes sociales como cualquier persona de su edad en La Paz o Santa Cruz. Es un joven como tantos otros que habitan el país.

El Constancio es productor de pacay, ciruelo, tomate, una larga variedad de verduras y su producto estrella es el durazno. Para aprovechar las bondades del clima valluno, el Constancio combina algunos productos que salen en invierno con otros que salen en verano, como el durazno y gran parte de las frutas vallunas. Así logra tener platita casi todo el año, y no tiene que ir a la ciudad a trabajar de albañil o de chofer. Eso pasa más en el altiplano.

Se hace la burla con sus amigos y dicen que llevan sus “ataúdes” al mercado, pues algunos aún usan las cajas de madera que usaban sus padres, sus abuelos y los abuelos de sus abuelos para movilizar ciertos productos como el pacay. Pero ahora también usan cajas de cartón para llevar los duraznos a El Alto; duran menos, pero son más livianas.

Constancio y sus duraznos.

...algunos aún usan las cajas de madera que usaban sus padres, sus abuelos y los abuelos de sus abuelos para movilizar ciertos productos como el pacay.

El proceso tradicionalmente funciona así: un productor viaja en camión a eso de las 2 de la mañana y alquila espacio para traer sus cajas de madera al mercado de Villa Dolores; ahí, varias comerciantes compran su producción en pequeños lotes (de 100 a 200 unidades en general) hasta antes de las 7, momento en que comienza a funcionar el mercado. Usualmente, liquida todo hasta esa hora porque si no, se lo debe llevar de vuelta a Luribay. Las comerciantes saben eso, así que son ellas las que controlan el precio. Todo el durazno sale al mismo tiempo, así que el camión viene lleno de productores que quieren vender sus duraznos para tener algo de platita y llevarse algunos productos de vuelta: arroz, fideo, aceite, etc. En economía, la lógica nos dice que a mayor oferta, menor precio, y es justamente lo que pasa. 

El rostro más duro del “libre mercado” no son las “grandes corporaciones”, ni los croatas, ni los culitos blancos de la zona sur, sino las comerciantes de Villa Dolores que hablan su mismo idioma (aymara) y que, como oligopolio (oligopsonio técnicamente), fijan el precio, a veces incluso por debajo del costo estimado por el Constancio. La negociación es sencilla: te pago tanto o te lo llevas de vuelta. El camión regresa a Luribay en la misma mañana, así que los productores deben terminar de vender su producto y de hacer sus compras rápidamente. El trato con los camiones es de ida y vuelta, y no hay otro transporte para volver en el día.

El rostro más duro del “libre mercado” no son las “grandes corporaciones”, ni los croatas, ni los culitos blancos de la zona sur, sino las comerciantes de Villa Dolores que hablan su mismo idioma (aymara)

Pero volvamos al tema de las cajas. ¿Qué tiene de particular que el Constancio prefiera comerciar usando las de cartón? Pues representa una gran ventaja, él puede negociar con algunas mayoristas que le compren toda la caja, y como es de cartón, no tiene que llevar el “ataúd” de vuelta; además, él separa el durazno por calidad: los más grandes en unas cajas y los más chicos en otras. Eso también le permite cobrar un poquito más. Como son cajas más pequeñas, los duraznos se conservan mejor que en la caja de madera, en la que usualmente se golpean y malogran. Además, permite que nosotros, los paceños, ubiquemos que el durazno es de Luribay y no de San Benito, como a veces nos dicen las caseras. 

Esta época llega el durazno nacional a los mercados. El de La Paz es muy bueno, aunque no muy conocido. Lo producen changos metedores, como el Constancio. Si ven la cajita de cartón, compren de una, son delis. Además de probar un durazno súper rico, estarán apoyando la economía de montón de familias en los valles, que dependen especialmente de la fruta para tener un buen o mal año. 

 

  • Sergio Antezana es desempleado a tiempo completo y aparapita sanzeano por vocación.

  • Para conocer mejor el Proyecto Mercados Inclusivos pueden visitar su página:  https://bit.ly/3qIGjhv

     

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