Confesiones / Itinerario desordenado

El lado oscuro

El ramalazo de lo oscuro está presente permanentemente en nuestras vidas diarias, depende de cada uno cerrar la puerta o entreabrirla, dejarlo entrar o convivir con ello sin presumir de inocencia.
domingo, 11 de abril de 2021 · 00:02

Carmen Beatriz Ruiz Parada

Las reseñas literarias suelen señalar que Haruki Murakami (Tokio, 12 de enero de 1949) es el escritor japonés contemporáneo más universal, generalmente refiriéndose a su pasión por la música clásica occidental y a la evidente influencia de connotados autores norteamericanos que transitan por su narrativa. Como varios otros escritores de su generación, Murakami ha pasado años viajando, trabajando y viviendo entre Estados Unidos y su país de origen. 

Pero Japón siempre está presente, “está ahí”, como escenario, en sus personajes y sus sentimientos, como la pulsión fundamental de su narrativa. Ventajas de la globalización son el ir y venir continuamente, aún casi sin necesitar desplazarse físicamente; contar historias de gentes que viven en una aldea perdida en las montañas de ese país y, sin embargo, son personajes e historias cuyos temas pueden ser sentidos, vividos, comprendidos en cualquier parte del mundo. ¿Qué es lo exótico en estos tiempos pandémicos tan interconectados, tan universales? ¿Qué nos es realmente extraño? No me cabe duda que somos simultáneamente Nosotros y los Otros, si tan solo dejamos que eso suceda.

Las reseñas literarias suelen señalar que Haruki Murakami es el escritor japonés contemporáneo más universal.

¿Qué es lo exótico en estos tiempos pandémicos tan interconectados, tan universales? ¿Qué nos es realmente extraño? No me cabe duda que somos simultáneamente Nosotros y los Otros, si tan solo dejamos que eso suceda.

En su última novela, La muerte del comendador, (publicada por Tusquets en castellano el 2018 a un mes de su aparición en japonés), el narrador es un hábil pintor de retratos “de cierto éxito” que recibe encargos bien pagados, con lo cual vive y gracias a lo cual, contradictoriamente, está sumergido en una rutina de medianía sin intentar ir más allá con su arte. 

Esa rutina es interrumpida abruptamente por la separación que le demanda su esposa luego de seis años de matrimonio. Dolido y confundido, el pintor inicia un viaje errático que lo lleva a zonas alejadas de Japón, donde gasta el tiempo moviéndose continuamente de un lugar a otro rumiando su situación. 

El viaje se detiene cuando un amigo le ofrece alquilarle la vieja y apartada cabaña de su anciano padre, pintor también, pero extraordinario y de mucha fama. El narrador comienza en solitario a construir una nueva rutina que será alterada por personas y sucesos inesperados, provocados por un cuadro que encontró cuidadosamente oculto en el desván de la cabaña, que refleja una escena de Don Giovanni, la ópera de Mozart… Y no sigo con más información para no echarle a perder el suspenso a quienes tengan interés en adentrarse en las páginas de La muerte del Comendador

Por supuesto, no es la primera vez que Murakami entrelaza sus argumentos con situaciones fantásticas, desde protagonistas que se desdoblan, ya sea en el tiempo o en la geografía, viven viajes iniciáticos o de descubrimiento o conviven con seres ilusorios, siempre moviéndose desde y entre la plana cotidianidad, como suele ocurrir, por ejemplo, en Los años de peregrinación del chico sin color, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y Kafka en la orilla. Puede decirse que se trata de búsquedas espirituales afincadas en el budismo que impregnó su vida familiar, ¿quizá herencia de uno de sus abuelos, sacerdote budista?

Por supuesto, no es la primera vez que Murakami entrelaza sus argumentos con situaciones fantásticas, desde protagonistas que se desdoblan, ya sea en el tiempo o en la geografía, viven viajes iniciáticos o de descubrimiento o conviven con seres ilusorios...

He recorrido gozosamente las páginas de sus novelas y de sus libros de cuentos. Pero ninguno, hasta ahora, me conmovió ni me enganchó tanto como La muerte del Comendador

Quizá tenga que ver con su trepidante ritmo narrativo, lleno de suspenso, que lleva a una lectura agitada –¿qué va a pasar, en qué termina esto?–, a su lenguaje minuciosamente descriptivo, pero no cargado ni cansador, prácticamente un guión cinematográfico que te hace no solo leer, sino ver las escenas, o a la insinuación de que toda vida cotidiana tiene un lado oscuro. 

Aunque la novela fue publicada casi dos años antes de la Pandemia, tiene un toque premonitorio que solo pude sentir por las circunstancias de la cuarentena y su carga de encierro y porque mi propia vida ha sido sacudida por el oleaje de una amenaza. 

"He recorrido gozosamente las páginas de sus novelas y de sus libros de cuentos. Pero ninguno, hasta ahora, me conmovió ni me enganchó tanto como La muerte del Comendador". 

Aunque la novela fue publicada casi dos años antes de la Pandemia, tiene un toque premonitorio que solo pude sentir por las circunstancias de la cuarentena.

El ramalazo de lo oscuro está presente permanentemente en nuestras vidas diarias, depende de cada uno cerrar la puerta o entreabrirla, dejarlo entrar o convivir con ello sin presumir de inocencia. 

El narrador repite varias veces la frase “Debo convertir el tiempo en mi aliado”. Yo me aferro a esa frase para acumular paciencia y esperanza.

Gracias, Haruki Murakami, mi amor. 

 

  • Carmen Beatriz Ruiz Parada es comunicadora social, profesión que ejerce en las áreas de desarrollo rural y derechos humanos. Escribe historias de vida y narrativa.

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