Patrimonio

No te mueras nunca

¿Cómo fue restaurar un cuadro de José Manuel Pando, que en la vida real era un hombre guapo y en el cuadro rescatado lucía feo, pero muy feo? Controlar la respiración, el cuerpo, y sobre todo la paciencia, demandan una concentración nivel monje tibetano. De paso, una pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre “feo” y “valioso”? Así viven su pasión los restauradores en la Escuela Taller La Paz, que acaba de cumplir 12 años.
domingo, 23 de mayo de 2021 · 00:06

Tatiana Suárez Patiño

Texto y fotos

 

El 5 de mayo de 2021, la Escuela Taller La Paz cumplió 12 años de trabajo constante, y durante este periodo entrenaron a cientos de jóvenes soldados que fueron a luchar en la batalla final contra Krónos, el Dios del tiempo.

Durante más de una década enseñaron con paciencia y disciplina las sagradas escrituras de la conservación del patrimonio y trataron de inculcar las buenas prácticas para que nuestra identidad cultural pueda acercarse un poquito a la eternidad. 

Este aniversario es un alto logro de la saliente Secretaría Mayor de Culturas del Municipio de La Paz y de la Cooperación Española para el desarrollo AECID, y por ello siempre tendrán mi gratitud. 

Alumnos de la Escuela taller de La Paz / Fotografía cortesía del arquitecto Rolando Saravia.

Yo me formé y me entrené entre sus muros y debajo de sus techos; allí aprendí a arrancarle años a Krónos para dárselos a los cuadros, acomodarlos, y así prolongar su existencia. Aprendí a tomarle el pulso a la piedra y al bronce, y a descifrar el lenguaje oculto que comunican las cerámicas; comprendí la atmósfera que me rodea, y me enseñaron a controlarla; entrené mis ojos para que fueran radares y comprometí para siempre mis manos y mi voluntad al servicio del patrimonio.

Yo sé que esto suena muy “Templo Shaolin 2.0”, pero más o menos así era, obviamente menos Kung Fu y más armar andamios. Pero sí había semanas en las que pasábamos horas en la misma posición reintegrando pérdidas con finísimas láminas de pan de oro; ahí aprendías a controlar tu respiración, tu cuerpo, y por sobre todo tu paciencia, pues un movimiento en falso o una risa ligera, y todo el dorado salía volando por los aires; para dorar tienes que tener una concentración nivel monje tibetano.

Durante mi tiempo de estudio conocí a artistas famosos, restauré monumentos, tumbas, cuadros, esculturas y más. Entré a bodegas de museos y vi los tesoros que guardaban, encontré el cuadro perdido de un pintor reconocido, conocí a gente que hoy me es indispensable para ser feliz, pude tocar obras de incalculable valor, y desde entonces mi vida ha sido una montaña rusa de emociones. Por eso quiero compartir con ustedes un momento cumbre durante mi tiempo dentro de la Escuela Taller La Paz.

...ahí aprendías a controlar tu respiración, tu cuerpo, y por sobre todo tu paciencia, pues un movimiento en falso o una risa ligera, y todo el dorado salía volando por los aires; para dorar tienes que tener una concentración nivel monje tibetano.

Nos tocaba comenzar el módulo de conservación de pintura de caballete y hubo un sorteo para repartir las obras a restaurar; a mí me tocó un lienzo que le pertenecía a la Unidad Educativa General José Manuel Pando, y en teoría era un retrato del general y expresidente de Bolivia.

Retrato de José Manuel Pando antes de su restauración / Fotografía de la autora.

El cuadro tenía varios daños: cortes, polvo acumulado, marca del bastidor en la pintura, etc., pero el principal problema era el retrato porque era muy feo y Pando era guapo nomás. No era “me tomo unos tragos y se pasa”, no, era feo de verdad. Pero ¿cómo podía ser?, el cuadro estaba fechado en 1895 y la escuela republicana para ese entonces ya tenía grandes maestros de la pintura con buena mano, ¿qué pasó aquí?, ¿un mal artista?

Pero ¿cómo podía ser?, el cuadro estaba fechado en 1895 y la escuela republicana para ese entonces ya tenía grandes maestros de la pintura con buena mano, ¿qué pasó aquí?, ¿un mal artista?

Antes de restaurar una obra se debe realizar un registro fotográfico exhaustivo, además del llenado de la ficha que describe sus daños, medidas, procedencia, contexto y otros datos que nos ayuden a identificarla mejor. Las fotos se toman desde diferentes ángulos y con varias luces, como la luz ultravioleta que revela lo invisible a nuestros ojos.

Bajo esta luz pudimos ver que la obra estaba completamente repintada a excepción de una oreja y de la firma “M.F. Olivares, Oruro 1895”. El barniz oxidado brillando fue la señal que nos avisó que la obra fea que veíamos no era la original, debajo de esa pintura había otro retrato. Yo saltaba de emoción.

Vista del lienzo antes de la restauración bajo luz ultravioleta / Fotografía de la autora.

El barniz oxidado brillando fue la señal que nos avisó que la obra fea que veíamos no era la original, debajo de esa pintura había otro retrato. Yo saltaba de emoción.

Este viaje de descubrimiento e investigación necesitaba un guía. No tuve a un ángel de la guardia, pero sí a un arquitecto con bigotes: Rolando Saravia, el director de la Escuela Taller La Paz. Él gestionó los recursos para que se haga este trabajo de la manera más profesional posible y con todos los estudios: rayos x, análisis estratigráficos, descripción química de materiales, etc., además de que realizó una supervisión constante y, de yapa, me dio apoyo emocional.

Con los resultados de las pruebas de laboratorio y las radiografías se veía que el original, debajo, aún estaba en buen estado, por lo tanto el veredicto fue eliminar el repinte.

Suena fácil y ligero, hasta que te das cuenta que consiste en eliminar una película muy fina de pintura con un hisopo remojado en un disolvente que no actúa en la pintura original, pero si en el repinte, y que son meses y meses haciendo lo mismo; el mismo movimiento, el mismo proceso, una y otra vez hasta eliminar los 76 cm x 62 cm de repinte.

Collage del proceso de eliminación de repitentes y barnices oxidados / Fotografía de la autora.


Todo el tiempo invertido valió la pena. Cuando salió el original, se vio un retrato bello, haciendo honores a la churrez de Pando, proporcionado, bien iluminado, con sombras y luces en su debido lugar. En total demoré 7 meses en terminar todos los procesos y entregar la obra, pero esos meses de mi vida son nada en comparación a las décadas de estabilidad que ha ganado ese cuadro.

¿Por qué gastar tanto tiempo y dinero en un cuadro feo?, dirás. Porque invertir recursos cambia la palabra “feo” por la palabra “valioso” y el cuadro se transforma, deja de ser un objeto cualquiera y se convierte en un recipiente de significados que contribuye a fortalecer la historia de nuestro país.

Vista del lienzo antes (izquierda) y después (derecha) de su restauración, con el original libre de repinte / Fotografía de la autora.

¿Por qué gastar tanto tiempo y dinero en un cuadro feo?, dirás. Porque invertir recursos cambia la palabra “feo” por la palabra “valioso” y el cuadro se transforma...

La manera en la que se le dota de valor a un objeto es a través de una investigación que permita identificar la importancia que ocupa dentro de un relato histórico. Este cuadro es valioso no solo por su antigüedad, sino porque gracias a una investigación exhaustiva se llegó a la conclusión de que las siglas “M.F. Olivares” al pie del lienzo son las mismas que usaba el famoso pintor republicano Mariano Florentino Olivares.

Este cuadro es valioso no solo por su antigüedad, sino porque gracias a una investigación exhaustiva se llegó a la conclusión de que las siglas “M.F. Olivares” al pie del lienzo son las mismas que usaba el famoso pintor republicano Mariano Florentino Olivares.

Y ¿quién es este señor? (pausa dramática). 

Nada más y nada menos que el artista que en 1888 replicó una obra conocida hoy como “El cerco de La Paz”, que es la imagen más citada cuando se habla de La Paz durante el virreinato.

Actualmente este cuadro le pertenece a los Museos Municipales; se encuentra en el Museo Casa de Murillo y es una pieza invaluable porque ha instaurado, configurado y consolidado en nuestro imaginario social la estampa de cómo era la ciudad antes de la Independencia. 

Vista del lienzo conocido como el “Cerco de La Paz” pintado por Olivares / Foto Teresa Aneiva.

Quisiera tener el espacio para contarles todo lo que se descubrió con esta investigación, pero me faltan páginas. Si googlean el artículo “Un Pando más para el arte, varios Olivares más para la historia” verán todo lo que se consiguió a partir de un solo cuadro.

Mi deseo más profundo es que la Escuela Taller dure mucho tiempo más porque no solo ayudan a la conservación de nuestro patrimonio, sino porque trabajan con poblaciones de riesgo, como adolescentes de recursos limitados a los que les dan formación técnica, un oficio para mantenerse y una pasión de vida.

En la Escuela Taller no solo se conserva el pasado, sino que se preserva el futuro. Porque ahí cuidan y forman a la juventud que serán los adultos que van a transmitir y conservar nuestra herencia cultural más adelante en el tiempo.

Espero que la Escuela Talle nunca muera porque se necesitan más modelos de enseñanza como este, que tengan la capacidad de dotar de sentido a la realidad de los estudiantes, y que transformen sus vidas ordinarias en extraordinarias historias de éxito, como mi historia.

Gracias, por tanto, perdón por tan poco.

 

  • Tatiana Suárez Patiño es restauradora de bienes culturales y una amante del patrimonio a tiempo completo, es divulgadora cultural a tiempo parcial y en sus ratos libres escribe, viaja y charla con sus dos gatos. restauraciones.supay@gmail.com 

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