Croniquita

Cómo adoptar un nin@ y no morir en el intento

Las leyes bolivianas no facilitan la adopción de niñ@s, y una mujer soltera tiene menos chances que una pareja. Ante esa realidad, hay puertas secretas que conducen a distintas opciones, algunas de ellas despreciables. ¿Cuáles son?
domingo, 30 de mayo de 2021 · 00:03

A pesar de cigüeñas y leyes

Mar Buendía

Rosario da vueltas la tela celeste con girasoles varias veces, quiere estar segura de que está cociendo la cara y no el revés. Pregunta no dos, sino tres y hasta cuatro veces cómo fruncir la manga. Su blusa debe quedar perfecta. Le dijeron que la nena tiene un poquito más de 9 años, pero es menuda. Ella es previsora: está haciendo una blusa celeste con girasoles en talla 10 y una rosada con mariposas en talla 12. La rosada está lista. La maestra la levanta y sonríe, aprobando las puntadas de la nueva estudiante.

Asiste a cada clase con el maquillaje impecable, un bolso enorme y rojo y siempre de traje, es una mujer muy elegante. Al principio, se mantiene al margen de nuestras bromas y comentarios infantiles, pero en menos de cuatro clases se integra al grupo y es una más de nosotras.

"Su blusa debe quedar perfecta". / Imagen Freepik.

Nos dice que no va a continuar la carrera completa, solo se quedará para los módulos de ropa infantil y juvenil; su objetivo es claro: ser capaz de confeccionar algunas prendas para la pequeña que en un par de meses más va a adoptar. Solo habla de ella, y aunque no la conoce, a través de sus comentarios, anhelos y planes, creemos conocerla todas.

Nos dice que no va a continuar la carrera completa, solo se quedará para los módulos de ropa infantil y juvenil; su objetivo es claro: ser capaz de confeccionar algunas prendas para la pequeña que en un par de meses más va a adoptar.

Rosario inició el trámite de adopción en 2009, y pese a que avanzó considerablemente, para mediados de 2010 fue revocado porque se divorció y las condiciones de adopción variaron. Aunque una mujer soltera puede adoptar en el país, los requisitos son mayores y el trámite que debe iniciar tiene un proceso diferente. Decepcionada y triste por su matrimonio fallido, intentó con la adopción directa e incluso buscó vientres de alquiler, pero ambas prácticas no son comunes en el país y no encontró un camino, por lo que decidió esperar un tiempo. 

Aunque una mujer soltera puede adoptar en el país, los requisitos son mayores y el trámite que debe iniciar tiene un proceso diferente.

En 2012 lo volvió a intentar. Inició el proceso en septiembre y solo 20 días después le fue revocado nuevamente por un error ajeno a su voluntad; cuando inicialmente había aplicado para la adopción tenía 39 años y la pusieron como posible adoptante de un menor de  0 a 4, pero al llegar febrero de 2012 cumpliría 40 lo que la ponía en el grupo de personas aptas para adoptar a un menor de 4 en adelante. Arregló la documentación velozmente y en noviembre de 2012 comenzó oficialmente el trámite aprobado en su primera instancia, la administrativa. En condiciones normales, el trámite no debería superar los siete meses, pero Rosario ya llevaba tres años intentando tramitar la adopción cuando nos conocimos. 

A pesar de todos los obstáculos, Rosario aguantaba siempre con la mirada altiva. Una vez cada dos semanas asistía al hogar donde la niña se encontraba, preguntaba por ella, por su salud, sus necesidades, esperando tener la oportunidad de verla entre los niños jugando en el jardín. Era experta en esos procesos e incluso ayudó a una pareja llegada de Francia que la contactó por un amigo en común. Los extranjeros estuvieron 9 meses en el país y se fueron con su pequeña de 2 años sin más. Rosario estaba feliz de haberlos ayudado y decepcionada de nuestro sistema, pero seguía adelante.

Hasta los 40 años se puede optar por la adopción de un bebé de 0 a 4 años, pasada esta edad la adopción es de mayores de 4. / Imagen Wikipedia.

Nunca vimos a Rosario quejarse de los procesos, aunque, por sus anécdotas, sabíamos que habían sido por demás engorrosos. Por el contrario, ella estaba agradecida, Bolivia era de los pocos países donde una mujer soltera podía adoptar. Rosario pegaba botones segura de que en solo un par de meses más cerraría esos botones en el pecho de su niña.

Era experta en esos procesos e incluso ayudó a una pareja llegada de Francia que la contactó por un amigo en común. Los extranjeros estuvieron 9 meses en el país y se fueron con su pequeña de 2 años sin más.

Para julio de 2015, Rosario había hecho y llenado con sus propias manos un ropero completo de niña y pre-adolescente. Faldas, jeans, vestidos simples y de fiesta, chamarras de corderoy y un sinfín de blusas y poleras se acumulaban en el ropero destinado a la pequeña. En una visita común a buscar telas encontró unas mariposas que brillaban en la oscuridad y las compró para decorar el cuarto. Era lindo acompañar a Rosario en este proceso, a nuestra manera, como compañeras de una clase de corte y confección.

En agosto entramos al módulo de ropa deportiva y Rosario desapareció. Nunca había faltado a una clase, ni llegado tarde, pero de pronto dejó de aparecer no una, sino cuatro semanas. Algo pasaba. Pensábamos que quizás la nena ya había llegado a su casa y estaría con ella, disfrutando su maternidad tan ansiada. Sí, nos alegramos por ella y pensamos en pasar por su oficina un día de esos. Una semana después la encontramos trabajando, sin maquillaje, sin dormir y sin su hija. Aunque no lo sabía, una pareja extranjera había iniciado un trámite de adopción un año atrás y al estar casados y poder “ofrecer mejores condiciones de vida a la menor en el extranjero”, la juez asignada decidió otorgarle la adopción plena e irrevocable a ellos. Rosario nunca conoció a la pareja y nunca conoció a la que por 3 años había sentido su hija. 

No dio muchos detalles, nos despidió con un melancólico “suerte, chicas”, y no la volvimos a ver más en nuestras aulas. 

...la juez asignada decidió otorgarle la adopción plena e irrevocable a ellos. Rosario nunca conoció a la pareja y nunca conoció a la que por 3 años había sentido su hija. 

En 2018 la encontré frente a su oficina, se veía nuevamente alegre y arreglada, aunque había envejecido considerablemente. Noté que en sus brazos traía una chamarra rosa, bastante pequeña para ser suya. Me abrazó y me mostró la chamarra. “Se llama Sofía y va a cumplir un año”. Sonreí y nos volvimos a abrazar. Me invitó a pasar y tomar un café.

Sofía llevaba con ella 7 meses y ya se habían acostumbrado a la vida juntas. Me mostró fotos, era una hermosa niña de ojos profundamente negros y pelo liso, sonriente y vivaz. Pensando si no sería indiscreción, traté de preguntar cómo, pero la respuesta vino antes. 

Rosario se había cansado de esperar y, decepcionada y furiosa, buscó otros métodos. Volvió a perseguir la idea de adopción directa, pero parecía que no había ninguna regulación legal que la ampare; la madre biológica podía quedarse con el bebé al final o cambiar el rumbo de su decisión y ella no estaba dispuesta a vivir todo de nuevo. Entonces conoció a un grupo de mujeres, que prefiere mantener en reserva, y descubrió el mundo subterráneo de la adopción en Bolivia. Encontró que, aunque no hay un marco legal, sí hay mujeres que realizan la adopción directa: un grupo feminista que, si bien no se considera provida, apoyan específicamente a madres que no quieren abortar, pero no desean conservar a sus hijos. Entonces ellas se encargan de encontrar, a través de contactos y conocidos, a padres adoptantes que llevan mucho tiempo batallando con los sistemas legales, o mujeres solteras como Rosario, que quieren ser madres. Lo que hacen no es plenamente legal, pese a que no hay dinero de por medio (solamente los gastos médicos) y hay absoluto consenso por parte de madre y adoptante. Es así como Rosario llegó a su pequeña Sofía. 

Encontró que, aunque no hay un marco legal, sí hay mujeres que realizan la adopción directa: un grupo feminista que, si bien no se considera provida, apoyan específicamente a madres que no quieren abortar, pero no desean conservar a sus hijos.

La madre biológica era una muchacha de 28 años, convencida de que no quería ser madre porque estaba a punto de irse del país, pero habiendo vivido de cerca la adopción con una prima suya, decidió darle la oportunidad a alguien más. “La chiquita esta sintió que si la vida le había mandado un hijo cuando ella no lo quería, quizás era para que pudiese ayudar a alguien más a ser madre”, me comentó Rosario. No importaban los motivos. Ella partió a su viaje y Rosario es madre.

No importaban los motivos. Ella partió a su viaje y Rosario es madre. / Imagen Pixabay.

Me contó también que antes de llegar a este grupo, se había cruzado con opciones terribles que decidió ni siquiera perseguir. Descubrió una localidad al norte de Oruro, conocida como la fábrica de bebés, donde las mujeres desde muy jóvenes se dedican a comercializar recién nacidos, sobre todo a extranjeros. La pareja llega de turismo, el bebé nace y notarios, que son parte del negocio, hacen los papeles como si la pareja hubiera tenido al bebé allí. Con niños más grandes buscan otras salidas del país, cambiando los registros y demás movidas sucias que Rosario no me quiso contar. 

Descubrió una localidad al norte de Oruro, conocida como la fábrica de bebés, donde las mujeres desde muy jóvenes se dedican a comercializar recién nacidos, sobre todo a extranjeros.

Encontró también varias clínicas dispuestas a firmar certificados de nacido vivo cambiando nombres de los padres sin siquiera ver al menor o preguntar de dónde había salido; movidas de dinero terribles. Rosario no sabía cómo situar su posición moral con respecto a todo esto.

Incluso llegó a conocer a contactos de contactos de gente que podía conseguir niños, sin preguntas, bajo grandes sumas de dinero. Comprendió que se trataba de tráfico. No quiso saber más.

Ambas nos sorprendimos de que todo eso esté ahí, a la vista, como esa puerta que todos vemos, pero nadie se atreve a cruzar. Un mundo a vista de todos y en completa oscuridad al mismo tiempo.

Cerca del final de nuestro café, la felicidad de Rosario con su niña era evidente, aunque a veces se preguntaba si el camino por el que llegó a ella era correcto. “No robé una niña, no se la quité a nadie y la madre no fue obligada a tenerla, me la entregó voluntariamente. ¿Soy yo la que está mal o están mal las leyes de este país?”.

Me quedó claro que el amor de madre puede más que leyes obsoletas y cigüeñas incapaces.

 

  • Mar Buendía es la afortunada humana que recibió a Moscú, el mejor ser de luz del universo (por supuesto, un gato). Tratando de comprender los designios de ese universo, adoptó a Berlín y Toulouse, siempre teniendo a Moscú como estrella estelar.

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