Croniquita

Dagner y Sarah, desde el piso 12

Un hecho conmovió a la sociedad cruceña: una pareja de jóvenes, lindos y populares, integrantes de un programa televisivo, acabó cayendo desde el piso 12 de un edificio. Nada es lo que parece. ¿Qué sucedió?
domingo, 30 de mayo de 2021 · 00:05

Dagner y Sarah, desde el piso 12

El día que nunca existió 

 

Sarah Helbingen Soruco

texto y fotos

 

Paso casi todos los días por el  Condominio Santa Cruz, en el segundo de los anillos de la capital cruceña. Es un  edificio alto e imponente que destaca entre otras construcciones de menor altura. Pasé también el 11 de mayo por esa zona, una fecha que estuvo presente en la agenda de todos, menos en la de Dagner y Sarah, porque ellos ya no están. Partieron trágicamente dejando una estela de dolor y confusiones. 

Fue un día frío en que ni siquiera el viento se acordó de levantar o jugar con las flores de los toborochis (árboles frondosos de tronco abultado que florecen en otoño e invierno) que están por toda la ciudad formando hermosas alfombras rosadas. El invierno es un ave pasajera en la capital de los anillos. Pero el 11 de mayo fue un día gris, como si la naturaleza se hubiera inclinado ante el dolor que sienten los familiares y amigos más cercanos de la joven pareja. 

El 27 de abril ambos perdieron la vida en un suceso que conmovió a la población de Santa Cruz, pues nadie lograba comprender cómo una pareja de jóvenes, lindos y populares, se había visto envuelta en una serie de sucesos que concluyeron con sus cuerpos cayendo al vacío desde el piso número 12. 

"Fue un día frío en que ni siquiera el viento se acordó de levantar o jugar con las flores de los toborochis".

El 11 de mayo, cumpleaños de Sarah, ambos habían acordado casarse. Aunque ese detalle no fue relevante para los morbosos que hicieron circular videos y fotos de sus cuerpos sin vida, ni para los miles de comentarios en las redes sociales, ni para la prensa que se hizo eco de la noticia en grandes titulares durante una semana; fue el día que Sarah y Dagner habían marcado como el inicio de una vida en familia que nunca será.

El 11 de mayo, cumpleaños de Sarah Sarah y Dagner habían marcado como el inicio de una vida en familia que nunca será.

Sus planes y sueños se truncaron 14 días antes, en un episodio sumido en la oscuridad y la duda. No hubo testigos ni relatos, y nadie nunca sabrá lo que pasó en ese departamento. Quizás fue un ataque de locura, de celos enfermizos, de violencia machista; quizá un pacto de muerte. Como diría Sábato “No hay casualidades, sino destinos. No se encuentra sino lo que se busca, lo que está escondido en lo más profundo y oscuro de nuestro corazón. Parece que uno termina por encontrarse con las personas que debe encontrar”.  

Sarah y Dagner se habían conocido en los estudios de una popular red de televisión y al igual que los demás participantes de todas las temporadas, eran parte del staff de chicos y chicas atractivas con ropa pequeña y muy ceñida al cuerpo, donde exponían también sus relaciones amorosas al público. Era parte del producto televisivo denominado reality show, en el que prima el rating en la estructura de la producción. La temporada donde participaban Sarah y Dagner fue cancelada al inicio de la pandemia.   

Sarah y Dagner se habían conocido en los estudios de una popular red de televisión y al igual que los demás participantes de todas las temporadas, eran parte del staff de chicos y chicas atractivas con ropa pequeña y muy ceñida al cuerpo, donde exponían también sus relaciones amorosas al público.

Tenían una de esas relaciones complejas. De ir y venir. De terminar y volver a empezar, de estar en un círculo vicioso que finalmente desembocó en un callejón cuya salida no fue sino la muerte. Las agresiones verbales eran mutuas, como se ha podido comprobar a través del análisis que realizó la policía sobre los últimos chats de Whatsapp con el desdoblaje del celular de Dagner. A toda acción corresponde una reacción, y si no se detiene se forma un espiral ascendente que en el ámbito afectivo conduce irremediablemente a estados de crisis a veces violentas, a veces dolorosas, a veces devastadoras.

Los amigos de Sarah y Dágner —actualmente situados en bandos distintos por las mortales circunstancias— conocían que la pareja parecía viviendo en una montaña rusa a raíz de su inestabilidad emocional. Evidentemente no se puede confirmar, ni es oportuno, referirse a quién empezaba las peleas, pero todas terminaban mal.  

Sarah era una mujer bella, inteligente, había estudiado Derecho, y como muchos jóvenes y adolescentes, se había inmerso en el mundo de las redes sociales con una producción de TikToks y posts generados sobre todo en la competencia que le apasionaba.  

Dagner era un joven muy activo y trabajador. Era parte del staff de modelos de una agencia, además de técnico automotriz, por eso jamás le faltó trabajo, ni siquiera en la cuarentena rígida.  

Sarah era una mujer bella, inteligente, había estudiado Derecho. Dagner era parte del staff de modelos de una agencia, además de técnico automotriz, por eso jamás le faltó trabajo. Ambos sostenían una de esas relaciones “tóxicas”, patológicas y complejas que causan más sentimientos negativos que positivos.

Ambos sostenían una de esas relaciones “tóxicas”, patológicas y complejas que causan más sentimientos negativos que positivos por el caos que pueden generar dentro de la pareja. Sacan lo peor de cada uno y generan un estado de codependencia nocivo, en donde la violencia, la pasión y el sufrimiento, se vuelven las fuerzas combinadas que los unen y separan al mismo tiempo, y que al no poder separarse terminan por explosionar destruyendo almas y mentes.

Celos enfermizos, mucha difusión y likes en las redes sociales, una vida muy intensa y sin nadie que ponga el límite a lo que estaba ocurriendo entre ellos. Todo eso quizás va mucho más allá de la fama que ambos tenían. “Yo sabía de la relación de ellos: terminaban y volvían a la semana. Eso era una locura. Yo le aconsejé a Dagner muchas veces que no se podía mantener una relación así, tan insana”, sentenció Ronaldo, un amigo de la pareja.

"Ambos sostenían una de esas relaciones “tóxicas”, patológicas y complejas que causan más sentimientos negativos que positivos".

Pero nadie intervenía. A diferencia del maltrato infantil, donde los familiares más lejanos o los propios vecinos hacen la denuncia, en las discusiones o peleas de parejas casi nadie interviene, porque se tiene el temor de que luego los esposos o novios sigan con su relación normal y el interventor quede mal parado. Quizás los culpables somos todos, cuando la indiferencia marca nuestros actos. 

Las muertes quedaron ya en el olvido para la opinión pública y también para el sistema jurídico.

A diferencia del maltrato infantil, donde los familiares más lejanos o los propios vecinos hacen la denuncia, en las discusiones o peleas de parejas casi nadie interviene, porque se tiene el temor de que luego los esposos o novios sigan con su relación normal y el interventor quede mal parado. 

El fiscal encargado del caso concluyó que ya no había a quien imputar y el delito que fue catalogado como feminicidio/suicidio, aunque algunos opinan que probablemente pudo haber sido un suicidio seguido de otro suicidio. “No existe ninguna persona que pueda ser imputada y por más que investiguemos no vamos a llevar a estrados judiciales a ninguna persona”, dijo el fiscal departamental de Santa Cruz, Róger Mariaca.  

El abogado de la familia de Sarah Arauco sostiene que se trató de un feminicidio seguido de suicidio y que el caso no está cerrado. “Han quedado muchos aspectos sin ser estudiados a fondo, como el celular de Sarah que hasta ahora no aparece, el vehículo de ella que sigue retenido y necesita que se le haga un peritaje, las imágenes de las cámaras que nunca aparecieron y el examen toxicológico que tampoco ha salido a la luz”, indicó José Ernesto Torrez. 

Lo cierto es que ya no hay mucho que decir sobre lo que pasó ese día. Posiblemente lo que tenía que publicarse ya se publicó, incluyendo los últimos chats o las fotografías del día anterior, donde ambos hablaban de agresiones mutuas o de fijar una fecha de matrimonio que nunca llegó.

Quizás el fin de esta tragedia nos puso frente al espejo la vulnerabilidad emocional de los jóvenes y la violencia creciente que afecta, sin duda, con mayor gravedad a las mujeres. Ahora queda un vago recuerdo en las historias de las redes sociales, un vacío en el corazón de las madres, padres, hermanos, y una lágrima furtiva en el mar de la incertidumbre sobre nuestra sociedad.  

El 11 de mayo fue un día triste.  Un día lleno de ausencias.

 

  • Sarah Helbingen Soruco vive en Santa Cruz y es curiosa por naturaleza, pero no vuelca la mirada hacia atrás para no convertirse en estatua de sal. Que la vida arda, como ardieron Sodoma y Gomorra

 

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