Croniquita

Una ruta de la basura diseñada por la comunidad

Choferes y ayudantes de los carros basureros eran, al mismo tiempo, recicladores que usaban los propios recursos de la empresa municipal de aseo. Hasta que llegó un proyecto barrial que benefició a toda la comunidad de La Campana Periodista en Cochabamba y 23 barrios más. ¿Qué sucedió?
domingo, 9 de mayo de 2021 · 09:00

Carola Ortuño

Fotografías del proyecto Ecovecindarios

 

Era mediados de año 2007 y apenas dos personas, líderes de barrios de la zona noreste (Amanecer) y noroeste (La Campana Periodista) de la ciudad de Cochabamba, habían respondido a la convocatoria de una organización para impulsar una mejor gestión de los residuos sólidos en sus barrios, operados por señoras, recicladoras de base. Ambos líderes de barrio tenían la misma aspiración: ser más responsables con los residuos. Y siendo líderes, digamos gestores ambientales, una de sus cualidades era impulsar e influir en su comunidad para lograr buenas prácticas ambientales, pero su idea no era la misma que operaba la empresa municipal de aseo.

En esos tiempos, el modelo de gestión de la empresa municipal de aseo EMSA consistía en que la porción reciclable de los residuos era aprovechada por los choferes y ayudantes de turno en el carro basurero. Esto implicaba pérdidas en tiempo y mano de obra para EMSA, pues los recursos (vehículos, residuos, horas de trabajo) eran usados por sus trabajadores para ese fin. De modo que con los gestores ambientales se diseñó una nueva ruta de la basura, una alternativa inclusiva, solidaria y responsable con el medioambiente. 

(...) el modelo de gestión de la empresa municipal de aseo consistía en que la porción reciclable de los residuos era aprovechada por los choferes y ayudantes de turno en el carro basurero. Esto implicaba pérdidas en tiempo y mano de obra para EMSA.

Don Claudio Terrazas fue el más entusiasta y, como gestor ambiental de su barrio, organizó una asamblea de vecinos para impulsar esta nueva iniciativa para la recolección diferenciada de residuos sólidos en su vecindario e impulsar así el reciclaje. Todos los vecinos debían separar los residuos reciclables. Así se hizo, y la señora Bertha Tórrez fue asignada como operadora vecinal de reciclables. Ella era una vecina del barrio con muchas carencias, que empezó a recolectar residuos reciclables y, al recolectarlos y comercializarlos, comenzó a generar ingresos para apoyar la economía de su familia. Así, los vecinos del barrio La Campana Periodista, de pronto encontraron una oportunidad de empleo, además de reducir considerablemente sus residuos sólidos. De hecho, éstos disminuyeron en un 18% al inicio. Esta experiencia también permitió consolidar un eslabón importante para toda la cadena de valor del reciclaje, que es una colecta del material reciclable limpio, en una ruta organizada donde existen empresas de todo tamaño, que se benefician de este material reciclable limpio como materia prima, además de brindar empleos que finalmente aportan al desarrollo económico. 

Bertha Tórrez, operadora vecinal de reciclables, encontró una oportunidad laboral (2007).

Así, los vecinos del barrio La Campana Periodista, de pronto encontraron una oportunidad de empleo, además de reducir considerablemente sus residuos sólidos. De hecho, éstos disminuyeron en un 18% al inicio.

Bertha, una madre de familia con cuatro hijos pequeños, enfrentaba una situación económica difícil junto a su esposo; sin embargo, encontró esa oportunidad en su pequeño barrio de 200 viviendas donde, sin querer queriendo, estaba naciendo un modelo de gestión ambiental comunitaria que llevó luego a escalar esta iniciativa a nivel distrital (38 barrios). Y, más aún, este modelo se trasladó a la operadora municipal de residuos, EMSA, que más adelante lo adoptó como parte de un modelo de gestión ambiental municipal. 

La capacidad de influencia de los líderes vecinales en su comunidad es importante, y funciona solo si es un servicio para el bien común. Es el claro ejemplo de don Claudio Terrazas que con esta iniciativa estaba solucionando el problema de la basura, reduciendo casi 100 kilos al día el problema en K’ara K’ara, desde su barrio, desde su deseo de construir un mejor barrio, una mejor ciudad junto a sus vecinos. 

Vecinos de La Campana Periodista en el proceso de recolección diferenciada.

Y es que los problemas, las soluciones, la forma de gestión y la respuesta de la gente se reproducen en un barrio tal como si fuera a nivel municipal. Entonces, aquí cabe una analogía: “Dime con quién andas y te diré quién eres”, que bien podría ser: “Dime el líder que tienes y te diré el qué vecino y vecindario que vas a tener”.  

“Dime con quién andas y te diré quién eres” que bien podría ser: “Dime el líder que tienes y te diré el qué vecino y vecindario que vas a tener”.  

La experiencia del barrio La Campana fue replicada en 23 barrios de diferentes puntos de la ciudad, con buenos resultados: reducir la basura y generar empleo digno. Pero hubo también barrios cuya experiencia no prosperó porque el liderazgo y la comunidad no iban en la misma ruta, faltó adhesión a un objetivo colectivo constructivo, como ciudadanos comunes. Los barrios son espacios donde tenemos la oportunidad de ser ciudadanos simples, solo vecinos; allí nos despojamos de títulos, identidades empresariales, de sindicatos o partidos; desde allí podemos impulsar el bien común y buscar mejores días para nuestra ciudad.

La experiencia del barrio La Campana fue replicada en 23 otros barrios de Cochabamba.

Una noche del año 2009, en asamblea de Distrito, don Claudio Terrazas levantó la mano y contó su experiencia. Se estaba informando sobre los problemas de la basura en los diferentes barrios, microbasurales, mal servicio de la operadora y otros. No había mención al tema de K’ara K’ara, ¿por qué?, porque nadie conocía a dónde iba la basura; sabían el nombre, pero no conocían el lugar. Como nunca, el Distrito 3 determinó trabajar bajo el modelo del barrio La Campana Periodista, pero 38 barrios con sus operadores vecinales ya estaban fuera del alcance de gestión del pequeño grupo que lideraba el Distrito 3. Ese fue un momento clave. Por fortuna, entró en escena el arte de la facilitación y se logró articular objetivos comunes; ese fue el momento propicio para organizar un encuentro entre dirigentes del Distrito 3, don Julio Mérida y don Julio Gómez, con el gerente de EMSA, Ernesto Solo, quien por fortuna conocía el problema de K’ara K’ara y compartía la visión de que solamente con la participación ciudadana y la separación en origen era posible solucionar la reducción de basura. 

Desde entonces, en el municipio de Cochabamba se trabajó en la recolección diferenciada y de una manera innovadora. Los técnicos de EMSA acondicionaron las volquetas de basura para recibir los residuos orgánicos, reciclables y no aprovechables, de manera separada. Al inicio los trabajadores de EMSA seguían aprovechándose de los reciclables colectados, pero unos años más tarde ya eran parte de la operación y de una unidad especial en EMSA. 

Recolección diferenciada.

Al inicio los trabajadores de EMSA seguían aprovechándose de los reciclables colectados, pero unos años más tarde ya eran parte de la operación y de una unidad especial en EMSA. 

Nada permanece si no hay constancia. Después de haber sido -el sistema de recolección diferenciada- un modelo municipal desde el 2012, sustentado por un reglamento -además de su característica inclusiva porque se identificaba y reconocía a los recuperadores de base como actores económicos en la recolección diferenciada-, la misma empresa que había retirado los contenedores verdes de las calles, ubicó desde el 2012 a los recuperadores de base en diferentes puntos de la ciudad, en sus propias rutas para la recolección de material reciclable. Estos grupos se denominaron desde entonces “Ecorecolectoras”. Y ese modelo inclusivo de gestión integral de los residuos fue mencionado como ejemplo en el Global Waste Management Outlook, publicado por el PNUD en 2015. 

Por eso, las vías de solución al problema de K’ara K’ara se construyen desde la fuente, como lo hizo don Claudio Terrazas, con la comunidad. Se construyen participando y exigiendo transparencia y consecuencia con los compromisos. Por eso es preciso que cada uno haga su parte, separando, limpiando, compostando, reduciendo el consumo, exigiendo metas. Así evitaremos situaciones complicadas de falta de solidaridad y respeto por la vida y la salud pública, más aún en tiempos tan vulnerables como esta pandemia. Hoy la ruta de la basura lleva al sur, pasado mañana nos puede llevar a otro lugar. Cualquier ruta lleva parte de nuestro problema, parte de nuestra basura. Reducir el problema implica reciprocidad con las comunidades aledañas al lugar de destino final; por eso todos quienes generamos residuos tenemos un compromiso personal y a la vez colectivo.

 

  • Carola Ortuño es Auditora Financiera, con estudios de maestría en Economía Ecológica. Tiene más de 20 años de experiencia en proyectos de desarrollo enfocado a Economía Circular, Sistemas de Gestión de Ambiental y Desarrollo Empresarial Verde. Es consultora independiente.
  • Esta historia fue impulsada por Swisscontact y su proyecto piloto Ecovecindarios.

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