Los ciber - movimientos sociales

Desde el punto de vista de la tecnología, hay un antes y un después, pero no así en el de la violencia.
martes, 22 de octubre de 2013 · 10:46
 propósito del cruel asesinato de un joven en Santa Cruz, mucha gente pregunta por qué ocurren estas cosas ahora, como si antes hubiéramos estado libres de la crueldad y otros males parecidos. 
Tal vez la diferencia estribe en que, en el pasado, las noticias no se difundían tan rápido y era imposible que los testimonios se divulgaran a través de medios como el Facebook u otros, de modo tal que en cosa de minutos, miles de personas compartan la misma información y realicen el largo recorrido del comentario y la rápida construcción de la opinión en torno a temas de alta sensibilidad, como el de la seguridad pública.
Es posible, además, que esta respuesta más inmediata y activa de la sociedad ante crímenes y otros hechos delictivos obedezca a que, producto de esa multiplicación de espejos de violencia en que se han convertido las pantallas de televisión y otros medios, la sensación de vulnerabilidad y exposición se haya incrementado, lo que convierte el intercambio de información y opinión a través de las redes sociales en una suerte de mecanismo de defensa o espacio de seguridad frente a la evidencia del riesgo. Si hay que cuidarse es mejor hacerlo juntos.
En el Facebook mi queja o la expresión de mi indignación no sólo llega a los que figuran como mis "amigos”, sino a los amigos de éstos y así sucesivamente hasta llegar a una audiencia innumerable, que puede solidarizarse en torno a una causa o abrir una polémica en torno a otra. Paradójicamente, las redes sociales son una manera de renunciar a la soledad o más bien de transformar una reflexión solitaria en un asunto que emerge repentinamente como público.
Desde el punto de vista de la tecnología, obviamente, hay un antes y un después, pero no así en el de la violencia. De hecho, el siglo pasado fue sin duda uno de los más crueles y violentos de la historia: dos grandes guerras, innumerables conflictos de un extremo a otro del planeta, genocidios, etnocidios, Hiroshima, Nagasaki; la lista es larga y el recuento más que doloroso.
Que un personaje perturbado, vinculado a delitos de narcotráfico, haya asesinado a un muchacho en plena calle y delante de todo el mundo, debido a un choque de motocicletas, es un hecho que debe motivar alarma, porque desgraciadamente nadie está libre de ser protagonista de un incidente de tránsito y tampoco de quedar a expensas de un pandillero como el mencionado.
Hace 30 años o más este crimen tal vez no hubiera suscitado semejante nivel de controversia pública, precisamente porque no existían las mismas cajas tecnológicas de resonancia. A lo sumo hubiera sido noticia de impacto limitado en algún medio escrito o de importancia relativa en la agenda policial de los noticieros radiales y televisivos.
Por suerte hoy, un crimen así, lejos de pasar inadvertido, se convierte en un elemento central de una agenda informativa y de opinión construida desde la sociedad y, en esa medida, en una causa que ejerce una inusual presión sobre las autoridades para lograr un esclarecimiento rápido.
No, no es que estemos peor que antes o que hayamos perdido sensibilidad y entrado en un irreversible proceso en el que los valores más importantes de convivencia quedan de lado. Por el contrario - y ésta bien puede considerarse una afortunada consecuencia del desarrollo tecnológico - estamos aprendiendo por fin a convivir en comunidad -cibernética o como se la quiera llamar-, pero sin duda se trata de un grupo mucho más amplio y diverso, que puede llegar a compartir intereses y revelarse como un actor social  diferente a los tradicionales, y posiblemente mucho más dinámico y efectivo desde el punto de vista de su acción en el ámbito público.

 

 


   

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