El comandante de Auschwitz

Rudolf Höss fue el comandante del mayor campo de exterminio construido en territorio polaco durante la Segunda Guerra Mundial, cuyo nombre, ahora, es el símbolo del Holocausto.
martes, 22 de octubre de 2013 · 12:14
Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza
Auschwitz fue el mayor campo de exterminio erigido por los alemanes en territorio polaco durante la Segunda Guerra Mundial y su nombre ha entrado a la historia como el símbolo del Holocausto. 
Con este campo, los nazis perfeccionaron su técnica de asesinato masivo, pues sus instalaciones eran capaces de acabar con la vida de al menos 20.000 personas por día, para lo cual pusieron en práctica métodos "más eficientes” como por ejemplo, el uso del gas Zyklon–B. 
La persona encargada de organizar y dirigir esta maquinaria de la muerte fue Rudolf Höss, quien cifró sus memorias en una autobiografía titulada Yo, comandante de Auschwitz. Esta obra  contiene numerosos elementos que permiten comprender diversos aspectos relacionados con el surgimiento del Tercer Reich y el desarrollo del Holocausto, como la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, la posguerra y el surgimiento de organizaciones nacionalistas pangermanistas, de las cuales salieron fuerzas políticas como el Partido Nazi (NSDAP, por sus siglas en alemán) o la crisis económica y política que se vivió en Alemania durante la década de 1920.
Höss nació en el seno de una familia religiosa en 1900. Al finalizar su adolescencia, en plena Primera Guerra Mundial, marchó al frente de batalla, donde se destacó y recibió varias condecoraciones. La derrota alemana causó en él una profunda consternación y decepción y poco después se hizo partidario de la teoría que explicaba la derrota por la traición de los judíos, que se conocía como la "puñalada por la espalda”, la cual fue hábilmente propagada por el Partido Nazi.
Como muchos excombatientes, Höss formó parte de las Freikorps, que entre 1918 y 1921 actuaron paralelamente a la policía y al ejército alemanes. Al desarrollar estas actividades, Höss terminó involucrado en la ejecución de un oficial acusado de traición. Por esta muerte, en 1923 Höss fue condenado a 10 años de prisión, pero tras cinco años de reclusión fue liberado por una amnistía negociada en el parlamento alemán.
Tras salir de la prisión, Höss se afilió a una organización nacionalista llamada Artamanen, que propugnaba el retorno a los ideales germánicos, como por ejemplo aquellos que proclamaban el vínculo con la tierra. Estos ideales eran ampliamente compartidos por diferentes jerarcas nazis, como el jefe de las SS Heinrich Himmler y el lugarteniente del Führer, Rudolf Hess, además de los teóricos del Partido Nazi como Alfred Rosenberg, e incluso el propio Hitler. 
Las SS
Höss ingresó al NSDAP en 1922 y en 1933 pidió que lo incorporaran a las SS (Schutzstafell), en las que fue aceptado en 1934. Las SS fueron creadas originalmente para proteger a Hitler, pero con el paso de los años fueron adquiriendo mayores responsabilidades hasta convertirse en un Estado dentro del Estado. Una de sus actividades consistió en el manejo y administración del sistema de campos de concentración y el posterior exterminio de los judíos llamado "Solución Final”.
Una de las características de los miembros de las SS, dice Höss, fue la ausencia de sentimientos como la piedad y la compasión. Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, la disciplina se tornó más estricta, a tal punto que a un oficial de las SS la vulneración de estos principios podía costarle la misma vida.
Cuando Höss ingresó a las SS, fue destinado a la vigilancia de los campos de concentración y formó parte del personal que manejaba los campos de Dachau y, posteriormente, de Sachsenhausen. Cuando estalló la guerra, formaba parte de este último campo, en el cual le tocó ejecutar a un oficial que "había pecado de generoso y confiado”. El "pecado” del oficial fue dejar huir a un comunista que estaba bajo su cargo. 
"En las filas de las SS, no había lugar para los blandos, que harían mejor retirándose a un convento”, decía Höss. 
Comandante
El 4 de mayo de 1940, Rudolf Höss fue nombrado comandante del campo de concentración de Auschwitz y, según su relato, en el verano de 1941 recibió la orden del jefe de las SS, Heinrich Himmler, para preparar las instalaciones del campo para el exterminio en masa. Höss dice que el Reichsführer SS le dijo que "Auschwitz estaba destinado a ser el mejor campo de exterminio de toda la historia”.
El Holocausto comenzó con los fusilamientos masivos, llevados a cabo por los Grupos de Acción (Einsatzgruppen), que tenían una serie de inconvenientes como las perturbaciones psicológicas que aquejaban a los ejecutores. Así, la decisión de montar un sistema de campos de exterminio buscaba superar esta y otras dificultades, pues, por ejemplo, con este sistema  se lograba una distancia psicológica entre la víctima y el ejecutor, se ocultaban los asesinatos de las poblaciones locales e incluso se lograba un mejor aprovechamiento de los recursos materiales. Los principales campos de exterminio fueron Auschwitz – Birkenau, Sobibor, Treblinka, Majdanek, Belzec y Chelmno; todos ellos en Europa del Este.
Los primeros judíos asesinados en masa cayeron en los fusilamientos masivos; posteriormente se usó el gas emitido por motores diesel en instalaciones y camiones especiales y más adelante se comenzó a emplear el gas Zyklon-B , que se usaba como insecticida en Auschwitz. Según Höss, este gas se comenzó a utilizar por casualidad mientras él estaba ausente del campo.
Después de trabajar en el sistema de campos de concentración por nueve años, los últimos tres y medio en Auschwitz, el 1 de diciembre de 1943 Höss asumió un cargo burocrático, pero al cabo de pocos meses recibió la orden de volver a Auschwitz para ampliar sus instalaciones y acelerar la matanza; esto ocurrió en 1944, cuando el destino de Alemania en la Segunda Guerra Mundial estaba sellado y la derrota era cuestión de tiempo.
"Sálvese quien pueda”
Según Höss, en los últimos meses de la guerra y mucho más después de conocerse la muerte de Hitler, todos actuaban de acuerdo al principio "Sálvese quien pueda”. 
Sin embargo, muchos oficiales y miembros del Partido Nazi se mantuvieron fieles y no manifestaron rasgo alguno de arrepentimiento, como se observó muchos años después, por ejemplo, durante el juicio contra el jerarca del Tercer Reich Adolf Eichmann, quien afirmó que si de algo sentía pesar era de no haber concluido la misión encomendada por Hitler. Höss tampoco mostró arrepentimiento alguno por el genocidio que ayudó a ejecutar.
Tras el final de la guerra, Höss huyó solapado en un disfraz, pero en marzo de 1946 fue capturado por los ingleses y conducido a Nüremberg y posteriormente a la prisión de Cracovia, Polonia, donde escribió sus memorias, mientras esperaba a ser juzgado.
Su proceso concluyó el 2 de abril de 1947, cuando se le condenó a muerte. La condena se cumplió poco después en Auschwitz, donde años antes se había desempeñado como comandante.

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