Una estructura en espiral

Según el autor, con Stoker, el director surcoreano Park Chan-wook incursiona en el cine estadounidense manteniendo intactas las premisas que caracterizan su obra precedente.
martes, 22 de octubre de 2013 · 11:16
Luis M. Álvarez
Si aludimos a la interpretación que los miembros de la nouvelle vague hacían del cine de autor, está claro que podemos aludir al cineasta surcoreano Park Chan-wook como un auténtico autor capaz de trascender las fronteras de su país para desarrollar una nueva y plena etapa en el cine de EEUU, conservando intactas tanto las premisas temáticas por las que se mueve su obra, como la peculiaridad estética de todas y cada una de sus películas.
Su trayectoria cinematográfica ha sido impecable hasta la fecha, consiguiendo premios internacionales por títulos como Sympathy for Mr. Vengeance, Oldboy, Lady Vengance o Thrist. Con el estreno de Stoker, no sólo consigue un mero aprobado, sino un merecido notable muy alto.
Mucho se había especulado con las posibles alusiones al cine de Alfred Hitchcock, que se hacen evidentes en el momento en que es presentado el tío Charlie, en alusión inequívoca al personaje que Joseph Cotten interpretaba en Shadow of a doubt, así como a otros títulos del mago del suspense, como Psycho. 
Pero Park Chan-wook se cuida mucho de seguir la misma senda que el cineasta británico, dado que tan sólo utiliza esas convenciones para despistar, para dirigir nuestra mirada por donde le place, consiguiendo así un impacto emocional mucho mayor que si se ciñera al mero homenaje de Hitchcock.
Chan-wook aprovecha muy bien esa estructura en espiral que desarrolla en Stoker, cuando comienza su película en un punto al que le damos una interpretación concreta, para vapulearnos emocionalmente a lo largo de un relato salpicado de saltos temporales, y devolvernos a ese mismo punto, al que después le damos una interpretación completamente diferente, a pesar de incidir sobre el mismo texto y las mismas imágenes.
Me es difícil comentar el filme sin desvelar esos giros dramáticos, así que me limitaré a destacar las bondades de un filme completamente logrado estéticamente. La fabulosa fotografía de su colaborador habitual, Chung Ghung-hoon, consigue tener la apariencia fría que también tiene la fachada de los personajes, pero con ese fondo cálido, que se presume en todos y cada uno de ellos, como emocionalmente, con la espléndida banda sonora de Clint Mansell.
Todo el reparto de la película está igualmente espectacular. Si Mia Wasikowska se maneja como pez en el agua en este retorcido universo emocional de Park Chan-wook, Nicole Kidman recupera buena parte de su flexibilidad facial y expresiva, porque consigue hacer que su personaje despierte el mismo rechazo o ternura, en un momento dado. 
La interpretación de Matthew Goode resulta doblemente impecable, tanto para los de dentro del relato, como para los de fuera. Y, desde luego, toda la colección de actores y actrices de reparto, encabezados por la magnífica Jacki Weaver, consiguen hacer de Stoker una obra tan impecable como sorprendente.
Presumo que Stoker ganará mucho en posteriores visionados, cuando ya conocemos las razones de cada uno de los personajes para comportarse como lo hacen. Lo más fascinante de la película es esa sensación contradictoria entre lo que pensamos que está pasando y lo que descubrimos finalmente que sucede. 
Un relato sin concesiones, casi sin demasiadas explicaciones o con las justas, que si por un lado te hiela la sangre, por otro lado consigue fascinarte. Sensaciones habituales en el cine de Park Chan-wook que ha sabido llevar a su terreno ese guión original de Wentworth Miller haciendo una película en la misma línea de Sympathy for Mr. Vengeance y Oldboy. No tan intensa ni estupenda, pero igual de sabrosa y emocionante. Y que sirve como aperitivo perfecto para todo lo que nos depare esta nueva etapa de Park Chan-wook en el cine estadounidense. (Extracine)

Valorar noticia

Comentarios

Otras Noticias