“Así nomás haremos, vivamos a medias”

viernes, 25 de octubre de 2013 · 14:14
En esa época no vivía en La Paz, pero mis hijos sí (dura experiencia, que la dejaremos sólo en el block de notas de mi psicólogo, por esta vez). Durante una de las frecuentes visitas que hacía, ellos quisieron evidenciar las bondades que, durante mi ausencia, había logrado su ciudad natal; y para ello me llevaron al recién estrenado Megacenter.
Las salas de cine nuevecitas, limpitas, amplias, modernas y con esas pantallas y sonido de gran calidad merecían la pena el esfuerzo de la visita.  Pero todo lo demás, todo, aún estaba a medio acabar. Las gradas en obra (re)gruesa, las paredes externas sin revocar, las áreas  de estacionamiento en proceso de ser terminadas, espacios con arena y el polvillo del cemento y el estuco que se metía por tus fosas nasales sin remedio.
Primero me dio una de esas alergias que lo convierten a uno en un ser acuoso de ojos llorosos y narices rojas; después,  la humedad fría de las paredes en proceso de secado calaron  mis huesos, todos, sin excepción. Total que la visita resultó a medias placentera, porque "a medias” estaba también la construcción, a medias el servicio, a medias todo.
Más o menos como cuando llegan los invitados y una aún está pelando las papas, con los pelos a medias agarrados por un pañuelo y las pantuflas más gastadas. Así recibió el nuevo centro ferial paceño a todos los  visitantes de la Feria del Libro. Con la estructura a medias, como un campamento de construcción con parches en todos lados y huecos que nos dejan ver todo lo que falta aún por hacer.
Claro que los stands fueron armados con cuidado y cariño y, así, uno pudo revisar libros a gusto, si llevaba una buena caja de pañuelitos de papel para combatir las alergias al polvo, un par de chompas y mantitas para evitar sufrir las corrientes de aire que se filtraban entre las paredes inconclusas. Que el cielo no mande lluvia porque sin ventanas será casi imposible resguardar los libros (que están hechos de papel) del deterioro.
Al visitante se le recomendó caminar con cuidado, no vaya a ser que tropezara con esas bolsas de cemento que dejan como si fueran parte de una instalación artística; y debía  llevar zapatos gruesos, pues uno de los clavos que fácilmente uno halla en las esquinas con poco esfuerzo se podía haber  ensartado en plena planta del pie.
Es curioso, empero, que las autoridades ediles otorguen las licencias de funcionamiento y aseguren que esas edificaciones -aún en construcción- son inocuas para el público. Pareciera que  se replica, en el espacio público, la costumbre familiar de pasarse a la casa recién construida cuando  aún se debe poner los catres sobre el cemento pelado, no hay ni un  mueble de baño, la cocina está únicamente compuesta por las hornillas y un lavaplatos solitario, y la entrada se hace un barrial de escombros y tierra.
Con todo,  el evento seguramente será un éxito, sin importar si el centro ferial esté  o no terminado. Así como pasó con todos los paceños que visitaban el "Mega”  a medias.  Ojalá, no haya ningún percance que deje a alguien lastimado. Sucede que, normalmente, cuando una construcción se halla en proceso, existen riesgos mayores para las personas que lo visitan y si, además, son muchos los visitantes la cosa pinta peor.
Y si la autoridad no dice nada, los usuarios que pagan boleto, que ponen en riesgo su integridad física
 (y de verdad que no estoy exagerando) podrían reclamar o negarse a que las cosas sigan siendo "así nomás” y exigir que nos entreguen las cosas completas y no a medias. Debiéramos tener la capacidad de empoderarnos como usuarios, ciudadanos y dejar de aceptar que disfrutemos de las cosas en espacios que nos desmerecen.
Somos cómplices si aceptamos disfrutar de los espacios y de los servicios cuando no han sido culminados.
No deberíamos ser convencidos con explicaciones y disculpas y menos cuando  las autoridades derivan la responsabilidad a otros:  el contratista, el constructor, el albañil, el pintor, etcétera. Si otros fallan, la autoridad está llamada a precautelar la dignidad y la integridad de los usuarios, de manera que no hay manera de hacerse "a un ladito”.

Pero en especial,  nosotros, los usuarios,  deberíamos tener la valentía de castigar estos proyectos, a medias, con una ausencia dignificante y evitar esta penosa presencia, también, a medias.

No debieran convencernos con disculpas y menos cuando  las autoridades derivan la culpa a otros.

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