Aventura musical en Asia

Félix Arturo Rodríguez Conde cuenta la aventura que lo llevó a China y Japón. Al ser parte del grupo Wara, que tocó en esos países, comprobó que la música rompe las fronteras lingüísticas.
viernes, 4 de octubre de 2013 · 10:44
Gracias a la música tuve la bendición de poder viajar a varios países en diferentes continentes, como  Francia, Bélgica, España, Estados Unidos, Ecuador, Colombia, Brasil, por mencionar algunos. 
Aunque cada viaje tiene su peculiaridad y su encanto, en esta ocasión relataré el  que realicé al ser integrante de la agrupación boliviana Wara hacia el continente asiático, específicamente a China y Japón en 2010.
Todo comenzó con los preparativos de los conciertos en esos dos países. Cuando todo estaba listo y con todo nuestro itinerario definido, emprendimos el viaje; primero partimos del aeropuerto de El Alto hacia Santa Cruz, de donde tomamos el vuelo con el que iniciamos nuestra aventura.
Pero el viaje tenía escalas programadas en ciudades de Norteamérica, como Miami y Chicago. El itinerario de la ida era muy ajustado y por la demora del vuelo que nos llevó a Miami perdimos la conexión a Chicago. Así, por suerte, nos quedamos un día en Miami. Allá disfrutamos de las playas gracias a Jorge Mendoza, un amigo del grupo que vive en esa ciudad y fue nuestro guía en la breve estadía. Pasamos el 4 de julio en tierras norteamericanas. 
Luego de esa breve pero emocionante estadía en Miami, partimos hacia Chicago, ciudad de la cual quería conocer aunque sólo su aeropuerto, donde abordamos la última conexión hacia China.
Llegamos a Beijing. La primera impresión que tuve fue de asombro; quedé maravillado con la arquitectura del aeropuerto. Además llegamos a una hora en la que casi estaba vacío. Allá nos recibió el embajador de Bolivia en China junto con su familia y personal de la embajada. 
Todos ellos nos trataron muy cordialmente durante nuestra estadía en la capital china y nos alojaron en un hotel de primera. Además de los conciertos organizados (uno en el Conservatorio de Música de Beijing), también nos prepararon visitas a diferentes lugares turísticos y de gran riqueza cultural, como  la Gran Muralla China. 
En ese monumento espectacular lo más emocionante fue tocar una tarkeada vestidos con nuestros ponchos y lluchus.
Luego visitamos la Ciudad Prohibida. Caminar por esos lugares llenos de historia y misticismo, que solamente había visto en películas, documentales y fotografías, fue una experiencia única.
Después de Beijing pasamos a Shanghái. Allá nos esperaban en la Feria Mundial de Shanghái, en  la que Bolivia también participaba. 
El contraste fue impresionante pues vimos una ciudad ultramoderna con una arquitectura muy bien organizada. Como decían todos, es una ciudad nueva que está en pleno desarrollo. Lo más gratificante fue compartir nuestra música con los diferentes países que participaban también en la feria.
Una de las cosas que nos tenía un poco preocupados del viaje a China fue la comida, ya que a uno de nosotros le comentaron que la comida no era muy agradable, incluso le dijeron que se comían perros y gatos.
Pero grata fue nuestra sorpresa al conocer la gran cultura culinaria que tiene el país asiático. Todo era muy sabroso, por lo menos la comida que yo probé. Para alguna ocasión, también existía McDonald’s y Kentucky Fried Chicken (KFC).
Nuestra estadía en China terminó y nos fuimos para Japón, donde teníamos tres conciertos en las ciudades de Nagoya y Tokio.
Japón es un país que tenía muchas ganas de visitar desde hace mucho tiempo. La oportunidad se dio y fue una experiencia maravillosa. La gente era muy cordial y educada; la comida muy interesante y sabrosa; y también había McDonald’s y KFC.
Quedé maravillado con la cultura japonesa. Todo lo que veía en las películas y animes, sobre cómo es el japonés, era cierto. Japón, al igual que China, está en la vanguardia tecnológica; todo ello se puede apreciar al caminar por sus calles.
La organización de nuestros conciertos en Japón fue tan meticulosa que tenían todo el repertorio que tocamos bien armado, además de los tiempos que debería tomar todo; fue una organización fenomenal y ni qué decir de la prueba de sonido, todos eran unos profesionales: el sonidista y sus ayudantes, los encargados de las luces y el escenario.
Nos fuimos de paseo por las ciudades, fuimos a los sectores más comerciales, donde se vendía de todo, desde ropa hasta computadoras, celulares de última generación y muchas cosas más. Conocimos estos lugares gracias a Yuna, una amiga música japonesa, enamorada de nuestro folklore, que nos guió cuando estábamos en Nagoya.
En Tokio, donde fueron los últimos conciertos de la gira, se realizó una despedida al grupo que retornaba a Bolivia. Fue una fiesta tan bien organizada, en un local muy típico japonés, que se tenía la hora de inicio y la de la finalización, las cuales todos respetamos.
Los miembros de la empresa organizadora de los conciertos, los amigos invitados y los integrantes del grupo, compartimos comida y bebida; fue toda una maratón con límite de tiempo. Fue una experiencia muy linda con gente que llegue a apreciar en ese corto tiempo que duró la gira en Japón además de los amigos que alguna vez nos visitaron por acá.
Todas nuestras actuaciones fueron muy bien apreciadas por el público chino y japonés, lo que nos sorprendió muchísimo; a pesar de la barrera del idioma la gente disfrutó de nuestra música. Espero pronto volver por esos lugares. Un cordial abrazo a toda la gente de por ahí.

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